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EL CARIBE DE FALS

Orlando Fals Borda es el científico social del Caribe colombiano de mayor trascendencia en los últimos cincuenta años. Luego de la trágica desaparición, en 1956, de Luis Eduardo Nieto, quien fue el científico social costeño de mayor influencia en la primera mitad del siglo XX, la fértil producción intelectual de Fals lo llevó a ocupar el centro de la vida intelectual del Caribe nuestro, a partir de la década de 1970, cuando se dedicó con mayor amor y convicción al estudio de la sociedad rural costeña y su historia. Fruto de casi dos décadas de trabajo investigativo y político, que en Fals van de la mano, es la Historia doble de la Costa. Esta obra constituye un elemento fundamental en la producción intelectual de la Costa Caribe en el último medio siglo, cuando hemos visto una efervescencia sin precedentes en el campo de la historia, las ciencias sociales, la literatura, las artes plásticas y la música regional. Fruto de todo ello, el país se reconoce hoy como Caribe, entre otras cosas

18 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Orlando Fals Borda es el científico social del Caribe colombiano de mayor trascendencia en los últimos cincuenta años. Luego de la trágica desaparición, en 1956, de Luis Eduardo Nieto, quien fue el científico social costeño de mayor influencia en la primera mitad del siglo XX, la fértil producción intelectual de Fals lo llevó a ocupar el centro de la vida intelectual del Caribe nuestro, a partir de la década de 1970, cuando se dedicó con mayor amor y convicción al estudio de la sociedad rural costeña y su historia. Fruto de casi dos décadas de trabajo investigativo y político, que en Fals van de la mano, es la Historia doble de la Costa. Esta obra constituye un elemento fundamental en la producción intelectual de la Costa Caribe en el último medio siglo, cuando hemos visto una efervescencia sin precedentes en el campo de la historia, las ciencias sociales, la literatura, las artes plásticas y la música regional. Fruto de todo ello, el país se reconoce hoy como Caribe, entre otras cosas.

En la Historia doble, Fals se propuso escribir una historia de la región que se saliera del eje Cartagena-Santa Marta-Barranquilla, desde cuya perspectiva se ha escrito la mayor parte de nuestra historiografía. Aparejado a ello, se propuso también narrar nuestro pasado desde la óptica de los autores olvidados y relegados a un papel secundario dentro de las corrientes dominantes en la producción intelectual regional. La que aparece aquí en primer plano no es la Costa de Nuñez, el Grupo de Barranquilla o los grandes comerciantes samarios, cartageneros y barranquilleros. No es tampoco la Costa del Carnaval de Barranquilla, los Lanceros de Getsemaní o el fútbol de Pescadito. Es una Costa más rural, menos conocida y más olvidada, en todos los sentidos. Es la Costa de María Barilla, la valentía de los chimilas, los mitos zenúes, el hombre caimán, el sombrero vueltiao y las corralejas. Es también la Costa de unas élites rurales o de origen rural, como Chano Romero, Arturo García, Juan José Nieto o los marqueses de Santa Coa, que en la historiografía dominada por la vida de las grandes ciudades portuarias ocupan un papel secundario, en el mejor de los casos.

Por muchas razones, la Historia doble ha sido una obra polémica. Entre sus fortalezas se ha destacado la calidad literaria de la narración que va por el canal A, que muchos consideran una novela histórica de gran belleza. Resaltaría también el rescate de la dignidad de los pobladores del Caribe nuestro y de sus antepasados, que logra con gran finura Fals a lo largo de esta obra. Dentro de esta perspectiva habría que enfatizar el rescate del inmenso aporte cultural y racial de los pueblos indígenas, zenúes, chimilas, taironas, wayúus a la conformación de la población costeña contemporánea. Finalmente, toda la obra esta signada por la búsqueda de una identidad costeña, para la cual los aportes testimoniales, documentales y fotográficos que se hacen no tienen precedentes.

Muchas de las críticas que ha recibido tienen que ver con el canal B. Algunos lo encuentran exageradamente académico; otros se quejan de una supuesta falta de rigor, especialmente en el uso de las fuentes; no son pocos los que han controvertido el papel que Fals le asignó a la imaginación; varios historiadores se han referido al excesivo simplismo del libro en el tratamiento de ciertos temas, y otros han criticado la manifiesta voluntad del autor de escribir un texto políticamente comprometido. Sin embargo, si se trata de hacer un balance objetivo, yo no recomendaría proceder como un contador de partida doble que sopesa fortalezas y debilidades y que, a través de un ejercicio de sumas y de restas, intenta llegar a una magnitud final. Lo que recomiendo, por el contrario, es adentrarse de manera desprevenida, aunque sin perder el ojo crítico, en los ríos, caños, ciénagas y esteros de los cuatro tomos. Cuando yo lo he hecho, he regresado siempre queriendo más -y valorando mejor- al Caribe, que es una forma de querernos más -y valorarnos mejor- a nosotros mismos.