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Ajustes a la estrategia

Los colombianos nos preguntamos, a lo mejor ingenuamente, porqué el Congreso de Estados Unidos no aprueba el Tratado de Libre Comercio y nos parece una injusticia, porque asumimos de entrada que hemos dado pruebas contundentes de ser los aliados del imperio y no merecemos ese trato.

08 de junio 2007 , 12:00 a.m.

No es el momento de entrar a evaluar la veracidad de esas afirmaciones, pero sí debemos reconocer que desafortunadamente nuestra acción frente a ese país se ha reducido a buscar la ayuda para atender los problemas de violencia y narcotráfico y muy poco en el frente comercial. Eso es tan así, que el colombiano más reconocido allá se llama el ex general Rosso José Serrano. El cabildeo en estos temas hay que aceptar que ha sido efectivo.

Las preferencias arancelarias, primero del Atpa a comienzos de los noventa y luego el Atpdea en los últimos años, se ajustan a ese modelo de ‘seguridad’ y fueron una concesión (que no implicó una negociación) unilateral por parte del gobierno de Estados Unidos.

EL TLC es un asunto distinto que debe enfrentar varios tópicos, de los cuales merecen destacarse dos: una realidad política que nadie puede desconocer, cual es la mayoría demócrata, cuya ‘venganza’ parece ser la constante después de 12 años de estar excluidos y no haber podido tomar decisión alguna por ser minoría. Y desafortunadamente, nuestro país quedó en el medio porque decidimos estar al lado de los republicanos. Ahora debemos pagar el precio, no porque seamos excluidos, ni ‘parias’ como exageradamente se ha referido el presidente Uribe.

En los Estados Unidos y en el mundo desarrollado hay una ola antiglobalizadora desde hace varios años que hoy está pesando mucho en las decisiones de los electores. Grandes teóricos como el Nobel J. Stiglitz o P.

Krugman han logrado permear en la opinión de la gente y demostrar teóricamente que el modelo de libre mercado acarrea problemas para los trabajadores. En el caso de Estados Unidos, las inversiones de empresas en otros países supuestamente atenta contra el empleo.

No de otra manera, se explica que Al Gore tenga posibilidades de llegar a la Casa Blanca con un discurso, cuyo tema central no es la guerra de Irak, sino la protección del medio ambiente.

Ante esa realidad que se debe aceptar, el dilema de nuestro país no puede reducirse a ¡TLC o no TLC!, como algunos quieren hacerlo aparecer sugiriendo que el futuro está ligado al desastre.

Lo que sí parece obvio es que esta experiencia sirva para definir una estrategia de lobbying permanente que es mucho más que pagar 100.000 dólares mensuales a una firma para que consiga citas.

Empresario exportador .

"La experiencia del TLC debe llevar a montar una estrategia clara de cabildeo en Estados Unidos con visión de largo plazo.