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EL DRAMA FISCAL

La situación de las finanzas públicas es verdaderamente crítica. No se necesita apelar a la estrategia que utilizó el Conde Duque de Olivares cuando, nombrado primer ministro del rey de España, le ordenó a su colaborador Gil Blas de Santillana que pintara de manera exagerada las condiciones en que encontraba las rentas del reino, para que el pueblo jamás pudiera añorar a su antecesor. En el caso colombiano no se necesita de hipérboles porque la realidad es dramática: los recaudos tributarios son notoriamente deficientes, el gasto público resulta elevado frente al nivel de ingresos, todo lo cual se torna más grave por la necesidad de generar recursos que permitan afrontar los serios desafíos de la nación.

30 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

La situación de las finanzas públicas es verdaderamente crítica. No se necesita apelar a la estrategia que utilizó el Conde Duque de Olivares cuando, nombrado primer ministro del rey de España, le ordenó a su colaborador Gil Blas de Santillana que pintara de manera exagerada las condiciones en que encontraba las rentas del reino, para que el pueblo jamás pudiera añorar a su antecesor. En el caso colombiano no se necesita de hipérboles porque la realidad es dramática: los recaudos tributarios son notoriamente deficientes, el gasto público resulta elevado frente al nivel de ingresos, todo lo cual se torna más grave por la necesidad de generar recursos que permitan afrontar los serios desafíos de la nación.

Frente a este cuadro, la respuesta de sentido común es la de aumentar impuestos y disminuir gastos. Sin embargo, la receta, que es muy fácil de enunciar, encuentra muchas dificultades a la hora de traducirse en realidad. No sólo porque los remedios son amargos para cualquier sociedad sino porque en algunos casos la intensidad de la dosis puede producir efectos contrarios a los que se buscan.

El Ministro de Hacienda ha dicho que el déficit fiscal para el 2002 será de 3.5% del PIB y puede llegar incluso al 4.1%. Hay un consenso en el que convergen ahora tirios y troyanos, cuando afirman que el problema obedece al menor crecimiento de la economía. Hasta el Banco Mundial reconoce que para superar la crisis fiscal la mejor reforma tributaria es el crecimiento económico. Es muy triste tener que comprobar que varias de las reformas impositivas aprobadas durante los últimos años han resultado ineficaces y contribuido muy poco a resolver el problema fiscal, pero en cambio sí han tenido un innegable efecto en la profundización de la recesión económica.

Otro tanto se puede decir de ciertos ajustes del gasto que han sido contraproducentes porque se han concentrado en recortes a los gastos de inversión o en reducciones inequitativas de la nómina o de los salarios reales que acaban mutilando la capacidad de compra de las masas populares. Ahora se plantea eliminar la exención del 30% no constitutivo de renta gravable para los asalariados, cuando lo que se necesita es ampliar la base de contribuyentes.

La pregunta obvia entonces es: no ha faltado coherencia entre las políticas que deben propiciar el crecimiento económico y las que buscan el equilibrio fiscal? Con crecimientos del PIB del 1%, como el que se estima en forma optimista para este año, los recaudos tributarios languidecen y el esfuerzo por reducir el déficit se torna nugatorio.

Claro está, sin seguridad no hay crecimiento económico, pero sin este último tampoco se generan los recursos indispensables para garantizar la seguridad y financiar la inversión social. Cómo salir de este círculo vicioso? Lo primero es abandonar los fanatismos ideológicos que insisten en aplicar el mismo tipo de fórmulas que han fracasado en forma estruendosa. Hay que abrir espacio a la heterodoxia macroeconómica.

Es cierto que hay que generar mayores recaudos tributarios y mejorar la eficiencia del Estado, pero no se debe descartar la utilización de otros instrumentos o acciones de política y, sobre todo, no se debe concentrar en uno sólo de ellos la esperanza de la reactivación económica. Con los actuales niveles de inflación y desocupación de factores productivos una emisión monetaria puede ser muy útil para provocar el impulso inicial que está necesitando la economía colombiana. Y algo que se está requiriendo con urgencia: reestructurar los perfiles de vencimiento de la deuda pública para lograr holgura en la asignación de recursos y disponer de flexibilidad presupuestal.