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LA VÍA RÁPIDA RESTAURA Y AMPLÍA BENEFICIOS COMERCIALES PARA CUATRO PAÍSES ANDINOS

Después de enfrentar muchas veces la derrota, una ley comercial de gran alcance fue aprobada ayer por el Senado estadounidense, dando al presidente George W. Bush la potestad para para impulsar una mayor liberalización comercial en todo el mundo.

02 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Después de enfrentar muchas veces la derrota, una ley comercial de gran alcance fue aprobada ayer por el Senado estadounidense, dando al presidente George W. Bush la potestad para para impulsar una mayor liberalización comercial en todo el mundo.

Con la autoridad de vía rápida (fast-track), el presidente estadounidense podrá ahora negociar acuerdos comerciales que el Congreso puede aprobar o rechazar, pero no enmendar. Asimismo, la legislación restaura y amplía diversos beneficios comerciales a cuatro países andinos, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, con la llamada Ley de Preferencias Arancelarias Andinas.

El gobierno de Bush ha promovido el fast-track como un estímulo para la economía estadounidense, pero los beneficios para ésta no serán inmediatos.

Los primeros acuerdos que haga posible la legislación serán pequeños, mientras que las ambiciones más amplias de la Casa Blanca de una reducción regional y mundial de aranceles enfrentan una serie de retos significativos.

Aun así, la aprobación por un margen de 64-34 representa una victoria importante para Bush, quien espera firmar la legislación la próxima semana. La ley ayudará al presidente a pulir sus credenciales de libre comercio después de su controvertida decisión de imponer aranceles sobre las importaciones de acero a comienzos de año. La legislación también le dará el impulso necesario para recuperar el prestigio estadounidense al frente del comercio internacional.

El Congreso aprobó el paquete a pesar de la creciente inquietud sobre libre comercio en muchos sectores. Por ejemplo, en el sur de EE.UU., los representantes de distritos textileros argumentan que una rebaja de aranceles golpearía aun más al ya aproblemado sector, mientras que grupos sindicales y ecológicos dijeron que la vía rápida permitirá al presidente crear acuerdos en detrimento de los trabajadores estadounidenses y de las garantías ambientales.

La victoria no estuvo exenta de costos para Bush, quien tuvo que hacerse de apoyo en el Congreso protegiendo las industrias siderúrgica y maderera, y aumentando los subsidios para los agricultores. Los republicanos también cedieron a las demandas de que la ley incluyera varias medidas sin precedentes para ayudar a los trabajadores que pierdan su empleo como consecuencia de la competencia comercial en otros países.

Bush podrá firmar tratos que el Congreso puede rechazar, pero no enmendar.

El dinero para cubrir los costos de recapacitación y seguros de salud temporales para los trabajadores desplazados por el comercio se triplicará, a unos US$1.200 millones por año. La ley también ofrece el primer programa de seguro de salario, dando US$5.000 al año a los trabajadores que terminen aceptando un empleo de menor sueldo.

Los promotores de la ley argumentan que otros países le han ganado terreno a EE.UU. El Congreso finalmente miró en el espejo, y se dio cuenta de que países alrededor de nosotros estaban firmando acuerdos de libre comercio unos con otros, y de que avanzar con nuestros propios acuerdos es crucial para la economía estadounidense , dijo Thomas Donohue, presidente de la Cámara de Comercio de EE.UU.

Un ejemplo claro es Chile. Tres presidentes estadounidenses han hablado sobre lanzar un acuerdo de libre comercio con el país sudamericano, pero la falta de la autoridad de vía rápida hizo que las conversaciones se empantanaran.

En tanto, Chile avanzó y firmó acuerdos de eliminación de aranceles con México y Canadá en 1997, y uno con la Unión Europea que entrará en vigor el próximo año. Las exportaciones estadounidenses a Chile se estancaron.

El representante comercial de la Casa Blanca, Robert Zoellick, tiene grandes planes sobre cómo usará la autoridad de vía rápida para diseñar acuerdos comerciales bilaterales, primero con Chile y Singapur, y después con Australia y una larga lista de otros socios potenciales, incluyendo varios países de Africa. También, hay planes de extender el Tratado Norteamericano de Libre Comercio (TLCó NAFTA) hacia el resto de América, aunque abundan los escépticos de esta idea en Brasil y Argentina.

Pero el plato fuerte será la reanudación de las conversaciones comerciales globales que se iniciaron el año pasado en Qatar, dentro de la Organización Mundial de Comercio (OMC). De ser exitosas, estas conversaciones podrían incrementar el acceso a mercados de una amplia variedad de productos estadounidense, incluyendo servicios como banca y telecomunicaciones.

La autoridad otorgada esta vez al presidente es limitada, y contiene una letanía de temas que tendrán que ser negociados en las áreas laboral y ambiental.