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ADIÓS A LAS PLAZAS

En una esquina, dos hombres consumen apaciblemente un cigarrillo de marihuana y luego, a hombro, descargan un camión de granos. Un rato después vuelven al sitio, quizás a fumarse otro porrito .

03 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

En una esquina, dos hombres consumen apaciblemente un cigarrillo de marihuana y luego, a hombro, descargan un camión de granos. Un rato después vuelven al sitio, quizás a fumarse otro porrito .

La escena ocurre en la Central de Abastos de Bogotá (Corabastos) a las 10 de la mañana del sábado, a plena luz del día y ante los ojos de todos los transeúntes; "es el colmo", dice un ocasional comprador, quien- ante la inseguridad reinante allí- se santigua en espera de que su carro no sea desvalijado mientras hace su mercado.

Cuando regresa, promete no volver; "lo que me ahorro, lo pierdo aquí mismo en tiempo e inseguridad", concluye. A este comentario se suma el estado deplorable de los 10 kilómetros de vías internas, las ventas ambulantes ilegales, la prostitución y la venta de drogas.

Sin embargo, bajo estas condiciones, en las 36 bodegas de Corabastos se comercializan mensualmente 200 mil toneladas de productos, negocios calculados en un billón de pesos.

Allí mismo, en un área de 40 hectáreas, conviven 6.000 comerciantes 3.000 empleados directos, 20.000 empleados indirectos y no menos de 200.000 personas que diariamente la visitan.

Las plazas también juegan.

Este es parte del diagnóstico que los profesores de la Universidad Nacional, Iván Correa y Alvaro Viña, hicieron acerca de los aspectos del mercadeo agropecuario en Bogotá.

Ante el caos reinante en Corabastos- dicen los investigadores- las plazas de mercado y los super e hipermercados le han quitado una buena tajada del negocio, esto sin contar las 130.000 tiendas de barrio de la ciudad y otros expendios informales de venta de líchigo .

Por el lado de las 44 plazas de mercado que funcionan en Bogotá la situación es similar a la de Corabastos, aunque con menor grado de intensidad.

"Igualmente, son grandes violadoras de las normas de higiene y de seguridad, como el manejo del gas, de los residuos sólidos y de las instalaciones eléctricas", dice Viña, quien es ingeniero industrial y profesor de la Facultad de Ciencias Económicas.

Otro aspecto destacado del estudio de los investigadores está relacionado con el acopio de productos de origen agropecuario, monopolio que tuvieron hasta 1959 las 14 plazas de mercado existentes en Bogotá. Ese año se abrió el primer supermercado (el Carulla de la calle 57).

Posteriormente, en los años setenta se instalaron más supermercados junto a los centros comerciales que se pusieron de moda por aquella época; esta situación se mantuvo hasta los años noventa.

En 1992 surge el concepto de hipermercado con Alkosto y en 1995 con Makro y Carrefour. A finales de la década llegó Surtimax y recientemente, tiendas especializadas en frutas y hortalizas ecológicas (cultivadas sin químicos).

Como característica especial, tanto de las anteriores como de las otras cadenas de supermercados del país, acopian hasta el 80 por ciento de los productos agropecuarios que venden y para esto han manejado directamente modelos de producción como la agricultura por contrato.

Así han logrado abastecerse, manejando con criterios de calidad un gran número de productos; de esta forma dejaron rezagadas las prácticas de comercio de las plazas y centrales, que no han cambiado mucho desde mitad del siglo pasado.

Actualmente, en el caso de las plazas, sólo en la de Fontibón y la del 20 de julio es posible el contacto directo entre el campesino productor y los compradores. En el resto, el comercio es manejado por intermediarios que se surten de Corabastos.

Entre muchas soluciones, el estudio plantea hacer una reingeniería total a estos centros de comercio y entregarlos directamente en administración a los mismos productores, organizados como comercializadores.

Así como la ciudad organizó sus sistemas de parqueo y el transporte, también debe organizar su sistema informal de comercio agropecuario, señala el estudio de la referencia.

"Esta es una necesidad imperiosa- dice Alvaro Viña- pues en las grandes cadenas no se consigue toda la variedad de productos que ofrecen las plazas".

Para ello, según sondeo realizado por los investigadores, el 85 por ciento de los ciudadanos reclama , para volver a la plaza, que se mejoren tres situaciones: la higiene y salubridad de las plazas, la seguridad en sus alrededores (vecindario) y que las plazas queden cerca de sus viviendas.

Fuente: "Investigación de mercados para la formulación de una política pública de recuperación y manejo de las plazas de mercado del distrito capital".

Foto.

Atrás también se está quedando una cultura que creó su propio lenguaje: el del arrume, el atado, la caja, la canastilla, la carga, el guacal, el pucho, el racimo, la rueda, la tula, el wilado y el yipao.

Juan Carlos Domínguez