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La apuesta de Uribe para ‘acorralar’ a las Farc

Al ordenar la excarcelación de un grupo importante de guerrilleros de las Farc, incluido Rodrigo Granda, el presidente Álvaro Uribe le apuesta a acorralar políticamente a ese grupo guerrillero en el tema del acuerdo humanitario.

03 de junio 2007 , 12:00 a.m.

¿Cuáles son los principales argumentos del mandatario? Por un lado, trata de demostrar, con hechos, que el Gobierno tiene la voluntad política para sacar de la cárcel a los guerrilleros que podrían hacer parte de un intercambio, sin que sea necesaria la desmilitarización de un pedazo del territorio nacional, como lo ha pedido la guerrilla. Para Uribe el despeje es una cuestión innegociable y en eso los militares y buena parte de la opinión pública lo respaldan.

Es decir, el Presidente quiere obligar, en cierta forma, a las Farc a demostrar que su objetivo en un eventual acuerdo humanitario no es el despeje sino la liberación de sus miembros presos. Pues si no están dispuestas a liberar a los secuestrados con los guerrilleros fuera de las cárceles, ¿qué es lo que quieren entonces? ¿La vitrina política que les daría un encuentro con el Gobierno Uribe en una zona desmilitarizada?¿‘Consultas con la sociedad civil’? Por el otro lado, el Presidente busca (y esto en realidad se puede materializar gracias a que Francia le cogió la caña) obtener el respaldo de la comunidad internacional (nada menos que el G-8, los ocho países más industrializados del mundo) para presionar a las Farc a que respondan con su propio gesto de buena voluntad.

Uribe mismo ha confesado el riesgo: las Farc pueden reaccionar de manera negativa, insistir en el despeje y decir que esos guerrilleros que están saliendo de las cárceles ya no pertenecen a la organización.

Rafael Pardo escribió en una reciente columna que las Farc ven las acciones unilaterales como muestras de debilidad y no de generosidad.

¿Qué se necesita entonces para que esto no sea un simple “cañazo para hacer quedar mal a las Farc”, como advierte Pardo? Un punto clave sería que Granda acepte entrar en el juego. Si lo hace, sería casi impensable que fuera sin la autorización del secretariado.

De esa forma, se abriría por primera vez en mucho tiempo un contacto, un canal de comunicación directo que hoy, como lo demuestran las acciones del Gobierno, se limita a los medios de comunicación.