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Los mejores inventores del 2007

En dos laboratorios de la Universidad de Antioquia, cinco personas se dedican a cuidar de un hongo medicinal que podría convertirse en una ‘mina de oro’ para la industria colombiana. Llevan control hasta de la cantidad y calidad de la luz, pues aun el menor detalle cuenta para que el hongo, llamado Ganoderma lucidum, crezca más rápido y se pueda aprovechar para fabricar productos terapéuticos, alimenticios y cosméticos a gran escala.

07 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Tanta minuciosidad del equipo de Biotecnología Vegetal le valió el premio bienal Ramiro Castro al Inventor 2007, el primero que realiza la firma Brigard & Castro, desde 1996 cuando fue suspendido.

El grupo, coordinado por la doctora Lucía Atehortúa, fue capaz de acelerar la producción a niveles industriales de este hongo, reconocido en el mundo científico por su potencial para paliar diversos tipos de cáncer, tumores, tensión alta, defensas bajas y envejecimiento.

“En un futuro quisiéramos que la industria nacional produjera productos a base de hongos comestibles y medicinales como este”, explica Paola Zapata, química farmacéutica y magíster en Biología e integrante del grupo de investigación.

“Las áreas beneficiadas pueden ser la cosmética, la alimenticia y la fitoterapéutica, entre otras, porque esos hongos tienen diversas aplicaciones”, agrega la investigadora.

El premio que recibirán esta noche en Bogotá es el trámite de una patente nacional, que puede tardar tres años, y costar tres millones de pesos.

En otros laboratorios que estudian el mismo hongo, la cantidad de biomasa que se produce oscila entre unos 17 y 25 gramos por cada litro de medio de cultivo (donde crece el hongo). El costo es de unos 9 mil a 13 mil pesos por cada litro.

“En nuestro laboratorio se aumentó la producción a 30 gramos por litro, en un medio que cuesta alrededor de 450 pesos”, dice Zapata.

Según Carlos Humberto Palacio, vocero de Brigard & Castro, la convocatoria de este año sorprendió a los jurados por su alta calidad.

“La mayoría de los 66 trabajos que recibimos eran de altísima calidad, equiparable a cualquier grupo de investigación del mundo. Es un medidor de cómo está la investigación en Colombia”, asegura.

EN PETRÓLEO Y CUERO TAMBIÉN SON ‘PILOS’.

El segundo lugar del concurso se lo llevó Alejandro Amadeus Castro, ingeniero químico de la Universidad Nacional, con 28 años y desempleado.

Este inventor encontró una solución a un problema ambiental de la producción de cueros: los residuos tóxicos, que incluyen el peligroso cromo, capaz de causar intoxicaciones, cáncer y mutaciones.

Su desarrollo consiste en aplicar un proceso químico a los residuos para usarlos como pintura arquitectónica. Del proceso resulta otra sustancia, que se reutilizaría en la producción de cuero.

El tercer lugar fue para el ingeniero de petróleos Luis Arpidio Niño, quien diseñó una bomba para aprovechar mejor la extracción de petróleo en pozos que ya perdieron su capacidad de producción.