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Y DEL TOLIMA GRANDE

Todo parece indicar que en la agenda del nuevo gobierno será importante el tema de regionalización como un reconocimiento a esa realidad de que Colombia es un país de regiones. Muchos extranjeros se sorprenden, por ejemplo, de la cantidad de ciudades prósperas que existen en el país, y que por sí solas constituyen mercados potenciales interesantes, pero a renglón seguido señalan su aislamiento y la frágil coordinación con las instancias nacionales de decisión. Las explicaciones locales sobre las crisis en capitales y municipios apuntan a la indiferencia y la poca atención que presta el Gobierno Nacional. Puede no faltar razón, pero las autoridades regionales tienen una gran cuota de culpa. En cualquier caso, aquella máxima gerencial de que el enemigo no está afuera, sino adentro adquiere mucha vigencia.

03 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Todo parece indicar que en la agenda del nuevo gobierno será importante el tema de regionalización como un reconocimiento a esa realidad de que Colombia es un país de regiones. Muchos extranjeros se sorprenden, por ejemplo, de la cantidad de ciudades prósperas que existen en el país, y que por sí solas constituyen mercados potenciales interesantes, pero a renglón seguido señalan su aislamiento y la frágil coordinación con las instancias nacionales de decisión. Las explicaciones locales sobre las crisis en capitales y municipios apuntan a la indiferencia y la poca atención que presta el Gobierno Nacional. Puede no faltar razón, pero las autoridades regionales tienen una gran cuota de culpa. En cualquier caso, aquella máxima gerencial de que el enemigo no está afuera, sino adentro adquiere mucha vigencia.

La semana pasada, Casa Editorial EL TIEMPO, al aumentar a dos días a la semana la circulación de su publicación Tolima 7 días, refrendó su fe en esa región y en un modelo de periodismo que ha sido exitoso como instrumento integrador de la comunidad y dinamizador del desarrollo. Los semanarios han servido para ventilar los problemas de las regiones, lo mismo que para mostrar su enorme potencial económico.

Tolima y su capital, Ibagué, no parecen ser una excepción en esa crisis por la que atraviesa la clase dirigente nacional, que, agobiada por la inseguridad y la difícil situación económica, ha preferido enconcharse. Ibagué tiene hoy la tasa de desempleo más alta del país, casi el 24 por ciento, y el subempleo llega al 39 por ciento. Hay un evidente deterioro social y una parálisis de la inversión privada. Y es en momentos de crisis cuando los tolimenses quisieran ver a su dirigencia trabajando unida en la atención de los problemas que agobian al departamento. Esa actitud, acompañada de no pocas mezquindades, ha terminado prácticamente por borrar del panorama nacional a una clase dirigente otrora combativa y fogosa. Prueba de ello es que desde 1986 el Tolima no estaba representado en el gabinete ministerial. Prima la sensación de que cada dirigente marcha por su lado y la pugnacidad se ha convertido en patrón de comportamiento. Eso de convertir pequeñas diferencias en grandes peleas es el camino más equivocado para sacar a la región de la olla.

La clase dirigente tolimense no puede ser inferior a los gigantescos retos que tiene el departamento. El tamaño de la crisis exige que se construyan con más decisión los consensos y los puntos de encuentro, donde las múltiples fuerzas de la región definan objetivos comunes, y empujen todos en esa dirección. El país conoce a los descendientes de los pijaos como una raza aguerrida y corajuda, atributos que llevaron al Tolima a ser una potencia agrícola y cafetera, un centro textil y de confecciones de primera línea, un destino turístico apetecido y una cuna literaria y musical.

La propuesta del Tolima al Gobierno Nacional y sus parlamentariosi , un ejercicio realizado por la Gobernación, la Alcaldía, los medios de comunicación y un grupo de empresarios, con las perfecciones y ajustes requeridos, debería ser el punto de partida de una etapa decisiva hacia la construcción de un plan de acción que guíe el futuro del departamento. Seguramente los representantes tolimenses en el Congreso y el nuevo Gobierno tendrán que darle especial atención, precisamente por ser resultado del consenso y la unión. Allí están consignados viejos anhelos, como el proyecto de irrigación del triángulo del Tolima, lo mismo que el distrito de riego de Golondrinas. Plantea la urgencia de un plan de agua potable y saneamiento básico para Ibagué y la necesidad de reactivar económicamente las zonas cafeteras. Tiene el documento imperdonables omisiones: no menciona el túnel de La Línea ni aborda el tema de las confecciones, de cara a lo que se viene con la aprobación del Atpa.

Para que esta empresa de recuperar al Tolima tenga éxito es indispensable hacer a un lado los egoísmos y la antropofagia y rescatar aquellos espacios donde la discusión sirva para enriquecer la propuesta y conciliar las diferencias. Por ahora echamos de menos la tradicional pujanza tolimense.