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Fútbol: alturas y bajeza

El último futbolista notable fallecido durante un partido de alto nivel fue el camerunés de 28 años Marc Vivien Foé, víctima de un infarto cuando su selección enfrentaba a la de Colombia en junio del 2003 en el estadio de Lyon (Francia). Lyon está a 248 metros sobre el nivel del mar. El último triunfo importante de un equipo colombiano ocurrió el jueves, cuando el Cúcuta Deportivo venció como local al legendario Boca Juniors. Cúcuta está a 320 metros sobre el nivel del mar. De 63 campeonatos profesionales disputados en Colombia, solo 19 fueron ganados por equipos bogotanos, que juegan la mitad de sus partidos a más de 2.500 metros; la última vez fue hace 19 años. Si la ventaja de la altura fuera tanta, habrían jugado un poco mejor. Igual ocurre con la Copa Mundo, que en 19 ediciones nunca vio, ni en semifinales, a una selección que jugara por encima de esa altitud.

02 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Pese a estas y otras estadísticas que indican que la altura da solo ventajas aleatorias, el comité de la Fifa, máximo organismo mundial del fútbol, prohibió los partidos internacionales por encima de los 2.500 metros. La medida procede de su comisión médica, aunque la ciencia no ha emitido veredicto final al respecto y muchos expertos consideran más peligroso jugar a altas temperaturas y humedad o en campos bajo cero. Sin embargo, la Fifa no ha dicho nada sobre estas condiciones adversas. Tampoco explica por qué, si le preocupa tanto la salud de los futbolistas, no prohibió todos los partidos en alta montaña. Esto permite sospechar que no es una decisión científica sino política la que veta estadios de Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador, principalmente. Las huellas del crimen conducen al club Flamengo, de Río de Janeiro, que pidió al polémico zar del fútbol brasileño, Ricardo Texeira, combatir las eliminatorias suramericanas en campos altos, como Cuzco, La Paz o Bogotá. Así lo denunció con típica vehemencia el vicepresidente Francisco Santos, al calificar el veto como “una sinvergüenzada de la Federación Brasileña”. Quizás contribuyó a animar a Texeira el que Colombia pretendiera, imprudentemente, atravesarse en el camino de la candidatura de Brasil al Mundial 2014.

Santos no es el único indignado. El presidente del Perú, Alan García, dijo que el veto de la Fifa es “europeísta e insolente”. Bolivia está en pie de guerra. “Canallada internacional”, opinó el diario La Razón. La medida unió a los partidos políticos en una carta de protesta y provocó el envío de una delegación a Zurich, sede de la Fifa, que no fue recibida por la entidad.

Ecuador calificó la medida de “injusta, discriminatoria y antideportiva”.

Contrasta con esto la ‘descachada’ del alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, que se precipitó a postular a su ciudad como sede de la Selección Colombia.

Un penalti contra Bogotá, que El Colombiano le criticó justamente. En cambio, el director de Coldeportes, Everth Bustamante, acentuó la protesta al decir que si la Fifa no rectifica, los países afectados deberían negarse a participar en la eliminatoria para el Mundial de Suráfrica.

En las esferas puramente futbolísticas, entrenadores de las selecciones de varios países americanos ya condenaron el veto, que Pelé defiende ingenuamente con el argumento de que “los brasileños siempre fuimos los perjudicados por la altura”. El 14 y el 15 de este mes se reunirán en Asunción las autoridades deportivas suramericanas, que pueden lograr una revisión de la medida. Ya veremos quiénes quieren meter allí goles en fuera de lugar. Esta confrontación nace del temor de unos equipos que ven amenazada su supremacía por los de países emergentes en el fútbol. Las bajezas de la política deportiva amenazan al juego más universal del planeta y abren la puerta a inesperadas divisiones.

“Las alturas no me asustan”, dijo una vez el recientemente reelegido Joseph Blatter, nacido en los Alpes suizos, refiriéndose a los 3.600 metros de La Paz. Las alturas tal vez no. Pero el poder sí.