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TEMEN NUEVA MASACRE EN EL NAYA

La muerte selectiva de campesinos, el éxodo silencioso de familias enteras y el paso recurrente de grupos armados que rondan las montañas de los Farallones (occidente de Cali), mantienen en alerta a las comunidades de la región del Naya, en límites entre Valle y Cauca, que temen una masacre similar a la ocurrida en abril del año pasado.

13 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

La muerte selectiva de campesinos, el éxodo silencioso de familias enteras y el paso recurrente de grupos armados que rondan las montañas de los Farallones (occidente de Cali), mantienen en alerta a las comunidades de la región del Naya, en límites entre Valle y Cauca, que temen una masacre similar a la ocurrida en abril del año pasado.

Desde ese día de Semana Santa en que un centenar de hombres de las autodefensas llegó y asesinó a por lo menos 50 campesinos e indígenas, en el Naya nadie duerme tranquilo. Las imágenes de cuerpos de hombres y mujeres degollados, algunos de ellos mutilados con sierras, pudriéndose en la tierra, se mantienen grabadas en la memoria de quienes habitan allí y que ahora están lanzando una nueva alerta sobre el riesgo inminente de otra incursión en las comunidades de los ríos Naya, Yurumanguí, Cajambre y Raposo.

El clamor proviene de las organizaciones indígenas y campesinas de los municipios de Suárez y Buenos Aires, en el Cauca, y de Buenaventura, en el Valle, así como de las organizaciones sociales, de la Iglesia y de Organizaciones No Gubernamentales de Derechos Humanos, que a través de un comunicado piden la intervención inmediata del Estado para impedir que ocurra una nueva tragedia.

El temor resurgió tras el secuestro de los doce diputados del Valle a cargo de las Farc. Nuevamente se agudiza el problema en toda la región del Naya. Se han incrementado los asesinatos selectivos, la violación de derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario, enfrentándose también el peligro de una nueva masacre , precisan en el comunicado.

Patrullajes de los grupos paramilitares y guerrilleros, restricciones en el ingreso de alimentos y la elaboración de listas por parte del Ejército de quienes habitan en la región, han generado la zozobra de los pobladores.

La Defensoría del Pueblo del Cauca y la Oficina del Gestor de Paz del Valle indicaron que aunque en visitas y sondeos a la zona se ha encontrado un clima de relativa tranquilidad, es necesario prestar atención al llamado de los pobladores para contrarrestar cualquier acción en su contra.

De esa región frecuentemente están llegando alertas sobre la preocupación de las comunidades. Es evidente que hay presencia de grupos armados, lo que hace suponer que en cualquier momento puede ocurrir un enfrentamiento con consecuencias graves para la población civil , aseguró Fabio Cardozo, gestor de Paz del Valle.

Las familias que se habían desplazado luego de la masacre retornaron a sus lugares de origen porque de alguna manera se ha normalizado la situación. Sin embargo, todavía 290 indígenas paeces permanecen en Caloto , dijo el defensor del Cauca, Víctor Meléndez.