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Futuro catastral de Bogotá

Después de haber bajado la marea política sobre la discusión de la actualización catastral en Bogotá y superadas las discusiones técnicas sobre la “estructuración de zonas geoeconómicas” y otras expresiones que la mayoría no entendemos, vale la pena analizar lo que sucedió y ver las perspectivas del proceso. Los proyectos ‘Bogotá Cómo Vamos’ y ‘Concejo Cómo Vamos’ realizaron hace algunos días una mesa de trabajo que dejó algunas conclusiones.

01 de junio 2007 , 12:00 a.m.

La primera es que en las ciudades, la oficina de Catastro tiene la función de hacer identificación física y jurídica de los bienes inmuebles. Su función es estratégica en la medida que provee información no solo para el predial, como erróneamente se ha entendido, sino que es base de información para otros impuestos y además es la principal fuente del reconocimiento urbano para ejercicios de planeación, ordenamiento territorial, definición de necesidades de equipamientos urbanos, etc. Por eso no se entiende cómo después de la reforma administrativa, Catastro sigue adscrito a la Secretaría de Hacienda y no a la Secretaría de Planeación; ligar la función de Catastro a la de Hacienda Pública terminará siempre por sesgar su función.

La segunda conclusión es que la ciudad no cuenta con los instrumentos técnicos y jurídicos suficientes para que el proceso de actualización catastral se haga de manera efectiva. La legislación es demasiado general y el modelo utilizado parece no ser del todo confiable, lo cual puede generar imprecisiones y a la vez inequidades en la actualización y no permite que una ciudad con el tamaño y la complejidad de Bogotá pueda contar con información confiable. De todas formas, no es posible llegar a una información perfecta. Determinar los valores comerciales, por ejemplo, no es tarea sencilla en una economía donde hay tantos factores que pueden incidir.

A la administración le queda el reto de dejar, por lo menos este año, afinadas las herramientas técnicas que permitan desarrollar una actualización más precisa.

En tercer lugar está la necesidad de no afectar las finanzas del próximo gobierno ni recargar el ejercicio de actualización. Si bien es cierto que lo que se dejará de recaudar no tiene un impacto tan grande como en principio se especuló, cualquier disminución en los recursos significa sacrificios en la inversión en el futuro. La cancelación del proceso de actualización de los 750 mil predios este año hará que se recargue la tarea en el 2008, otra razón para contar con metodologías y tecnología más efectivas. De no lograrse, simplemente se estará heredando el problema.

Adicionalmente, sería interesante que circulara más la información y que los contribuyentes en general y los comerciantes en particular continuaran teniendo un papel activo. Esto con el fin de espantar los fantasmas de elusión, ya que alcanzó a quedar en el ambiente la lectura de que su papel se debió a un temor por el incremento de la base patrimonial generado por la actualización catastral, lo cual llevaría a una posterior tributación de renta más alta.

Por último está el tema de la cultura tributaria. Los análisis de ‘Bogotá Cómo Vamos’ muestran que es necesario mantener el nivel de ingresos de la ciudad para hacer sostenible la política social y que son necesarios recursos adicionales en la perspectiva de tener soluciones de largo plazo a problemas tan apremiantes como movilidad o vivienda. El impasse ocurrido no puede convertirse en disculpa para echar por el piso más de una década de esfuerzos en cultura tributaria de la ciudad. No podemos devolvernos en esto y el castigo no sería para un gobierno sino para la calidad de vida de los bogotanos a largo plazo.

* Coordinador Proyecto ‘Bogotá Cómo Vamos ’