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Uribe, entre el sol y la sombra

Pocas veces desde su llegada al poder el presidente Álvaro Uribe había enfrentado una semana con mensajes tan contradictorios y tan trascendentales como la que termina.

10 de junio 2007 , 12:00 a.m.

El mismo día en que el mandatario recibía un gran espaldarazo de los países más industrializados del mundo se enfrentaba a duras recriminaciones por parte de congresistas demócratas y ONG de derechos humanos en Washington.

En Alemania, los líderes de los países del G-8 reconocieron como “valiente” la decisión del presidente Uribe de liberar un grupo de guerrilleros de las Farc presos, entre ellos Rodrigo Granda, y le pidieron a la guerrilla responder con reciprocidad a ese acto unilateral de buena voluntad.

Claro, el papel del presidente Nicolás Sarkozy fue fundamental para que esa declaración fuera un hecho. Pero no era para menos pues tras la propuesta inicial de Uribe, el mandatario francés le pidió a Uribe que liberara a Granda y asumió así, en buena medida, la responsabilidad por el éxito que pueda llegar a tener la audaz jugada.

Vale la pena recordar que tanto para E.U. como para Francia, Inglaterra, Italia y Alemania, Granda pertenece a una organización terrorista con la que el gobierno colombiano no tiene ningún tipo de interlocución y menos de negociación. Es decir, que no solo no tiene precedentes ese respaldo sino que es bastante osado.

El mismo día, pero en Washington, Uribe iba de oficina en oficina defendiendo los resultados de su gobierno en términos de reducción de la violencia pero se encontraba con un muro demócrata al que no le convencen las cifras que recita el mandatario.

“Tres veces puede venir el presidente y tres veces le diremos ‘derechos humanos, derechos humanos, derechos humanos’”, dijo un congresista mientras otro que se catalogó como sindicalista insistió: “Quieren premiar a Colombia dándole un TLC...Permítanme decirlo, con algo de ironía: ¡sólo sobre mi cadáver!”.

Y a eso se sumó una carta de varios pesos pesados del Congreso, entre ellos el candidato demócrata a la presidencia Barack Obama, en la que, entre otras cosas, criticaron a Uribe por no haber extraditado a ningún jefe ‘para’ a pesar de que, dicen ellos, hay pruebas de que algunos siguen delinquiendo desde la cárcel.

Esos dos frentes internacionales reflejan en buena medida lo que está sucediendo en Colombia: un presidente que logró resultados sin precedentes en el campo de la seguridad pero está inmerso en una crisis política por culpa de aliados con vínculos con criminales, se niega a entrar en el juego de las Farc y trata de acorralarlas políticamente.