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Resbalones que no se deben dejar pasar

En la adultez mayor, estos accidentes hay que tomarlos en serio, pues no solo limitan la vida, sino que pueden indicar la presencia de otras patologías. Uno de cada tres mayores de 60 años se caerá al menos una vez en el año. De ellos, a un tercio le pasará otra vez. El 10 por ciento quedará con lesiones serias como fracturas, esguinces, traumatismos o heridas.

06 de junio 2007 , 12:00 a.m.

“Yo soy de esos que se cae”, advierte Carmen del Villar, de 80 años, quien en el 2006 y en apenas cuatro meses se desplomó tres veces. “Siempre pensé que se debía a la artrosis de mi rodilla que apenas me deja caminar y me resignaba, pero era raro porque yo siempre he andado con cuidado por lo mismo. Hasta que hace poco me encontraron cataratas, me operé y no me ha vuelto a pasar nada”.

Afortunadamente, Carmen se paró las tres veces solo con magulladuras y el susto.

Lo que no es menor, pues las caídas provocan daños físicos, pero también afectan la esfera sicológica (inseguridad). “Ambos factores empiezan a restringir la movilidad, lo que a su vez va desacondicionando a la persona y, paradójicamente, aumentando el riesgo de volver a caer”, afirma la geriatra de la Clínica Santa María, Gisela González.

Un círculo vicioso al que la gente, al parecer, le teme.

En un estudio en un consultorio de La Reina (Chile), que abarcó a más de 200 mayores de 65 años que no tenían trastornos cognitivos ni postración, González advirtió preliminarmente que el 56 por ciento sentía temor a caer, algunos incluso sin haber vivido la experiencia.

Haberse caído en la tercera edad, por lo tanto, no es el único factor asociado a este temor; también lo es haber conocido otros casos de gente que tropezó y con consecuencias importantes, sentirse inestables al caminar, así como vivenciar estrés o ciertos elementos depresivos.

Datos que sirven para tomar en serio el problema y para que tanto el personal de salud, como las personas busquen prevenir.

Nunca son normales Con el envejecimiento van ocurriendo cambios degenerativos que, sin que necesariamente constituyan enfermedad, van alterando los sistemas vinculados al control del equilibrio y a los mecanismos de compensación postural, dice la geriatra. Por ejemplo, “si tropiezo, mi cuerpo tiende a irse para adelante, pero automáticamente los músculos de la espalda se contraen, el brazo se estira, me agarro y evito caerme. Esa capacidad de respuesta frente a un cambio brusco de posición puede ser menos eficiente en las personas mayores”.

Es lo que se llama la sensibilidad propioceptiva y táctil. Escenario que además se ve agravado por otros problemas que a menudo están presentes en la adultez mayor y que a veces afectan el estado de alerta.

Pese a ello, aclara la profesional, las caídas nunca son normales. La recomendación es que consulten al médico quienes se han desplomado dos o más veces en un año.

Es que estas caídas no sólo pueden estar reflejando la presencia de alguna enfermedad de fondo que es tratable, sino que el solo hecho de caerse eleva la probabilidad de nuevos porrazos y de dañar la calidad de vida.

TRES PASOS BÁSICOS 1. Hacer ejercicio. Mejora el rango articular (por ejemplo, estirar las rodillas), la fuerza muscular y la capacidad aeróbica. Al menos 20 minutos diarios de caminata o gimnasia. Asimismo, el Tai-Chi mejora el equilibrio.

Si se tiene problemas con la marcha o ha sufrido caídas se sugiere una evaluación médica previa.

2. Adecuar el ambiente. Tener barras de sujeción en el baño, pisos antideslizantes, alfombras con goma adherente, buena iluminación, interruptores de fácil acceso, barandas y muebles en buen estado. Mantener en el clóset las cosas que más usa al alcance del brazo. Es clave el orden y los pisos libres de objetos.

3. Evaluar las causas. Informe a su médico si ha sufrido caídas. Averigüe si los medicamentos que ingiere afectan su estado de alerta, no se automedique y evite el uso de tranquilizantes. Consulte sobre la realización de una densitometría ósea y la necesidad de suplementos vitamínicos .

1 de 3 mayores de 60 años se caerá al menos una vez en el año. De ellos, a un tercio le pasará otra vez y el 10 por ciento quedará con lesiones serias.