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UNA DECISIÓN MUY ACERTADA

Por fin un gobierno se atrevió a tomar una medida que debió haber sido adoptada hace mucho tiempo. El presidente Uribe y su Ministro de Minas y Energía - Luis Ernesto Mejía - decidieron corregir de una vez por todas una aberración económica que le estaba costando mucho a los estratos menos favorecidos de Colombia. Se trata de la eliminación del subsidio a la gasolina, un paso trascendental en materia social.

16 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Por fin un gobierno se atrevió a tomar una medida que debió haber sido adoptada hace mucho tiempo. El presidente Uribe y su Ministro de Minas y Energía - Luis Ernesto Mejía - decidieron corregir de una vez por todas una aberración económica que le estaba costando mucho a los estratos menos favorecidos de Colombia. Se trata de la eliminación del subsidio a la gasolina, un paso trascendental en materia social.

Lo que venía sucediendo era muy grave. Con el pretexto - exagerado - de que eliminar este subsidio dispararía la inflación, sumado al argumento de que la elevación del precio de la gasolina estimularía al contrabando, se evitó adoptar esta decisión. Ambas excusas no tienen buenos fundamentos ; la primera es falsa , el impacto en el aumento en el costo de la vida del desmonte del subsidio será marginal - así lo demuestran estudios serios; la segunda supuesta justificación es absurda - escudándose en el posible aumento del contrabando se debería entonces subsidiar a muchos otros productos que también tienen competencia ilegal.

Los más beneficiados con esta medida serán los colombianos más pobres. Porque los 1.5 billones destinados a subsidiar la gasolina serán de ahora en adelante empleados en inversión social. En lugar de abaratar la gasolina para los carros particulares de los estratos pudientes , esos cuantiosos recursos se dedicarán a pagar la inmensa deuda social que se tiene con los estratos 1 y 2 de Colombia. Quienes principalmente se han favorecido durante mucho tiempo con este esperpento han sido el 6 por ciento de ciudadanos de alto poder adquisitivo que tienen carro.

Por fortuna para la justicia social, en el futuro esa plata se usará para la revolución educativa, para robustecer las arcas del Sisbén y para llevarle electricidad a muchos ciudadanos humildes que hoy no cuentan con ese indispensable servicio.

Es increíble, vergonzoso, que no se haya corregido antes este muy regresivo error del subsidio. Tanto dinero que debió haber sido invertido en prioridades sociales se dilapidó en estimular el nocivo uso exagerado de los vehículos de la gente pudiente. Expresar en obras sociales todo ese dineral que se malgastó, le daría la razón a los críticos de la labor redistributiva del Estado.

El subsidio a la gasolina ha sido un monumento a la insensatez y la insolidaridad social. Celebramos su desaparición. El Presidente Uribe demuestra con esta acertada decisión que sí es progresista en materia social, que no es un derechista preocupado tan solo por la suerte de los empresarios y de las élites de las ciudades principales.