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MAESTROS VALIOSOS Y VALIENTES

En este país de condecoraciones, decretos de honor, cruces de Boyacá, en no pocas ocasiones para atender intrigas y lagartos , hay un premio que amerita destacarse, consentir y ojalá fortalecer. De muchos de estos abnegados hombres y mujeres se habla, la mayoría de las veces, cuando hacen huelga o los matan, y muy pocas veces de su imaginación, de la forma como, en medio de las balas y en condiciones muy precarias, trabajan para educar a nuestros niños y niñas. Se habla mucho de cobertura, de financiación, de evaluaciones, todos temas importantes, y muy poco del ser humano en quien recae la tremenda responsabilidad de formar a una generación de colombianos saturados por la violencia y cansados de la inequidad y la falta de oportunidades.

31 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

En este país de condecoraciones, decretos de honor, cruces de Boyacá, en no pocas ocasiones para atender intrigas y lagartos , hay un premio que amerita destacarse, consentir y ojalá fortalecer. De muchos de estos abnegados hombres y mujeres se habla, la mayoría de las veces, cuando hacen huelga o los matan, y muy pocas veces de su imaginación, de la forma como, en medio de las balas y en condiciones muy precarias, trabajan para educar a nuestros niños y niñas. Se habla mucho de cobertura, de financiación, de evaluaciones, todos temas importantes, y muy poco del ser humano en quien recae la tremenda responsabilidad de formar a una generación de colombianos saturados por la violencia y cansados de la inequidad y la falta de oportunidades.

Reconocer a los mejores de ese ejército de maestros regados por todo el país es, precisamente, la razón de ser del Premio Gran Maestro Compartir, ya en su cuarta edición y que cada vez convoca más la atención de la dirigencia colombiana. Esta vez recayó en Irma María Arévalo, una profesora de español del colegio Inayá, de Mitú (Vaupés), por haber resuelto la falta de una biblioteca infantil con el trabajo de sus pupilos de sexto grado, quienes, motivados por Irma, escribieron cuentos en los cuales se rescatan los valores culturales de la región.

La ceremonia de exaltación de estos maestros, por su imaginación y compromiso, fue muy emotiva y vibrante. Se convirtió, además, en una emocionante oportunidad para conocer más de cerca los modelos a los que apelan para formar a niños y niñas de una manera lúdica, divertida y con unos altísimos niveles de creatividad, que compensan la falta de recursos. Mediante acciones educativas que involucran las ciencias naturales, las ciencias sociales, el español, el arte, las matemáticas, la danza y la educación física, los niños y niñas construyen valores, descubren su cultura y aprenden sobre la solidaridad y la tolerancia, todos instrumentos vitales en la construcción de un país democrático.

El informe de la Comisión Internacional sobre Educación del siglo XXI, de la Unesco, titulado La educación encierra un tesoro , dice que esta, a lo largo de la vida, se basa en cuatro pilares: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. Todos ellos elementos de los proyectos educativos que concursaron en el premio Compartir y que se expresan claramente en el quehacer de estos maestros colombianos.

El galardón ha servido también para llamar la atención sobre la preocupante ignorancia de lo precarias que son las condiciones en las que se educa nuestra infancia, y de los esfuerzos que tienen que hacer los maestros para cumplir a cabalidad con su misión. Todavía sigue siendo invisible el papel que juegan con abnegación y sacrificio estos formadores.

Ante su ejemplo y la contagiosa emoción del presidente Uribe con la educación, es estimulante saber que el Gobierno está decidido a propiciar una verdadera revolución educativa. Y que echará mano de los recursos que fuere necesario (regalías petroleras, reducción de la burocracia, etc.) para hacerla posible. No se debe olvidar que todavía hay más de tres millones de niños por fuera de un sistema educativo aquejado por una alta deserción escolar y falta de estímulos a los docentes. De frustrarse la aspiración de millones de colombianos de ver hechas realidad las promesas del Presidente podríamos estar poniendo en serio riesgo el futuro de Colombia y su viabilidad como país competitivo y vital.

De ahí las palabras de Fernando Savater: Hablaré del valor de educar en el doble sentido de la palabra valor : quiero decir que la educación es valiosa y válida, pero también que es un acto de coraje, un paso al frente de la valentía humana. Cobardes o recelosos, abstenerse. Lo malo es que todos tenemos miedos y recelos, sentimos desánimo e impotencia y por eso la profesión de maestro- en el más amplio sentido del noble término, en el más humilde también- es la tarea más sujeta a quiebras psicológicas, a depresiones, a desalentada fatiga, acompañada por la sensación de sufrir abandono en una sociedad exigente pero desorientada. De ahí nuevamente mi admiración por vosotras y vosotros...