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DESTERRADOS Y SIN ESPERANZAS

Pacífico Cabrera , el popular personaje del programa de televisión Sábados Felices , cobra realidad por estos días en las calles de Villavicencio, generando en sus protagonistas desazón, impotencia y ganas de llorar.

30 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Pacífico Cabrera , el popular personaje del programa de televisión Sábados Felices , cobra realidad por estos días en las calles de Villavicencio, generando en sus protagonistas desazón, impotencia y ganas de llorar.

Unas 30 familia llegaron el pasado sábado a esta ciudad procedentes de Puerto Alvira (Meta), huyéndole a la violencia y esperanzados en encontrar tranquilidad y paz.

Lo que no esperaban aquellas personas era que al llegar a la capital otro tipo de violencia los esperaba, enquistada en los entes gubernamentales que a pesar de que pregonaban estar preparados, hoy -cinco días después de su arribo a Villavicencio- no les aclara ni les señala su futuro inmediato.

Sólo la Red de Solidaridad hasta el momento alquiló unos cuantos cuartos en un modesto hotel del centro de la ciudad para que puedan dormir. Pero todo ha sido posible con súplicas y protestas para recibir una real asistencia humanitaria que les supla las necesidades básicas para vivir dignamente.

Así lo confirma la Defensora Regional del Pueblo, Angela María Moreno, quien señaló que la gobernación y la alcaldía esquivan su responsabilidad, a pesar de que se crearon los comités municipales y departamentales de atención a los desplazados y se pactaron algunos acuerdos, que hasta el momento no se han cumplido.

La papa caliente en que se están convirtiendo los desplazados de Puerto Alvira para los funcionarios de la gobernación y de la alcaldía, nadie la quiere coger. Unos a otros se echan las culpas y responsabilidades sobre quiénes deben entregar soluciones, pero nadie responde, nadie entrega una solución definitiva.

Como don Pacífico Cabrera está José Luis Monroy, su esposa María y sus dos pequeñas hijas: Cielo de 18 meses y Anatilde de 40 días de nacida, quienes luego de cuatro días de viaje, entre el polvo y el lodo que se acumula en la vía, llegaron el pasado sábado al parque central de Villavicencio buscando la tranquilidad y huyendo de guerrilleros y paramilitares que se disputan un pedazo de tierra en los límites de Meta y Guaviare.

El éxodo de José Miguel y demás compañeros de infortunio, inició hace un mes y luego de estar en distintas fincas y en caseríos como El Silencio, El Rincón del Indio y El Siare, llegó a la capital del Meta.

José Miguel, que es un pastor del Movimiento Cristiano Misionero, cuenta que dejó abandonados sus 12 años de trabajo que realizó durante todos los días tumbando monte con hacha y machete en un lote baldío, en el que luego sembraría su futuro encarnado en cultivos de yuca, maíz, arroz y plátano.

Cuando salieron de El Siare el pasado martes en la mañana, en un destartalado bus de la empresa Tax Meta, la guerrilla les proporcionó carne, yuca, arroz, pasta y plátano para que comieran las cerca de 80 personas entre adultos niños y niñas, que atestaron el bus, pero eso sólo les duró dos días.

El resto del viaje, que pasó por retenes tanto de la guerrilla como de los paramilitares, lo enfrentaron los pasajeros asumiendo sus propios costos.

Hoy, José Miguel camina por las calles de Villavicencio con sus dos pequeñas hijas y su esposa, de oficina en oficina, con la esperanza acuestas aguardando que alguien le ayude y le facilite su estadía en un mundo ajeno e indiferente que aunque no le dispara balas de fusil, sí le lanza ráfagas de indiferencia, intolerancia y olvido que también hieren y laceran el alma.

ASISTENCIA SI PERO...

Al cierre de esta edición el secretario municipal de Gobierno, Fernando Rivera Martínez, señaló que hasta el momento solo se habían pronunciado con asistencia humanitaria a los desplazados, entidades como la Red de Solidaridad, Bienestar Familiar, la Alcaldía de Villavicencio, Defensa Civil y la Cruz Roja Internacional.

Esta ayuda consistió en darles alojamiento en un hotel, la entrega de algunos mercados y la evaluación médica a niños y adultos en algunos puestos de salud de la ciudad, señaló el funcionario.

Así mismo, se esperaba la participación de la gobernación del Meta que hace unos quince días, a través del Comité departamental de atención a los desplazados, se había comprometido a entregar un sitio adecuado para su reubicación temporal.

FOTO/Guillermo Herrera.

La mayoría de la población desplazada la componen niños y mujeres que por lo general presentan cuadros severos de desnutrición.