Archivo

Regreso y despedida

Causó expectativa en los mentideros teatrales el regreso del director Pawel Nowiki, que hace tiempo, después de una significativa labor en Bogotá, se radicó otra vez en Varsovia. Pero su puesta en escena de La tempestad, de William Shakespeare, en el Teatro Leonardus, dejó, por una estética singular, un sabor a improvisación y a creación colectiva. La forzada ambientación caribeña y un concepto inconsistente engendraron tal exceso de artificios en busca de la carcajada, que desvirtuaron el contenido de la pieza y un simbolismo paradigmático.

05 de junio 2007 , 12:00 a.m.

El espectáculo, que recuerda otros trabajos del polaco en el Camarín del Carmen, puede ser más adecuado para públicos fogueados con los clásicos hasta la saciedad; aquí, donde la aridez teatral produce el consiguiente desconocimiento, habría sido preferible una versión que no soslayara el propósito moralizante ni la riqueza del texto. En las obras del dramaturgo isabelino, la alteración de lugares y la aproximación contemporánea suelen poner de relieve una vigencia; pero es menester cuidarse de caer en el pastiche para no alterar la intención del autor o el ritmo dramático. Por otra parte, el grupo que formó y dirigió Nowiki ha perdido, acaso por falta de supervisión del maestro, versatilidad, riqueza de matices y potencia interpretativa. La tempestad cojea sin un Próspero de más enjundia o un Calibán que le saque el quite a la caricatura. Ni hablar de los excesos del resto del elenco, quizá marcados por el director y coherentes con un vestuario y una acritud visual que sugieren el trópico de Carmen Miranda o las parodias ‘hollywoodescas’ del Caribe.

* * * * Es lástima que Elvira Cuervo haya dejado el Ministerio de Cultura. Su comprensión de las necesidades del sector y su eficiencia resultaron proverbiales. Aunque hubiera contado con apoyo internacional y presupuesto, a ella y a su equipo se les debe la magnífica organización del IV Congreso de la Lengua en Cartagena de Indias. En este certamen y en toda su gestión hizo gala de una mesura y una categoría extraordinarias. Su reemplazo, la ingeniera industrial Paula Marcela Moreno, tiene la ardua tarea de demostrar que su designación trasciende el oportunismo político y que la cartera a su cargo es algo más que un comodín