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DE LA SALA DE LECTURA AL BIBLIOJEEP

La carreta que carga Oswaldo Gutiérrez no es pesada, aunque lleva 200 libros. Sus medidas le permiten entrar por la puerta de cualquier casa e instalarse en las esquinas de barrios, parques y centros comerciales. Lo confunden a uno, piensan que lleva chucherías , admite Gutiérrez, el bibliotecólogo de Sabaneta (Antioquia), satisfecho con su invento: la bibliocarreta .

01 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

La carreta que carga Oswaldo Gutiérrez no es pesada, aunque lleva 200 libros. Sus medidas le permiten entrar por la puerta de cualquier casa e instalarse en las esquinas de barrios, parques y centros comerciales. Lo confunden a uno, piensan que lleva chucherías , admite Gutiérrez, el bibliotecólogo de Sabaneta (Antioquia), satisfecho con su invento: la bibliocarreta .

El carrito le lleva la Biblioteca Municipal a quienes no pueden ir a ella. Hay que echarle el cuento de la lectura a la gente dice Gutiérrez , por igual a campesinos y comerciantes, para que lean y busquen lo que les pueda interesar .

Su invento no es único en Colombia. Cuando Rosa Conde habla de la biblioteca rodante de Granada (Meta), hay quienes piensan en un edificio que se traslada por el aire. En realidad, es una camioneta Luv que lleva siete años haciendo llegar los 15 libros que carga, a las veredas aledañas. Los líderes campesinos ayudan indagando sobre gustos y necesidades de agricultores y ganaderos. A las señoras les interesa aprender de primeros auxilios, cocina o artes manuales- dice Conde- . Les llevamos los libros con el carro para que los lean .

En Corinto (Cauca), la Biblioteca Municipal se edificó en un restaurante abandonado. Esta ideó proyectos como las bibliocajitas que se dejan en la mitad de los parques. En torno a ellas, profesoras y alumnos realizan horas del cuento o clubes de lectura. Es una forma de que escojan lo que quieren leer- dice Marta Lucía Riascos, la bibliotecaria- . En Colombia, nos acostumbramos a leer lo que nos imponen y lo importante es darle al público libros que gusten y sirvan .

Las maletas viajeras son el experimento de la Biblioteca Pública Miguel Angel López, de Maicao. Estudiantes que hacen el servicio social las llevan a barrios y parques dos veces por semana. Existen, también, el bibliojeep , de Sibundoy (Putumayo); el bibliobus , de Villavicencio; la Carreta de leer , de Carmen del Viboral (Antioquia), que dejó de transportar cemento para llevar libros, y la zorra mágica , que echa mano de la tracción animal y es un acontecimiento en el municipio de Teorama (Santander). En El Banco (Magdalena), la gente disfruta de la Biblioteca al parque, sus talleres de lectoescritura y sus tertulias literarias.

Además de cultivar lectores, estos proyectos buscan erigir la biblioteca en un polo de cultura y un espacio de distensión del conflicto. Así lo dice Conde: las bibliotecas son espacios abiertos. No deben excluir a ningún lector. Toda la comunidad tiene el derecho de estar en ellas .

Eugenia Ballesteros, de la Biblioteca San Vicente de Chucurí (Santander), anota que su municipio vivió mucha violencia pero que la biblioteca empezó a ir a las escuelas y al campo invitando a obras de teatro y danza. Hemos sido capaces de traer a la gente al parque a participar, llenando ese espacio de miedo invitando a los municipios a que participen.

Estos proyectos se han realizado gracias al impulso dado por el Ministerio de Cultura a éstas y otras 35 bibliotecas públicas del país, ganadoras de la convocatoria Colombia crece leyendo , por la que se asignaron 2 mil millones de pesos, con los que, probablemente, se construirán más bibliocarretas a lo largo del país.

Anague@eltiempo.com.co