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LA GUERRA TRANSMUTADA

La prensa extranjera nos consagra a diario opiniones de expertos muy escasos de luces. Franceses o suecos, por ejemplo, no atinan una cuando se refieren a lo nuestro. Hay que ver lo engolados que se ponen para decir tres bobadas sobre el destino anverso y reverso de Colombia, de Uribe, de las AUC, del ecosistema, de los vecinos, asumiendo que aquí hay una guerra propiciada por los yanquis y por una oligarquía rapaz. Ciertamente, entre las brújulas mudas, ésa casi nunca falla. El problema es que bajo una óptica así de simplista se suele dar por hecho que los señores Jojoy, Romaña o Timochenko son de izquierda, siendo que actúan como la peor derecha. Y de paso se nos tilda a quienes luchamos desarmados por más justicia social, usted y yo, de hacerle el juego a todo lo abominable que hay en el mundo, incluidas la pobreza y la degradación del medio ambiente.

01 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

La prensa extranjera nos consagra a diario opiniones de expertos muy escasos de luces. Franceses o suecos, por ejemplo, no atinan una cuando se refieren a lo nuestro. Hay que ver lo engolados que se ponen para decir tres bobadas sobre el destino anverso y reverso de Colombia, de Uribe, de las AUC, del ecosistema, de los vecinos, asumiendo que aquí hay una guerra propiciada por los yanquis y por una oligarquía rapaz. Ciertamente, entre las brújulas mudas, ésa casi nunca falla. El problema es que bajo una óptica así de simplista se suele dar por hecho que los señores Jojoy, Romaña o Timochenko son de izquierda, siendo que actúan como la peor derecha. Y de paso se nos tilda a quienes luchamos desarmados por más justicia social, usted y yo, de hacerle el juego a todo lo abominable que hay en el mundo, incluidas la pobreza y la degradación del medio ambiente.

En semejante confusión de lenguas, subleva que nuestros propios analistas estén perdiendo el norte al insinuarle al nuevo gobierno que actúe en determinado sentido para evitar que los observadores extranjeros y la comunidad internacional piensen esto o aquello. Lo puede usted leer en varios editoriales. Ya no somos los colombianos quienes debemos ser consultados, sino los senadores demócratas o los socialistas alemanes. El caso es que, aparte de unos cuantos analistas serios que también los hay, como Malcom Deas, por citar al más lúcido-, suman ya docenas los lagartos de distintas nacionalidades que viven de colgarle intelecto a la cooperación que se le ofrece a Colombia, aventando juicios de valor perfectamente sesgados. No hay que pararles tantas bolas. Somos una democracia asediada y débil, sí, injusta y corrupta, cierto también, pero no estamos bajo la bota de un autócrata, no vivimos bajo mordaza, no nos defiende un ejército de asesinos, ni las FARC son el brazo armado del pueblo. Por lo demás, a quienes nos miran como si fuéramos Ruanda, hay que recordarles que nada hay menos democrático que el racismo que les sube a gringos y europeos pierna arriba. Y que la corrupción nuestra tiene sus más conspicuos gestores en sus prestamistas, en sus vendedores de armamento, en sus multinacionales que ganan negocios a pata chueca y pleitos inicuos contra Estados pobres y desguarnecidos como los nuestros, presionando desde las embajadas.

El nuevo gobierno enfrenta muchos amigos hostiles. Los hay afuera, en el contexto antedicho. Los hay en el vecindario, y es el caso de una Venezuela borracha con la grandilocuencia del coronel que echó a perder su propia cita histórica para un cambio que era por única vez viable y de legitimidad indiscutible. Y los hay adentro, en fin. Si en tres años de conversaciones de paz el establecimiento no fue capaz de hacer una sola propuesta de ajuste al modelo de desarrollo social, ni una sola de empleo, ni siquiera un asomo de redistribución agraria, tres condiciones necesarias para el progreso del régimen burgués, es porque tenemos una dirigencia no tan solo insensible, sino incompetente. Si la clase política no fue capaz de liderar, pero ni siquiera de secundar una apertura del sistema y controlar el remolino de corrupción, es porque tiene vocación suicida. Si se sigue alentando el reclutamiento guerrillero por la pobreza y la falta de oportunidades de los jóvenes, es porque tenemos un régimen autista. Con semejantes aliados ajenos y propios, no hay mucha esperanza de ganar la guerra militar. .