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Las grandes historias de jóvenes muy especiales

Libreta y cámara fotográfica en mano, la meta era buscar casos especiales que ilustraran lo que pasa desde hace dos días en Compensar con ocasión de la II Olimpiada Iberoamericana de Fides.

06 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Como si para vibrar con los niños de Atlántico que compitieron con el alma en natación o para gritar los goles de Ecuador y Fútbol 5 de Bogotá o para hacer fuerza para que los niños de Antioquia le dieran más duro a la bola de tenis, se necesitara de esos instrumentos periodísticos.

Tras caminar por el festival de uniformes, caras amables y camaradería que se percibe en este lugar, la conclusión es solo una: allí no hay una, sino 2.000 historias para contar.

Ese es el número de niños y jóvenes provenientes de todos los departamentos de Colombia y de once países más, que están reunidos en su olimpiada especial.

Todos tienen algún tipo de discapacidad cognitiva. Para muchos es la primera oportunidad de salir de casa sin los papás; para otros, la única forma de ganar un aplauso o reconocimiento, y para todos el gran reto de mostrar que, a pesar de la ceguera de los demás, ellos son, en verdad, los seres más especiales.

Goleador y carpintero.

Tímido, pero alegre el ecuatoriano Pablo Burbano muestra el frenillo al saludar. A sus 25 años es el goleador del equipo de fútbol de su país y luce orgulloso la número 7. “Ya hice dos goles”, dice, y agrega que todos los días juega fútbol en Quito. Eso, claro, cuando no está puliendo muebles en la carpintería en la que trabaja y a la que llegó tras salir de la Fundación Eina de Ecuador, que apoya a niños especiales. No solo por sus goles, sino por su actitud y superación, Pablo es un ejemplo para los muchachos de su país.

La nadadora.

A pesar de su afición por la natación, no es común ver a Michella Maury con el pelo mojado. Y menos si le van a hacer una foto. Pero así venía esta joven barranquillera de 25 años –que en su carné luce el pelo perfectamente arreglado– y que dejaba la piscina con cara de tristeza. “Es que quedó de segunda”, dice Norma Carreño, de la delegación departamental.

La sonrisa regresó a la cara de Michella cuando recordó que en el 2005 fue Campeona Iberoamericana, que su mamá la vino a acompañar desde Barranquilla y que se iba a encontrar con sus amigos de la delegación del Huila.

“Ya estoy feliz, es que competir en la altura es más difícil”, agregó.

Maestro de taekwondo.

Al cuadrarse para la foto, Alberto Ortegón fue el primero en agarrar la bandera de México. Él juega en el mediocampo de un equipo que en el 2005 fue campeón de la Olimpiada Fides. Pero no es la única disciplina que este joven de 24 años practica. Hace 10 años es maestro de taekwondo de niños de 4 a 13 años que no tienen discapacidad cognitiva.

“No soy bravo, pero sí estricto”, dice riendo, mientras corre a formarse con los muchachos de su equipo que atienden una entrevista de televisión.