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El que a buen árbol se arrima

Cada vez son menos las voces disonantes con respecto a la importancia de aprovechar las oportunidades de desarrollo económico y social que ofrece la reforestación comercial en Colombia. De acuerdo con las proyecciones del Gobierno, a 2010 se debería duplicar el área de plantaciones forestales estableciendo unas 200.000 hectáreas nuevas con inversiones superiores a 200 millones de dólares. Solamente en 2007 se sembrarán cerca de 35.000 hectáreas y se concretarán iniciativas de inversión extranjera que deben elevar esta cifra en los años siguientes. La meta a 2019 es llegar a 1,5 millones de hectáreas.

04 de junio 2007 , 12:00 a.m.

En este contexto la Ley Forestal constituye un primer avance en el diseño de un marco legal para dinamizar este sector. Aunque en otros países de Latinoamérica la normatividad había reconocido el vuelo forestal como un activo, en Colombia, solo en dicha ley se le ha conferido el carácter de bien transable a las plantaciones comerciales, sobre las que se puede negociar sin tener que esperar la cosecha. Esto hace que el apalancamiento de recursos del sector financiero y la atracción de inversión privada nacional y extranjera hacia el sector forestal comercial sean hoy una posibilidad real. El reto inmediato es su implementación.

Las ventajas económicas no son el único atractivo que tiene el sector forestal. A nivel social los beneficios pueden ser enormes, pues la actividad permite el desarrollo de arreglos institucionales que articulen las iniciativas productivas de empresarios con comunidades, asociaciones de trabajadores y grupos de pequeños productores. Un reto que puede dejar como ganadores a todos los actores involucrados.

El modelo que ha venido implementando el Componente Forestal Comercial del Programa Más Inversión para el Desarrollo Alternativo Sostenible -Midas-, financiado con recursos del gobierno de los Estados Unidos, comienza a demostrar cómo se pueden vincular comunidades tanto al empleo que generan las plantaciones a corto plazo como a los beneficios de la cosecha. Esto se materializa a través de contratos de cuentas en participación que definen las reglas de operación y distribución de beneficios asociados al vuelo forestal. De esta manera las comunidades se fortalecen con ingresos por su trabajo en el corto plazo y ‘patrimonialmente’ en el tiempo. Midas apoya este modelo con capacitación, asistencia técnica y fortalecimiento de la capacidad empresarial de las comunidades de forma que éstas, entre otras, accedan a condiciones equitativas en su participación en el negocio. Buena parte de los reforestadores tradicionales hacen sus ‘primeros pinitos’ en este modelo.

La responsabilidad social empresarial en el sector forestal en esta etapa de expansión es un asunto fundamental para su desarrollo sostenible. No hay nada mejor para este negocio que estar rodeado de miles de guardabosques pendientes de cuidar los nuevos bosques en los que ven crecer su futuro. El que a buen árbol se arrima, buen vuelo forestal lo cobija.

* Columna de la Fundación Buen Gobierno .

Subdirector Programa Midas .

"Las ventajas económicas no son el único atractivo que tiene el sector forestal”.