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Así se movió la ‘mano de Dios’ en fuga del intendente Pinchao

Desde que volvió a la libertad, el intendente Jhon Frank Pinchao no se ha cansado de repetir que en su liberación se vio “la mano de Dios”.

01 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Los detalles de su histórica fuga así parecen confirmarlo.

En los últimos días de abril y los primeros de mayo, el menudo policía bogotano fue el hombre más buscado en las espesas selvas del Vaupés: detrás de él estaban fuerzas conjuntas de Ejército y Policía y una cuadrilla de guerrilleros.

Los subversivos que salieron a ‘cazar’ a Pinchao fueron interceptados por las tropas, que se movieron al área cuando los organismos de inteligencia hablaban de que las Farc estaban hablando de una fuga importante.

Tras Pinchao Capítulos desconocidos de esta historia, según reveló ayer el general Freddy Padilla De León, comandante de las Fuerzas Militares, empezaron a tejerse el 29 de abril a las 3 de la tarde, apenas horas después de la fuga, que ahora viene a saberse que ocurrió en un punto conocido como Pedregal (Berlín, en Vaupés).

En ese momento no se conocía el nombre ni si era policía o militar. La Policía y el Ejército coordinaron una operación, ‘Tifón’, que buscaba hacer un cerco entre las poblaciones de Puerto Suárez y Pacoa, cercanas al río Apaporis.

El domingo 6 de mayo las tropas se acercaron a un campamento y entraron en combate: murieron tres insurgentes.

Una guerrillera, ‘Yolima’, quien resultó herida en esa operación, contó que días antes, estando a 90 kilómetros de Puerto Suárez (al sur), recibió la orden de ‘César’, jefe del frente que opera en la zona, para que se uniera a la búsqueda del policía volado.

La joven relató que ‘Arley’, su compañero y que murió en los combates, le había contado que “en esa área estaban los policías y los soldados secuestrados y también Íngrid Betancourt, con otros políticos”. Ella nunca los vio, pero sí su compañero.

Antes del encuentro con Pinchao, la tropa llegó al campamento en el que estuvieron el intendente y sus compañeros de cautiverio, entre ellos Íngrid.

Para ese momento, las Farc ya se habían movido. Horas después un equipo del CTI y médicos forenses recogieron pruebas, entre ellas un supuesto cabello de Íngrid, que fue enviado a un laboratorio para confirmar si pertenece a la ex candidata.

Mientras tanto, sin saber que lo estaban buscando los militares y policías, Pinchao seguía su ruta hacia la libertad. Al final, el éxito de la fuga se debió a un aguacero. Ese factor, que el policía aprovechó para huir del cautiverio, retrasó la salida del comando Jungla de la Policía que había ido a buscarlo y que estaba a punto de retirarse de la zona.

Mientras esperaba el helicóptero que lo sacaría de una selva que sabía que estaba llena de guerrilleros, un capitán de la Policía vio aparecer el bote de un indígena. No sabía que allí venía, escondido, el hombre que tanto había buscado. Incluso, pensaron que se trataba de una trampa. Al final, hasta la lluvia se hizo aliada de su regreso.