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Erradicación en Afganistán: un espejo distante

En el Financial Times del fin de semana pasado apareció un artículo sobre los problemas y dilemas del gobierno de Estados Unidos en lo que se refiere a la erradicación de cultivos de amapola en Afganistán, que es de interés para Colombia y tiene gran relevancia porque suministra un contexto en el que se puede analizar la política actual de erradicación de cultivos de coca y sus ramificaciones estratégicas.

01 de junio 2007 , 12:00 a.m.

El artículo describe los conflictos que tiene Estados Unidos para aplicar estas medidas en Afganistán, no solamente porque el gobierno y quienes detentan el poder en ese país están reacios a llevarlas a cabo o se oponen a ellas, sino porque los altos mandos del ejército de Estados Unidos están dudosos acerca de las consecuencias que pueden tener las medidas.

Los militares piensan que la erradicación de cultivos puede fortalecer a los talibanes, que son su adversario más temido en Afganistán, y pueden poner a la población en contra del gobierno, de los Estados Unidos y de las fuerzas de ocupación.

Según el artículo, los Estados Unidos insisten en adelantar los programas de fumigación aérea de las áreas cultivadas de amapola, pero al mismo tiempo explica que piensan limitar estas fumigaciones a los grandes cultivos, dejando a un lado los de pequeños cultivadores, en aras de obtener el respaldo del gobierno de Afganistán y, posiblemente, para acallar las dudas de los estrategas militares sobre los efectos políticos y estratégicos negativos de la fumigación.

El Financial Times informa que el gobierno norteamericano le pone de ejemplo al de Afganistán el caso colombiano como una experiencia exitosa, pero también publica el testimonio de un experto profesor que cuestiona ese éxito.

Esta información hace reflexionar sobre la situación colombiana actual. El Gobierno ha estado firmemente comprometido con la fumigación y con otras formas de erradicación a tal punto, que ha arriesgado deteriorar las relaciones con el gobierno de un país que tradicionalmente ha sido socio y amigo muy cercano de Colombia.

Hasta hace poco no se cuestionaba esa política sino en círculos aislados, generalmente vinculados con la izquierda o sus simpatizantes. Pero el auge de los cultivos, a pesar de la fumigación, y la reversión de la tendencia hacia mayores áreas cultivadas de coca cuestionan la efectividad de la política.

Desde el punto de vista estratégico, también han surgido críticas por el peligro de que la fumigación se convierta en argumento para enfrentar a los campesinos de las zonas afectadas con el Gobierno y para ponerlos del lado de la guerrilla. Curiosamente, quien más vocal ha sido en esta crítica ha sido Antonio Navarro Wolff, que publicó un documento con el Inter-American Dialogue que se refiere a este problema y que fue reseñado en esta columna hace poco.

La información del Financial Times sobre la situación en Afganistán y la posición de los militares norteamericanos dan pie para preguntar si esas consideraciones estratégicas también son válidas para el caso colombiano. Y si lo son, qué implicaciones de política y de estrategia militar surgen de ahí.

No deja de ser inquietante que los generales gringos sean pesimistas sobre el impacto que tiene la fumigación en el respaldo de la población a los talibanes, y que no se diga nada al respecto en nuestra situación, cuando estas mismas medidas pueden fortalecer las relaciones de las Farc con las comunidades campesinas en las zonas de mayor conflicto.

Sería bueno conocer, además de la opinión de Navarro, experto en el tema de relaciones de la guerrilla con la comunidad, la de algunos generales retirados, que también la tienen, desde la otra orilla, y la de los académicos que estudian este tema. No parece razonable que lo que inquieta a los militares en Afganistán, aquí no se le preste atención.