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Casas extremas hechas en Colombia EL HUÉSPED ELIGE EN QUÉ PUNTO DEL RÍO AMAZONAS DUERME Así s

09 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Dos proyectos que parecen inconcebibles son una realidad producto del ingenio de Jean Claude Bessudo, presidente de Aviatur, quien concibió este par de obras luego de preguntarse: “¿Qué me gustaría disfrutar si estuviera aquí?” La casa en el ‘aire’, ubicada en el Parque Tayrona, surgió de la renovación de diez ecohabs (habitaciones ecológicas) basadas en la arquitectura kogui, donde las construcciones son redondas. Hasta hace dos años eran chozas infestadas de camarotes, murciélagos y culebras,no había luz después de las 6 de la tarde y, en realidad, el comején no había dejado mucho para remodelar. Apenas se salvó parte de la estructura.

Hoy cada casa está compuesta por dos ambientes de descanso absoluto, donde la habitación se sostiene sobre varas de madera, lo que permite disfrutar, aún más, de la vista sobre el mar caribe. Un grupo de ventanas de madera delimitan un círculo de aire que –coronado por un cono de palma tejida– se convierte en habitación. El mobiliario se limita a una cama, lámparas, un par de sillas y hamacas. El tapete es un espiral de cabuya. Un televisor LCD y el sistema de ultrasonido para ahuyentar a los murciélagos son los únicos elementos electrónicos en este lugar que impacta por su sencillez y por el resto de la decoración que va por cuenta de la naturaleza.

Debajo de la habitación hay un comedor sencillo rodeado de cojines y hamacas. También está el baño donde todo es en vidrio, a excepción de las paredes y el sanitario.

La altura del techo, la palma y la brisa del mar se combinan para lograr una temperatura ideal que hace innecesario el aire acondicionado. En el 2005 contaron 15.000 ingresos al Parque Tayrona. Solo en enero pasado, después de la remodelación, recibieron 62.000 visitantes en el Parque y conseguir una reservación es casi una lotería.

Vea más fotos e información en www.eltiempo.com/vivienda A dos horas de Leticia, dos motores y el ingenio de Jean Claude Bessudo fueron suficientes para mover la terraza, el comedor, el bar, la cocina, los balcones y la habitación con baño.

Con la dotación necesaria de energía eléctrica, un panel solar y todas las instalaciones hidráulicas, esta vivienda acoge turistas en busca del silencio y la belleza de la región amazónica sin perder la comodidad de su hogar.

Inspirados en la arquitectura regional y luego de seis meses de trabajo con las más duras maderas nativas se logró una construcción resistente al agua y a la intemperie. Doce troncos de árbol de Cayagua –de 11 metros de largo por 1,2 de ancho– conforman la balsa que sostiene el peso total y hacen las veces de cimentación para las obras en tierra.

Ya en el primer piso, fabricado en Quinina, están el comedor, el bar, la cocina y la terraza para recibir la visita de los delfines rosados del río Amacayacú. También está el timón que dirige un experto motorista, con un equipo de posicionamiento global (GPS), sonar y radar, a los que se suma un teléfono satelital, aunque también llega señal de celular. En la segunda planta sobresale la habitación enmarcada por grandes ventanales corredizos, donde el vidrio se cambió por una malla imperceptible que detiene los insectos, sin obstaculizar la vista sobre el mar de agua dulce que parece no tener fin. Luego está el baño, recubierto de tabletas de pizarra en la ducha, con moderno mobiliario. Estos ambientes están rodeados por una franja de balcones 'inundados' de hamacas. Cuando la casa se pone en marcha, desde allí se ve cómo pasan el esplendor de la selva y de quienes están en tierra.