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Fútbol, lúdica y diversión para volver a la vida civil

La primera vez que Pedro* oyó los sonidos del estadio El Campín en un partido de fútbol, sintió que estaba haciendo un gran descubrimiento. “Me dio una emoción como rara, por oír tantas voces gritando de alegría”, cuenta.

09 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Este joven de 19 años, nacido en el Caquetá, es un reinsertado. Durante cinco años hizo parte de las Farc, hasta que decidió acogerse, hace casi dos meses, al programa de reinserción del Gobierno Nacional.

Cuando llegó a Bogotá fue llevado a una casa en la que viven personas que han dejado los grupos al margen de la ley. Allí se encontró con gente como él que buscaba una nueva oportunidad.

Y también con un montón de actividades que le facilitan su reinserción.

Entre ellas, ir a fútbol con el resto de hombres de la casa, a cine, a museos, a parques distritales, a clases de yoga, y talleres de pintura y teatro. Todo gracias a un programa que organizó el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD) para colaborar con su readaptación a la vida civil.

Carmen*, de 24 años, también tiene planes gracias al mismo programa. Durante nueve años hizo parte de un grupo subversivo, del que se escapó hace tres meses. Afirma que más allá de la vida guerrillera y del monte, del resto conocía “bien poquito”.

Ahora, dice con entusiasmo, “ya sé cómo son los museos. Y en los talleres de pintura he aprendido a hacerme dibujos en la cara”.

Se pinta flores y estrellas de colores. Con esos dibujos sale a la calle “tranquila, porque así, cambiada, nadie me va a reconocer”.

Y otro al que no le falta qué hacer cada día es a Alejandro*, de 7 años, quien además de talleres de dibujo y de origami, asiste a clases de teatro por las mañanas.

En el escenario de ese teatro el niño, que llegó a Bogotá con su mamá, ex integrante de un grupo guerrillero, y sus dos hermanas mayores, ha ido perdiendo el miedo. Ahora sueña con convertirse en cantante.

Para Gabriela Cardona, trabajadora social del Ministerio de Defensa, y Lucy Rengifo, coordinadora del programa por parte del IDRD, todo empieza con darles a conocer la oferta y animarlos a hacer parte de los distintos talleres.

“Los adultos tienen actividades dos veces por semana, y los niños, casi todos los días. Con los talleres se van dando cuenta de sus habilidades y nosotros tratamos de apoyarlos para que continúen aprendiendo”, dice Cardona.

Alfonso Cocuy, director de una de las casas donde viven estas personas reinsertadas, manifiesta que el cambio en ellos se ve después de la primera salida a alguna actividad.

“Por lo general, en los alojamientos hay personas que vienen de distintos grupos al margen de la ley, son desconfiados y hablan poco, por tratarse de un grupo tan heterogéneo. Pero después de ir a un encuentro de fútbol, y de tomar partido por algún equipo, al volver a la casa tienen otro tema de conversación diferente a la guerra”.

Cocuy agrega que, incluso cuando hablan con gente de la calle mejoran su actitud.

Para José Tapias, director del IDRD, hay otro aspecto importante: “Que los reinsertados se apropien de la ciudad, la conozcan, la vivan a través de las salidas. Pero lo más importante es lograr que les guste practicar algún deporte, porque eso, en mi opinión, los libera”.

Pedro, además de gritar en El Campín, ya hace parte de uno de los equipos de microfútbol de la casa donde vive. “Y jugamos partiditos casi todos los días”, cuenta. Una lucha, a la manera de cada uno de los reinsertados, pero sin armas”.

* Nombres cambiados para preservar la identidad de los entrevistados.

CAMBIO DE VIDA Me pinto flores y estrellas de colores den la cara. Con esos dibujos salgo a la calle tranquila, porque nadie me va a reconocer”.

Carmen*, reinsertada de un grupo subversivo.