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Entre las gambetas y la chicha

Los 28 jugadores del equipo de fútbol más famoso de Riosucio se destacan por alternar danzas ancestrales con gambetas. Los embera chamíes y katíos que lo conforman tejen pases con la misma técnica, táctica y concentración con que gozan su folclor y sus bailes.

03 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Esa alegría y su organización han sido la clave para triunfar en su debut en la división menor del fútbol aficionado colombiano.

Hoy, el Resguardo Cañamomo y Lomaprieta, el primero conformado solo por indígenas en la historia del campeonato, es segundo en la tabla del grupo Eje Cafetero de la Primera C.

Está constituido como club deportivo, como cualquier equipo profesional, pero no tiene presidente sino gobernador y en lugar de junta de accionistas, Consejo de Gobierno y Cabildo. Por eso, detrás no hay millonarios empresarios o poderosos accionistas, sino 13 mil habitantes del resguardo, encabezados por el gobernador, Héctor Vinasco.

De los 28 jugadores, 22 son de Cañamomo y Lomaprieta, 4 son de los resguardos Nuestra Señora de La Montaña y Escopetera y Pirsa –también de Riosucio–, y 2 del asentamiento La Trina, parte de un resguardo en Supía (Caldas).

Yorman Andrés Vargas, de 15 años, vive en la vereda Pulgarín, de Cañamomo, de donde emprende 45 minutos de camino dos veces a la semana para entrenar en el estadio de la comunidad de Sipirra, muy cerca de la zona urbana de Riosucio. Su padre, Efraín Vargas, es cabildante.

“Mi sueño es ser futbolista profesional y médico”, dice Yorman, quien al mismo tiempo que quiere emular a los brasileños Ronaldiño y Kaká, cultiva con sus padres la tierra como lo hicieron sus ancestros desde hace siglos.

Johan Sebastián Largo, de 16, tiene el cabello negro, lacio, corto y facciones típicas de los chamíes, es delantero y vive en la vereda Panesso (Cañamomo), a una hora en carro de Sipirra. También sueña con lo alcanzado por jugadores de Riosucio como ‘La Cachaza’ Hernández, César ‘El Indio’ Hernández y Julián Díaz, pero también quiere aprender la lengua ancestral.

La pasión tras una pelota El mismo empeño que ponen en los entrenamientos y partidos, los jugadores de este equipo lo dejan en el Proyecto Embera Kirimcha Haraparadé (Escuela de Pensamiento Embera), uno de cuyos fines es adoptar la lengua embera.

El proyecto es impulsado por la Organización Hilfswerk Austria, con financiación de la Unión Europea y el Consejo Regional Indígena de Caldas (Cridec).

William Díaz, embera y ex jugador de fútbol aficionado, dirige el equipo y lo define como un grupo calificado, comprometido y alegre. “Al fin de cuentas somos indígenas”, dice para hacer referencia a que Mayas y Aztecas jugaban ‘fútbol’ con pelotas de hule mucho antes de la llegada de los españoles.

Juan Pablo García Uchima, coordinador del área de juventud, recreación y deporte del resguardo, agrega que para los jugadores son tan importantes sus tradiciones como aprender la técnica y las gambetas que este deporte que despierta pasiones.

Una muestra es que el equipo no tiene ‘aguatero’ –que reparte agua– sino ‘guarapero’. Cuando es local, la hinchada copa el estadio, unas 2 mil personas, y da rienda suelta a una de sus tradiciones: tomar guarapo en calabazo.

Y en las ‘chivas’ (buses escalera) que los transportan a donde deben jugar de visitantes, no faltan las ollas de guarapo. “Es tan indispensable como los guayos y los uniformes”, dice Carlos González, representante del equipo ante la Difútbol.

Es tan importante la costumbre que en ocasiones los jugadores toman chicha, más suave que el guarapo, durante los entrenamientos. “Guarapo no pueden tomar ni por equivocación”, advierte Díaz.

El equipo ha logrado tal impacto, que la organización del resguardo gira alrededor de él, con sus costumbres y tradiciones, explica Édgar Tapasco, también indígena y alcalde Riosucio.

NO FALTA EL GUARAPO .

‘‘Para el público que va a ver el juego, llevar el guarapo es tan indispensable como los guayos y los uniformes para los futbolistas de nuestra etnia”.

Carlos González, representante del equipo ante la Difútbol.