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SOY COLOMBIANO

Perseverantes y Disciplinados El pasado 12 de julio, después de recibir el premio al mejor deportista iberoamericano del 2001, Juan Pablo Montoya escuchó una inusual oferta del rey Juan Carlos de España: convertirse en ciudadano de ese país. Le agradezco mucho, pero estoy muy orgulloso de ser colombiano fue su respuesta. España no tiene un piloto triunfador en la Fórmula 1, la principal categoría del automovilismo mundial. Colombia sí. Montoya ya puso la bandera colombiana en lo más alto en Monza. Lleva el tricolor en la cabeza: el diseño de su casco tiene el amarillo, el azul y el rojo, y si queda alguna duda, en las dos esquinas de los visores hay banderas colombianas.

02 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Perseverantes y Disciplinados.

El pasado 12 de julio, después de recibir el premio al mejor deportista iberoamericano del 2001, Juan Pablo Montoya escuchó una inusual oferta del rey Juan Carlos de España: convertirse en ciudadano de ese país. Le agradezco mucho, pero estoy muy orgulloso de ser colombiano fue su respuesta. España no tiene un piloto triunfador en la Fórmula 1, la principal categoría del automovilismo mundial. Colombia sí. Montoya ya puso la bandera colombiana en lo más alto en Monza. Lleva el tricolor en la cabeza: el diseño de su casco tiene el amarillo, el azul y el rojo, y si queda alguna duda, en las dos esquinas de los visores hay banderas colombianas.

Montoya lleva 21 de sus casi 27 años (los cumple el próximo mes) frente a un timón. A los 5 años ya se destacaba en las competencias locales de karts, en las que trataba de emular los logros de su padre, Pablo, piloto de cierta trascendencia en las pistas colombianas en los años 70.

El sueño de Pablo era que su hijo llegara mucho más lejos que él.

El automovilismo colombiano le quedaba pequeño: ganó en todas las categorías en que compitió. Por eso había que buscar otras pistas. Pero los primeros días no fueron fáciles. Para participar en la categoría Barber Dodge, en 1994, Juan Pablo viajaba a Estados Unidos, aguantando frío en la parte trasera de los aviones de carga que llevaban flores a Miami. Esas carreras eran fiadas: papá Pablo pedía prestado dinero y confiaba en pagar con lo que ganara su hijo en las competencias. Ese año quedó de tercero y recuperó la inversión.

Cada año venía una categoría nueva y un escalón más: llegó de cuarto en la Fórmula 3 en el 96. Ya comenzaba a ser conocido. Una de las válidas se corría en Hong Kong. Montoya se alistaba para competir, cuando oyó un coro de diez mujeres que gritaban su nombre y Colombia!,.

Colombia!. Alguien le dijo que eran prostitutas, pero eso no le importó: se bajó del carro y fue hasta donde estaban para agradecerles su apoyo.

Cuando llegó a la Fórmula 3.000, tuvo que vivir en Austria, todavía con el cinturón apretado: habitaba un apartamento donde solo había dos televisores, una cama estrecha, un sofá con resortes por fuera y un lavaplatos, y se ahorraba el dinero del transporte desplazándose por las calles de Graz montado en unos patines.

Los triunfos comenzaron a llegar. Fue subcampeón de la Fórmula 3.000 en 1997. Al año siguiente llegó a lo más alto y fue piloto de pruebas de Williams. En 1999 se convirtió en el piloto más joven en ganar el campeonato Cart, con siete victorias. Un año después ganó las 500 Millas de Indianápolis y desde el año pasado está metido en la Fórmula 1, donde de entrada se volvió figura.

Montoya es osado en la pista y reservado fuera de ella, pues no habla de su vida privada. Está comprometido con Connie Freydell, con quien se casará próximamente. Le gustan la pasta y el jugo de naranja y es enfermo por los juegos en play station, en especial los que tengan que ver con carros. Allí también pone la bandera colombiana en el podio, el mismo tricolor que lleva en su casco y el que lo llevó a rechazar el cambio de nacionalidad. Juan Pablo Montoya es el colombiano más rápido del mundo.