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El encanto de las telenovelas brasileñas

Las telenovelas brasileñas son distintas a las demás. Con su pluma maravillosa, sus libretistas logran recrear sus mundos sin traicionarlos y consiguen jugar con el melodrama poniéndolo al servicio de una idiosincrasia.

03 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Estas reflexiones surgen cuando uno queda atrapado por América o Señora del destino, dos historias que gracias a Citytv llegaron sin alarde a la TV colombiana. Con estas, demuestran, una vez más, que encontraron la fórmula para presentar las costumbres de su país sin humillarlas.

América tiene como eje central la historia de Sol, una joven brasileña que como tantas otras cree en el ‘sueño americano’ y pone en él toda su ilusión.

Resulta fácil presumir que la telenovela está hecha para destruir ese mito y se habría podido prestar para un discurso antiyanqui cargado de estereotipos, en el que los latinos fueran las víctimas y las autoridades americanas, los victimarios. Pero no; van más allá.

A partir del choque de dos realidades culturales distintas nacen nuevas normas, lógicas y costumbres que, por supuesto, plantean nuevas realidades: Por eso, Sol se casa para tener la ciudadanía, pero se enamora del falso marido y este se deslumbra por la frescura de su ‘ser latino’.

Por eso, los papás de Ricky –inmigrante transportado al mundo de la tecnología– no perciben el peligro en que puede estar su hijo de apenas 6 ó 7 años quien se convierte en víctima de un pedófilo ojiazul con cara de inocente abuelito.

Por eso, doña Deyanira, que maneja un escuadrón de secuaces para jugar con la vida de los ilegales, posa ante sus amigos estadounidenses de ‘gran dama’.

Todo esto, y mucho más, enmarcado en el sinfín del imaginario colectivo (el espíritu de un padre que vuelve, o el toro que envía señales o los mitos ancestrales), más el manejo de las fiestas populares (el rodeo), más las instituciones sociales (el madrinazgo y sus responsabilidad social), más el juego de la culinaria como parte del relato, más el significado del vestido, más y más.

Siempre suman, casi nunca restan, porque los escritores brasileños se cuidan de ridiculizar los sexos, no buscan pornomiseria ni aceptan de primera mano el amarillismo argumental.

Quizás por eso, en la historia de América hay estadounidenses buenos y malos, y brasileños buenos y malos.

Tampoco sobreexponen los sentimientos porque sí. No lo hacen ni siquiera en historias como Señora del destino, eterno relato de la madre que pasa la vida buscando a su hija, pero a partir de una premisa real: el amor de madre que ocupa el primer puesto en el orden de valores por encima de la venganza.

Sabemos desde ya que Maria encontrará a su hija Isabel y seguramente cuando lo haga lloraremos de felicidad. Pero también de tristeza porque será el final de otra gran telenovela brasileña que con sus capítulos cargados de verosimilitud y con sus relatos limpios, honestos y libres recuperon para los adictos al género un derecho que se creía perdido: el derecho a la reflexión.

Archivo particular.

¿QUIÉN ES BOSSIO? Martha Bossio fue sinónimo de éxito en la TV colombiana. Prácticamente todas sus obras, como creadora o adaptadora, ocupan un lugar entre las mejores de la historia: ‘Pero sigo siendo el rey’, ‘Gallito Ramírez’, ‘San Trope’l, ‘María Bonita’, ‘La casa de las dos palmas’, ‘El bazar de los idiotas’, entre otras.

Bossio escribió desde 1978 hasta 1999, cuando, después de hacer ‘Cosita linda’, se fue a dar la vuelta al mundo. Y le dio la vuelta a su vida, pues dejó de escribir porque su trabajo le impedia moverse del escritorio. Está terminando un proyecto de educación a través de la historia para el Ministerio de Educación.

‘‘Con las brasileñas se recuperó un derecho que se creía perdido en las telenovelas: el derecho a la reflexión”.

Martha Bossio, libretista de numerosas telenovelas.

Archivo EL TIEMPO