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LOS ERRORES DEL 7 DE AGOSTO

El 9 de julio pasado, un hombre se puso en contacto con el teléfono que la Policía Nacional publicó en varios periódicos para que, a través de él, se denunciara cualquier información sobre el paradero de delincuentes buscados por la justicia.

19 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

El 9 de julio pasado, un hombre se puso en contacto con el teléfono que la Policía Nacional publicó en varios periódicos para que, a través de él, se denunciara cualquier información sobre el paradero de delincuentes buscados por la justicia.

Aunque no tenía datos relacionados con ese tema, hoy, 12 días después de los atentados de los que Bogotá fue víctima, esa llamada está cobrando atención. La Policía intenta establecer qué información fue la que realmente entregó este hombre cuya identidad ya fue plenamente ratificada por el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) y a dónde fue a parar.

Les informé mi nombre, el número de identificación que la cárcel de Valledupar me tiene asignado, el delito por el que estoy condenado y mi cédula. Luego, les dije que dos miembros de la guerrilla de las Farc, presos en este mismo lugar, venían hablando de un plan terrorista con morteros, que se iba a ejecutar el 7 de agosto. Pero me pasaron de teléfono en teléfono , dijo a EL TIEMPO.

Semanas después de esa llamada y cuando faltaban tan solo dos días para la posesión, directivos de la reclusión de mujeres El Buen Pastor decidieron tomar medidas de seguridad y dar aviso por escrito a sus vecinos de la Escuela Militar José María Córdova sobre posibles atentados en la zona.

La alerta que la Escuela dice nunca haber recibido se extendió a pesar de que la fuente de inteligencia que habló sobre los eventuales ataques, lo hizo en una vista casual y de manera informal.

Se habría evitado alguna muerte si la llamada del recluso se hubiera valorado antes o si la advertencia sobre actos terroristas en los alrededores de la José María Córdova se hubiera hecho oficial y anticipadamente?.

Nadie lo sabe. De lo que sí están seguros especialistas en el tema de seguridad es que desestimar información de este tipo fue, tal vez, el primer error cometido por organismos de seguridad los días previos a la posesión de Alvaro Uribe, una jornada que, a la postre, dejó 21 muertos, 67 heridos, un pequeño boquete en la fachada de la Casa de Nariño y otro, mucho mayor, en la eficacia de la seguridad estatal.

Para intentar establecer qué permitió que Bogotá quedara expuesta al terrorismo ese miércoles 7 de agosto, se cruzó información entregada por el DAS, la Policía, el Ejército y la Fiscalía.

Además, se acudió a oficiales (r) que enfrentaron la oleada terrorista desatada por el cartel de Medellín en los 80 y 90 y a expertos en seguridad. Estos son los resultados.

Varios mandos.

Todos los consultados insistieron en lo difícil que es enfrentar las tácticas terroristas, tal como quedó evidenciado el pasado 11 de septiembre en Estados Unidos con los ataques simultáneos contra símbolos financieros y de poder de ese país.

No obstante, la mayoría admitió que no haber centralizado la información y el mando pudo ser la segunda fisura en el esquema de inteligencia colombiano.

El asesor de seguridad del Gobierno Pastrana, Gonzalo de Francisco, descarta de plano la falta de coordinación de fuerzas, pero hay evidencias de que cada uno actuó por su lado.

En lo que me correspondía a mí, como secretario de seguridad y como director del DAS, el 23 de julio hice reuniones de coordinación, a las que asistieron el comandante de la Policía de Bogotá y el director de Servicios Especializados. A esa no asistió el general del Ejército Freddy Padilla (comandante de la V División y máxima autoridad militar del centro del país), manifestó el ex director del DAS, coronel Germán Jaramillo.

Jaramillo, que dejó el cargo 7 días antes del cambio de mando presidencial, agregó que el general Padilla venía coordinando otras reuniones desde el 15 de julio.

Para el analista político León Valencia, la forma como reaccionaron a los atentados los distintos organismo demuestra que no hubo una coordinación sólida. Cada uno llegó por su lado , dijo.

Esa desorganización la aprovecha el enemigo para golpear , manifestó Pedro Juan Moreno, experto en seguridad y gestor de una propuesta para unificar la inteligencia colombiana, que está en el escritorio del presidente Uribe.

