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HERSÁN

Ayer se cumplió el octogésimo aniversario del nacimiento de Hernando Santos Castillo, que escribió durante más de cuarenta años la columna Detrás de las Noticias con el seudónimo de Hersán, acrónimo de su nombre y su primer apellido, y fue director de EL TIEMPO por diez y ocho años, desde 1981 hasta su muerte, ocurrida el 20 de abril de 1999. Habría podido vivir para que le celebráramos su octogenario, pero me temo que le dio jartera tener que aguantarse el desgobierno de Andrés Pastrana.

16 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Ayer se cumplió el octogésimo aniversario del nacimiento de Hernando Santos Castillo, que escribió durante más de cuarenta años la columna Detrás de las Noticias con el seudónimo de Hersán, acrónimo de su nombre y su primer apellido, y fue director de EL TIEMPO por diez y ocho años, desde 1981 hasta su muerte, ocurrida el 20 de abril de 1999. Habría podido vivir para que le celebráramos su octogenario, pero me temo que le dio jartera tener que aguantarse el desgobierno de Andrés Pastrana.

Como periodista, lo fue integral. De la cabeza a los pies, de corazón, de alma y de cerebro. Había nacido con el chip del periodismo, heredado de nuestro padre, el incomparable Calibán, y vivió y murió en función del periódico. Sus primeras armas las veló en la sección de Internacionales -como se decía entonces- y al ser clausurado EL TIEMPO, en 1955, ocupó en Intermedio el cargo de Jefe de Redacción, con su hermano mayor, Enrique, que ya lo desempeñaba desde 1945.

Contrajo matrimonio en 1948, unos días después del pavoroso 9 de abril, con Helena Calderón, y tuvieron siete hijos. Guillermo, un verdadero filósofo de las comunicaciones cibernéticas; Rafael, pedagogo y codirector de EL TIEMPO; Hernando, uno de los mejores cirujanos del corazón que hay en Colombia; Camilo, piloto avezado; Juanita y Adriana, periodistas sagaces y promotoras de magníficas publicaciones; y Francisco, actual Vicepresidente de la República. Con toda justicia, diría Hersán, como el orgulloso Alejandro Dumas, padre, lo mejor de mí son mis hijos . Es necesario anotar que ellos se educaron bajo el ejemplo de sus padres, y que este ejemplo fue decisivo para que llegaran a ser lo que hoy son, ciudadanos que enaltecen a su país y que lo sirven con voluntad e inteligencia, como lo hizo Hersán en el curso de su existencia admirable.

Yo fui su humilde discípulo y aprendí de él, y de Enrique, los principales secretos de este oficio de locos. El principal de los cuales es, según solía repetirme Hernando, servirle a la gente, mi chinito, sin esperar nada distinto a la satisfacción de prestar bien y a tiempo un buen servicio .

Lo que más me gustaba de Hersán era su sentido del humor, su chispa bogotana y su gran ecuanimidad. Gozaba lo indecible con las caricaturas de Osuna y cuando le propusieron que lo trajera para EL TIEMPO, respondió: No, porque perdería la gracia .

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El texto de la Reforma Política presentada por el Gobierno al Congreso, me ha recordado el célebre pensamiento de Horacio: Parturiunt montes, nascetur ridiculus mus .