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Cuidado, ahí vienen los huracanes

Todas las circunstancias se combinaron para que Katrina fuese la tormenta perfecta: una combinación catastrófica para causar el máximo de daño en un momento determinado. Pero eso no significa que sea una excepción y que la historia no pueda repetirse para devastar otra ciudad.

02 de junio 2007 , 12:00 a.m.

A medida que ingresamos en lo que los meteorólogos califican como otra “temporada activa” de huracanes, los ciudadanos y las autoridades desde Texas hasta Nueva Inglaterra se preguntan qué ciudad será la próxima Nueva Orleáns.

¿Podría ser la ciudad texana de Galveston, sobre el Golfo de México, con una sola ruta de evacuación? ¿O Miami, con su numerosa población de adultos mayores que podrían quedar atrapados? O acaso Nueva York, que desde hace tiempo no padece una tormenta violenta pero vulnerable a una calamidad de subterráneos sumergidos y refugiados atascados en medio de monstruosos atosigamientos de tráfico.

Hay muchos sitios vulnerables y lo son debido a la geografía, pero sobre todo porque los estadounidenses adoran las costas. La Oficina Nacional del Censo calcula que unos 35 millones de personas -el 12 por ciento de la población- viven en condados costaneros que podrían verse amenazados por huracanes en el Atlántico. Esa cifra se ha triplicado con creces desde 1950, y el censo ni siquiera cuenta los estados costeros en el norte.

Las calamidades potenciales que enfrentan se deben menos a los caprichos de la naturaleza que a la variedad humana. “Si realmente queremos limitar las pérdidas por los huracanes, tendremos que limitar el crecimiento demográfico en las costas, dice Jay Baker, profesor de geografía en la Universidad de la Florida, en vez de preocuparnos por el número de huracanes que nos van a caer encima”.

¿Dónde está la próxima Nueva Orleáns? Aquí se mencionan cinco de las peores posibilidades.

LLEGA LA TEMPORADA Tras un año de relativa calma, la cuenca atlántica afronta a partir de ayer el riesgo de una temporada de huracanes intensa, en la que se prevén hasta cinco ciclones con devastadores vientos de más de 178 kilómetros por hora.

Los meteorólogos de la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA) de Estados Unidos han vaticinado la formación de entre 13 y 17 tormentas tropicales para la temporada que finaliza el 30 de noviembre.

Del total de tormentas, entre siete y diez se convertirían en huracanes, de los cuales de tres a cinco podrían transformarse en ciclones de gran intensidad.

Los residentes de la costa este de Estados Unidos, del Golfo de México y del Caribe deben prepararse.

Nueva York, la amenaza es real La vida en Nueva York tiene sus inconvenientes: subterráneos llenos, alquileres altísimos, tránsito atestado...y una vez cada siglo, un huracán.

Aunque los residentes suelen preocuparse más por las tormentas de nieve en el invierno que por las tormentas tropicales en verano, cada año aumenta la probabilidad de que la ciudad más poblada del país enfrente un huracán intenso. Ráfagas de 210 kilómetros por hora y una marejada de nueve metros podrían inundar el bajo Manhattan.

La tormenta amenaza causar más de 100.000 millones de dólares en pérdida y obligar a la evacuación de tres millones de personas, seis veces más la población que tenía Nueva Orleáns antes de Katrina.

La última gran tormenta en el área de la ciudad fue la llamada Long Island Express, de 1938, que dejó 700 muertos en las costas de Long Island.

Históricamente, la ciudad sobrelleva un huracán más o menos una vez cada 90 años.

Un huracán intenso podría producir una marejada de casi 10 metros e inundar los cinco distritos de la ciudad obligando al cierre de sus aeropuertos y provocando inevitables atosigamientos de tráfico. Si la tormenta entra por el sur de la ciudad, quedaría anegado hasta Wall Street.

El plan para huracanes, incluye la evacuación de tres millones de personas y refugios para más de 600.000. Pero hay que convencer a los neoyorquinos del peligro.

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Miami enfrentaría otro desastre La visión es aterradora. Las fachadas de color pastel de los edificios art deco de Ocean Drive están deterioradas. En el centro, varios metros de agua rodean el estadio de Miami Heat. En la costa se ven miles de viviendas destruidas o dañadas. Eso es lo que podría ocurrir en Miami si un huracán de categoría 5 llegase a la ciudad en dirección noroeste.

Miami es vulnerable. La ciudad está sobre el agua. Viviendas y edificios cubren las costas e islas costeras. Geográficamente es chata, sin colinas para detener una marejada.

Si a eso se agrega un elevado número de retirados que tienen problemas médicos, vacacionistas poco acostumbrados a los huracanes y mucha gente sumida en la pobreza, la situación se agrava. Y ni qué decir de la evacuación con sólo dos carreteras principales en dirección norte.

Además, Miami es vulnerable porque esta región experimenta tormentas con mayor frecuencia e intensidad. “Vivimos en el paraíso, pero esto tiene sus peligros”, dice Stephen Leatherman, director del centro de investigación de huracanes de la Universidad Internacional de la Florida.

Desde el huracán de 1926 y especialmente desde Andrew, la zona ha revelado su debilidad. “Veo las ventanas de algunos rascacielos y me pregunto si van a resistir incluso un huracán de categoría 3”, se preguntó el ingeniero Herbert Saffir, cocreador de la escala Saffir-Simpson de huracanes.

- Lago Okeechobee, en Florida. En septiembre de 1928, un huracán destruyó un dique en este lago y dejó 3.000 muertos. Un informe difundido el año pasado dice que el dique Herbert Hoover, de 10 metros de alto y 230 kilómetros, construido para impedir que se repita la tragedia, estuvo a punto de fallar varias veces en la década pasada. Y para el 2010, tiene un 50 por ciento de probabilidades de que se destruya. Se han tomado medidas, pero nunca se sabe.

- Galveston, en Texas. Para salir de la isla -que ya fue azotada por un huracán en 1900 con 8.000 muertos- hay una sola vía de escape. Además, está a apenas tres metros por sobre el nivel del mar, protegida en el sur por un espigón de 5,50 metros que, debido a la erosión, posiblemente sería inundado por un huracán de categoría 3 en adelante. Sin islas ni pantanos que puedan protegerla, Galveston quedaría inundada por un huracán de categoría 5.

- Las islas del este (en Carolina del Norte). “Si cae una tormenta de la magnitud de Katrina, el 75 por ciento de estas islas podría desaparecer”, advierte Stan Riggs, geólogo de la Universidad del Este de Carolina, estudioso del tema.