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NIÑO MURIÓ EN ATAQUE A TIBÚ

Después de la explosión, Carlos*, de 2 años, no se despertó. El menor de los tres hijos de Gustavo Estévez y Maribel murió ayer bajo las tejas de zinc y los escombros que le cayeron, luego de que presuntos guerrilleros hicieron explotar una bomba frente a la puerta de su casa, en Tibú (Norte de Santander).

31 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Después de la explosión, Carlos*, de 2 años, no se despertó. El menor de los tres hijos de Gustavo Estévez y Maribel murió ayer bajo las tejas de zinc y los escombros que le cayeron, luego de que presuntos guerrilleros hicieron explotar una bomba frente a la puerta de su casa, en Tibú (Norte de Santander).

El atentado ocurrió a la 1:40 de la mañana, en el barrio Kennedy, a un costado de la pista del aeropuerto.

La familia y el barrio fueron despertados por el estruendo. Otra casa, situada a 400 metros del lugar de la primera explosión, que había sido deshabitada solo ocho días antes, recibió otra descarga que la destruyó. Y dos bombas más provocaron daños menores a un costado de la pista.

Llegamos minutos después de escuchar los estallidos y alcanzamos a intercambiar disparos con los subversivos, quienes huyeron hacia el otro lado de la pista. Es un acto de barbarie lo que cometieron contra esta familia , dijo el comandante del batallón Fuerza de Tarea Catatumbo, coronel José Alfonso Bautista.

Pero la única víctima no fue Carlos, sus hermanos, de 3 y 8 años, sufrieron heridas por esquirlas.

Mientras el niño era sepultado ayer en un cajón blanco en Tibú, sus hermanos eran atendidos en el hospital Erasmo Meoz, de Cúcuta.

Los médicos precisaron que el hijo mayor se debatía anoche entre la vida y la muerte en la Unidad de Cuidados Intensivos del centro asistencial. A los padres, que recibieron heridas menores, los declararon fuera de peligro.

Gustavo Estévez responsabilizó del ataque a las Farc y dijo que el grupo guerrillero lo tiene amenazado desde hace varios meses. A pesar de todo, asegura que volverá a Tibú.

La zozobra reina en el barrio atacado. El llanto invadía en la mañana de ayer a Abigail González, quien vive hace nueve meses junto a la casa atacada.

La mujer, de 32 años, cree que fue un milagro que su hijo de 3 años, quien en ocasiones salía a jugar con el niño fallecido, no resultara herido de consideración, cuando los vidrios de la ventana cayeron como balas sobre su cama.

Por el miedo nos escondimos con mi esposo y mi hijo en el baño durante dos horas hasta que unos vecinos tocaron a la puerta. Yo pensé que se iba a acabar el mundo , señaló.

*Nombre cambiado por razones de Ley.

FOTO.

Una casa habitada y otra abandonada recibieron el impacto por los explosivos detonados por la guerrilla en inmediaciones del aeropuerto de Tibú