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Más medidas, más revaluación y más costos para Colombia

Gerente de Investigaciones Económicas Corficolombiana Semana tras semana la historia continúa repitiéndose. El Gobierno Nacional o el Banco de la República anuncian nuevas medidas, ajustes o modificaciones normativas con la esperanza de reversar el proceso de revaluación del peso, y semana tras semana la respuesta de la tasa de cambio es la misma: profundizar su caída. (VER GRAFICO)

01 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Resulta entendible la preocupación de las autoridades económicas por el comportamiento de la tasa de cambio en los últimos meses. Las exportaciones, que crecieron a lo largo de 2006 a una tasa de 15 por ciento, en los dos primeros meses de 2007 lo hicieron apenas al 5 por ciento, reflejando los primeros efectos de la actual coyuntura cambiaria sobre el aparato productivo de la economía. El resultado de este escenario será la profundización del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos de la economía colombiana, que de acuerdo a nuestras proyecciones cerrará 2007 por encima del 3,5 por ciento del PIB, lo que implica una preocupante vulnerabilidad ante eventuales choques externos o cambios en el apetito por riesgo de los inversionistas internacionales.

Sin embargo, la preocupación por esta situación no justifica la adopción de medidas al ritmo de las quejas de los gremios de la producción o de algunos analistas sin analizar sus costos y beneficios. Si se analiza el efecto de las medidas sobre la tasa de cambio, el resultado difícilmente podría ser más desalentador. Aunque es pronto para evaluar el efecto de las medidas anunciadas esta semana por el Gobierno Nacional, ya han transcurrido tres semanas desde que el Banco de la República impuso el deposito del 40 por ciento al endeudamiento externo y un límite a la posición apalancada en operaciones de derivados de las entidades financieras, y el resultado ha sido una caída de la tasa de cambio en ese período de mas de 120 pesos. En este caso, a cambio del costo que implica limitar el desarrollo y el tamaño de un mercado de derivados que permita a los agentes cubrir en forma eficiente su riesgo cambiario ante situaciones de volatilidad (justamente como en la coyuntura actual), el Banco de la República no logró el objetivo de moderar el proceso de apreciación del peso.

Lamentablemente, esta experiencia en lugar de servir como aviso de la inutilidad de este tipo de medidas, parece haber reforzado la confianza del Gobierno Nacional en esta línea de acción. El miércoles de la semana pasada el Gobierno Nacional expidió el decreto 1801 extendiendo el depósito de las operaciones de endeudamiento externo a la inversión extranjera de portafolio, y la respuesta del mercado fue la misma (lo cual poco tiene de sorpresivo): la tasa de cambio cayó cerca de 30 pesos entre jueves y viernes. Estamos convencidos de que al final del compás de espera que piden las autoridades para observar el efecto de la medida, tendremos el mismo resultado que ya arroja la medida del Banco de la República.

Lo preocupante de este comportamiento por parte de las autoridades económicas, además de la hemorragia normativa (depósitos, encajes, límites, etc.), es el costo que para el desarrollo del mercado y de la economía en general tienen estas medidas. En el caso específico del depósito obligatorio no remunerado a la inversión extranjera de portafolio, la medida esta atacando uno de los logros más importantes de la economía colombiana en los últimos años: la atracción de capital extranjero al país. De hecho, mas allá de que el depósito efectivamente desincentive el ingreso puntual de inversión a Colombia, el mensaje que se esta enviando a los inversionistas internacionales es que la regulación esta en contra de que ingrese inversión extranjera al país. En resumen, más allá de su predecible inutilidad en el frente cambiario, la medida puede resultar incalculablemente costosa para el desarrollo económico del país en el mediano y largo plazo.

A pesar de todo, cualquier situación siempre es susceptible de empeorar. El anuncio hecho la semana pasada por el Presidente de la República en el sentido de que “la liquidación de los balances contables de los tenedores de TES no la tengan que hacer cada cierto período sino cuando lo liquiden” implica un ataque directo a la transparencia y desarrollo del sistema financiero local. Hoy, el principal objetivo del equipo económico debería ser evitar que una nueva norma pretenda modificar una realidad económica a través de cambios contables, y que la adopción de normas desesperadas tenga un costo altísimo para el país a cambio (según lo observado por sus resultados) de nada.

Tal vez sea el momento de probar con una receta clásica pero que usualmente funciona: el ajuste estructural de las finanzas públicas mediante la reducción de los pasivos del Gobierno Nacional (p.e. mediante el prepago de deuda) aprovechando la bonanza que actualmente experimentan los ingresos tributarios y los resultados de las privatizaciones o capitalizaciones, y no ahuyentando el capital que requiere cualquier economía para su desarrollo.