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VUELVA MAÑANA, EL PUEBLO ESTÁ CERRADO

Desde hace un mes, las noches son más tranquilas en Piñalito (Bolívar). Un portón de hierro y con candado es el guardián que custodia el sueño y la seguridad de sus 1.500 habitantes.

18 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Desde hace un mes, las noches son más tranquilas en Piñalito (Bolívar). Un portón de hierro y con candado es el guardián que custodia el sueño y la seguridad de sus 1.500 habitantes.

Entre el anochecer y el amanecer ningún vehículo o persona puede entrar a esta población, a hora y media de Magangué (Bolívar), al que se llega por una polvorienta trocha de arena rojiza.

Piñalito se cierra a las 7 de la noche y se abre nuevamente a las 6 de la mañana , asegura uno de los habitantes de este pueblo de pescadores.

Más que una fórmula de aislamiento, la instalación del portón es el método adoptado por ellos para mantenerse protegidos de los delincuentes y de los grupos armados que azotan desde hace más de cinco años esta región del centro-sur de Bolívar.

La puerta tiene dos divisiones (cada una de 2,5 metros de largo por 2 de alto), es de barrotes de hierro (de unas 3 pulgadas) y está instalada a 30 metros de las primeras viviendas sobre la única vía terrestre que demarca las cercas de alambre de púas de las fincas vecinas.

Aquí hay dos entradas, una por río y otra por carretera. La fluvial está un poco más resguardada, pues la Infantería de Marina cuida toda esta parte de la Ciénaga del Gallinazo. El problema era por la vía terrestre y por eso había que poner algún control , dice Ronald Acosta, presidente de la Junta de Acción Comunal.

La idea se le ocurrió a un habitante, cuya identidad es mantenida en estricto secreto, hace dos meses, cuando unos encapuchados armados asaltaron la tienda principal. Ese día, los atracadores se llevaron toda la mercancía, casi dos millones de pesos en efectivo y una motocicleta.

Ya había otro antecedente. En marzo pasado, seis habitantes fueron sacados de sus viviendas por presuntos guerrilleros del Ejército Revolucionario del Pueblo (Erp) y solo cuatro retornaron con vida.

Este lugar siempre ha sido muy tranquilo y alegre, pero de un tiempo para acá a los delincuentes se les ha dado por entrar y hacer sus fechorías. Una vez, encapuchados asaltaron varias tiendas y se llevaron a varios de nuestros habitantes, por los que luego pidieron rescate , cuenta Jorge Luis*, un tendero de la localidad.

Se comentó la idea entre algunos vecinos, tenderos, finqueros y se decidió que era buena. Se recogió dinero y se mandó a hacer el portón -costó 300 mil pesos-. El hierro lo sacamos de un parque infantil abandonado y poquito a poco fuimos reuniendo lo del cemento , añade Ronald.

Entre todos acordaron que ningún vehículo ni persona desconocidos podrían ingresar de noche ni durante la madrugada. De los que más se cuidan son de los carros. Los conocidos deben llamar una hora antes, para avisar que viene un carro. Se verifican las placas y sus ocupantes, solo así se abre el candado , dice Andrés, un jornalero y pescador.

Como prevención, la llave es celosamente guardada. Un pequeñísimo grupo sabe quién la tiene. Un delegado va en la madrugada, abre la reja para que la gente pueda salir a vender el pescado y, en la noche, nuevamente la cierra", explica Andrés. Una brigada de vigilancia es la encargada de cuidar que durante el tiempo de cierre nadie atraviese el portón.

Músicos, por fuera.

Sin previo aviso, no hay excepciones. Hasta la banda de músicos de Piñalito pagó el precio de la seguridad. Un día a los músicos los cogió la noche y llegaron al pueblo en la madrugada. La puerta estaba cerrada e intentaron violentar el candado, sentimos el ruido y la gente del pueblo se levantó con piedras y machetes a averiguar quién trataba de entrar , narró Jorge Luis, un pescador local. Al grupo no le quedó más remedio que devolverse.

Aunque los habitantes del pueblo saben que una puerta no es suficiente para bloquear la violencia, creen que de esta forma se les complicarán las cosas a quienes quieran hacerle daño a la comunidad .

Una puerta puede ser tumbada, pero el mensaje es claro: no queremos que nos invadan, que nos alteren la paz , asegura el presidente de la Junta de Acción Comunal.

Fuentes militares aseguran que aunque Piñalito y su vecino, Barranco de Yuca, no son comunidades violentas, su ubicación las ha convertido en corredores de paso, tanto de la guerrilla como de las autodefensas.

Esa ruta es usada por los delincuentes para huir, desde los Montes de María, hasta la Serranía de San Lucas, en el sur de Bolívar , explica un oficial del Ejército.

Mientras los habitantes de Piñalito esperan que el Estado se ocupe de brindarles la seguridad que les permita seguir oyendo champetas y recorriendo sus calles tranquilamente, la reja seguirá siendo cerrada todas las noches. La respuesta a quién quiera entrar a deshoras será la misma: Vuelva mañana a las 6 de la mañana, el pueblo ya está cerrado".

FOTO.

1. Un pequeño grupo de habitantes de Piñalito se encarga de vigilar que nadie entre ni salga del pueblo, después de las horas límite.

2. Además de la pesca, los habitantes del pueblo se dedican a cultivar algunas hortalizas y verduras.

Fotos: Manuel Pedraza / EL TIEMPO