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El otro mundo de los ‘fanzines’

Aunque parezca bien raro, hay publicaciones que no son hechas con ánimo de lucro sino por el placer de hacerlas. A sus editores no les importa el dinero que puedan dejarles y les gusta que salgan en papel barato, a una o dos tintas, cuando mucho. A veces, ni siquiera las venden sino que las regalan en sitios claves.

02 de junio 2007 , 12:00 a.m.

A estas publicaciones se les conoce como ‘fanzines’ (el término viene de fanático de los magazines) y se supone que son hechas por aficionados.

Una de ellas, que debuta por estos días, es el Barajador Suave: dos fotocopias en papel carta doblado por la mitad de manera horizontal. Su tema es la jerga que su autor, Leonardo Vargas, ha oído en el centro de Bogotá desde que llegó de Barrancabermeja hace siete años para estudiar artes.

En términos promovidos por este ‘fanzine’, es “elegante como el pegante” (o sea chévere, teso y calidoso). “Quise señalar un fenómeno específico de Bogotá y para eso lo hice –dice Vargas–. Saqué 250 copias y las puse en la galería Cu4rto Nivel en una exposición sobre la ciudad, donde mi invitaron”.

Eso sí, no sabe si habrá otro número.

Allá también está El Artista Torpe, inspirado en El Artista, un semanario de 1905. “Nos basamos en su modelo y formato, tratamos de imitar las limitaciones del original. Eso de por sí es una torpeza, pero, a la vez, es resistencia a lo que hay hoy”, dice Felipe González, que lo edita con Carolina Loaiza y Juana Hoyos.

En su segunda edición combina artículos actuales sobre la ciudad con escritos de más de 80 años, como el ‘Aviso del terremoto sucedido en la ciudad de Santa Fe de Bogotá el día 12 de julio del año de 1785’.

¿Y cómo lo paga? El papel periódico no vale mucho y es a una tinta. Además hay pauta de negocios familiares. Esperan poder sacar su tercera edición.

Una publicación que a su lado parece un hermano rico es Sursystem. Además de ser en tamaño tabloide está hecho a dos tintas –todo un lujo–. Lo que más la diferencia es el despliegue de creatividad en el diseño y la radicalidad de su mensaje: música, globalización y mestizaje.

El número uno fue hecho en Cali y el próximo número será editado en Bogotá.

Marcelo Arroyave, uno de sus editores, lo define: “Es políticamente opuesto a lo hegemónico. Es crítico y propositivo. No está con la línea de Uribe ni de los grandes medios. Busca la autonomía y autogestión, sin autocensura. Lo hago porque me gusta escribir cosas que los medios tradicionales no publican porque no son políticamente correctas”.

Este sociólogo reconoce que Sursystem no está por fuera del sistema social, pero llena un vacío que dejan los medios masivos.

“Los ‘fanzines’ con este tipo de temáticas crean zonas temporalmente autónomas, porque es un espacio donde ni el sistema ni el gobierno influyen, salvo para criticarlos”, explica Arroyave.

¿Y cómo le va? pues el segundo número se vende por 3.000 pesos y se da el lujo de escoger a sus pautantes. Eso sí, plata no deja, dice Arroyave, aunque agrega: “Algún día tiene que dar para vivir”.

diegue@eltiempo.com.co .

‘‘Fanzines’ con estas temáticas (política y sociedad) crean zonas autónomas donde ni el sistema ni el gobierno influyen, salvo para criticarlos”.

Marcelo Arroyave, editor de Sursystem.