Moreno agregó, que en las Juntas de Inteligencia Seccional (Jis), donde se reúnen todas las fuerzas para intercambiar información, se ocultan datos clave porque todos quieren ganarse elpositivoi .

Hoy no se trabaja por objetivos comunes. Por eso se necesitan 5 sabios que, sin asumir, suplir o duplicar funciones de inteligencia, se dediquen únicamente a centralizar y a procesar los datos. Además, una cabeza con don de mando que elimine los celos entre instituciones , añadió.

Esa rivalidad, negada en público, quedó en evidencia esta semana cuando miembros de la Policía manifestaron, en privado, su malestar porque según ellos el DAS se cobró ante los medios de comunicación el haber hallado la casa del barrio Santa Isabel, desde donde se produjo el ataque contra el Palacio.

Miembros de inteligencia de esa institución dicen que la intervención del DAS fue posterior a la de la Policía y tan solo como apoyo.

Agregan, además, que la salida del coronel Jaramillo, justo 7 días antes de la posesión, no se justifica y menos tratándose del encargado de la seguridad presidencial.

Me retiré del cargo por instrucción del Presidente. Pero al frente de las operaciones quedó una persona encargada y toda una institución , ripostó Jaramillo, ahora agregado de Policía de la embajada de Colombia en España.

Rutina.

Las labores rutinarias son el tercer error que los expertos señalan.

Desde hacía meses inteligencia de la Policía de Bogotá, del DAS, de la Dijín y del Ejército se convirtieron en las sombras de los líderes de las milicias guerrilleras urbanas. Además, vigilaron las áreas tradicionalmente relacionadas con esta actividad como Ciudad Bolívar, Suba Tibabuyes, Policarpa, Soacha y la salida a Villavicencio.

La guerrilla, consciente de que sus milicias serían vigilados, optó por traer gente de Huila, Meta y Tolima para ejecutar los planes , dijo el asesor en seguridad de varias multinacionales, que pidió la reserva de su nombre.

Para tener ocupada a la fuerza pública, los milicianos se dedicaron a hacer hostigamientos, como el efectuado un día antes de la posesión contra torres de energía en la salida a Villavicencio.

Mientras tanto, los terroristas se apostaron en barrios en donde nunca habían actuado, como Pontevedra y Santa Isabel.

Además, otros se encargaron de darle fuerza a la versión de que el ataque sería aéreo.

Se concentraron demasiado en el aire y olvidaron un posible ataque terrestre. La fuerza pública se limitó a controlar a los milicianos desconociendo operaciones terrestresexitosasi y recientes, como el secuestro de diputados en la Asamblea del Valle , aseguró Valencia.

El propio comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, general Héctor Castro, reconoció que en el dispositivo de seguridad adoptado no se tenía previsto un ataque de esta clase.

Las actuales circunstancias son diferentes al narcoterrorismo desatado por Pablo Escobar, pero en asuntos de inteligencia siempre se debe tener en cuenta la capacidad del enemigo , dijo el general (r), Hugo Martínez Poveda, jefe del Bloque de Búsqueda de la Policía que persiguió y abatió al jefe del cartel de Medellín.

Se sabe que la guerrilla usa morteros con capacidad de hasta 5 kilómetros, pero la seguridad sólo se previó para un kilómetro. Además, se concentraron en un posible ataque desde los cerros, descartando otras posibilidades , agregó Martínez.

La gran lección dejada por los ataques del 7 de agosto -dicen Moreno y Valencia- es que la guerrilla se ha fortalecido en el manejo de explosivos y en la guerra urbana. Mientras esto ocurre, la Fuerza Pública concentra su guerra en el área rural.

Con todo, para el columnista Hernando Corral, se necesita paciencia mientras se decanta la lógica de los terroristas, pues está demostrado que en Colombia, los intentos de guerrilla urbana han fracasado en casos como el M-19, la Autodefensa Obrera y los duros golpes a las redes urbanas de la guerrilla. Foto Fotomontaje: Diseño Editorial/ EL TIEMPO La unificación de la inteligencia colombiana para prevenir ataques como los del pasado 7 de agosto es un hecho, aseguran el nuevo director de DAS, Jorge Noguera, y el experto en seguridad Pedro Juan Moreno Villa.