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SOBRE LA MERITOCRACIA

En referencia a su editorial sobre la meritocracia: El intento de establecer la meritocracia en los altos cargos es un propósito loable pero no basta. El problema de la selección del personal es un asunto complejo que si bien merece atención, no puede concentrarse únicamente en la selección ni mucho menos en la garantía de la academia y de las firmas privadas.

16 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

En referencia a su editorial sobre la meritocracia: El intento de establecer la meritocracia en los altos cargos es un propósito loable pero no basta. El problema de la selección del personal es un asunto complejo que si bien merece atención, no puede concentrarse únicamente en la selección ni mucho menos en la garantía de la academia y de las firmas privadas.

En primer lugar, los procesos de selección demuestran que la gente es capaz de pasar los exámenes pero ello no es predictor de un buen desempeño laboral.- En segundo lugar, la administración pública, gerencia o gestión pública no es asunto meramente instrumental. Los académicos y las costosas firmas internacionales de cazatalentos se concentran en habilidades técnicas instrumentales que provienen de esquemas prefabricados y desconocen los aspectos actitudinales que subyacen a una cultura altamente normativista y prescriptiva de la función pública que se asocia a las prácticas del trabajo.

El servicio público es ante todo una vocación; y no basta para ello prescripción! es retórica de servicio al cliente, que han resultado ineficaces aún en las firmas privadas, si no hay una profunda interiorización de los comportamientos que se requieren para desempeñar con dignidad un función comunitaria de servicio. Por otra parte, la función pública requiere gestionar interdependencias. La vinculación de empleados provenientes de medios privados que por su origen poseen una mentalidad fragmentada ha generado una nociva sectorización de los asuntos públicos incapaz de enfrentar la realidad desde un punto de vista sistémico.

Tampoco la ESAP está en capacidad de lograr una verdadera formación de funcionarios ya que se ha dedicado a transplantar discursos retóricos de bajo nivel. Se requieren profundas innovaciones en los modelos mentales y comportamientos que subyacen a la función pública, pero no son, insisto , los de la empresa privada, como erróneamente se cree. Acaso nuestra empresa privada puede tomarse como modelo?. Allí también hay free riders,! corrupción y mediocridad. Se necesita liderazgo y esto es más que acopio de técnicas gerenciales.

Bernardo Guerrero Lozano