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El ‘best-seller’ de un ‘Don Nadie’

Cuando vino a Bogotá, hace unos días, el argentino Patricio Sturlesse, de 34 años, todavía se maravillaba ante su nueva vida de celebridad naciente. Su libro, El inquisidor, una novela de misterio que ocurre a finales del siglo XVI, se volvió best-seller y le cambió la vida.

08 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Que lo publicaran fue su primera sorpresa. Que lo hiciera Mondadori, la segunda. El resto ha sido un camino de asombro: el libro se tradujo a varios idiomas y fue lanzado en Alemania e Italia. Luego llegaron las giras de promoción que lo trajeron hasta Colombia.

El libro es la primera noticia suya… Ocurre que nadie me conoce y de repente encuentran un best-seller escrito por un ‘Don Nadie’. Lo primero que hace la gente es clasificarme. Me empieza a preguntar y yo respondo con lo único que tengo, es mi pasado. Explico que hoy soy escritor profesional y que antes era jardinero.

¿Jardinero? Pasé de barrer hojas a las giras por países. Ese es mi currículo. No soy hijo de literato ni soy periodista ni tengo amigos en el medio. Y al no tenerlos, soy más vulnerable a los ataques de la prensa. Una nota me puede despanzurrar tranquilamente, sin leer el libro, porque saben que soy un ‘Don Nadie’.

¿Y lo han despanzurrado ya? Varias veces, desde enero. Me dicen que el libro está pésimo, que el best-seller no es cultura. Preguntan: ¿Por qué te metiste en esa moda de sacrothriller de Dan Brown? Y no lo han leído. Resulta que lo escribí antes y, como antes barría hojas, no sabía nada del mundo literario.

¿Cómo era esa vida? Si llovía, me mojaba; si hacía sol, transpiraba –lo bueno era estar con la naturaleza– y estudiaba teología. Hay una materia, la teodicea, en la que se busca a Dios a través de la naturaleza y yo estaba frente a todo eso.

¿Cómo nació el libro? Tengo familia en Italia, acompañaba a mi abuela allá. Desde Génova agarraba la mochila y salía. En Roma encontré una estatua de Giordano Bruno, dominico, panteísta, hereje italiano del siglo XVI. Después me regalaron el libro La última confesión, de Morris West. El libro, la estatua y la teología inspiraron El Inquisidor. Salió de un acto privado, no de especulación editorial.

¿Qué lo llevó a presentarlo? Para escribir, necesité inspiración. Después dije: Bueno, lo tengo en mi casa, ¿Qué hago? Este libro puede alimentar polillas en un cajón o puedo ver qué pasa. Aspiraba a 200 libros. Por eso, cuando me dicen que la cultura viene en poca tirada y que el best-seller es otra cosa, recuerdo lo que aspiraba y que ahora se venden 6.000. Quien tenga el prejuicio del best-seller, que le arranque las tapas y lo lea.

¿Cuál es el prejuicio con su libro? Lo acusan de ser anti-iglesia, porque estamos en esa moda. Pero no lo es.

No quiero vender un libro para hacer escándalo con la Iglesia. Si el libro es bueno, tiene que flotar por sus valores literarios.

EL LIBRO El Necronomicón, libro inexistente inventado por el escritor Howard Phillips Lovecraft, es el misterio que persiguen los personajes de ‘El Inquisidor’. En la novela, el inquisidor de Liguria, Angelo Demetrio De Grasso, recibe la misión de encontrar este libro para entregarlo a la Iglesia antes de que caiga en manos del Gran Maestre de los Brujos o de la Corpus Carus, organización secreta. Sturlesse afirma que la presencia del Necronomicón en su historia es tan solo un guiño literario. “El libro es un invento de Lovecraft, autor escabroso de novelas de terror. El nombre me gustó y además tiene misterio”.