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LA COLA EN EL SILLÓN PRESIDENCIAL

Los virreyes se juramentaban ante la Real Audiencia. Nariño se posesiona ante el serenísimo Congreso de Cundinamarca y sus antecesores de la Junta Suprema ante el pueblo en la Plaza Principal de Bogotá. Bolívar sale de Boyacá con rumbo desconocido, se adelanta a la tropa victoriosa y llega a Santa Fe solo. Días después, los libertadores son coronados de laureles, en plaza pública, por huérfanas, viudas y madres de los mártires. Entre ellas están las Ibáñez, que iban a construir mucha historia republicana.

04 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Los virreyes se juramentaban ante la Real Audiencia. Nariño se posesiona ante el serenísimo Congreso de Cundinamarca y sus antecesores de la Junta Suprema ante el pueblo en la Plaza Principal de Bogotá. Bolívar sale de Boyacá con rumbo desconocido, se adelanta a la tropa victoriosa y llega a Santa Fe solo. Días después, los libertadores son coronados de laureles, en plaza pública, por huérfanas, viudas y madres de los mártires. Entre ellas están las Ibáñez, que iban a construir mucha historia republicana.

Santander es el colombiano que ha ejercido más tiempo el mando supremo: vicepresidente durante seis años y presidente por cuatro. Pocos golpes de cuartel entonces. Melo derroca a Obando y va a morir fusilado en México. Mosquera se toma el mando después de varias batallas y hace expedir una nueva Constitución en 1863 en Rionegro. Varias veces es presidente. La última lo tumban los radicales con el pretexto de proteger la Constitución. Núñez, en 1880, en llave con el conservatismo, crea el Partido Nacional y manda hasta su muerte en Cartagena. No traía a doña Soledad Román a Bogotá porque un matrimonio civil no era considerado válido por la sociedad santafereña. El arzobispo Paúl lo sacó del lío al dar el brazo a la Primera Dama y atravesar con ella el Salón de los Virreyes.

Del Radicalismo a la hegemonía.

Los radicales, liberales laicos y federalistas, mandan en su oportunidad. Y con Núñez empieza el dilema copiado en España: regeneración o catástrofe. Vinieron ambas, porque entre 1880 y 1904 tenemos tres guerras y perdimos a Panamá. La receta es peor que la fórmula: la guerra civil sigue hasta cuando Benjamín Herrera pone la patria por encima de los partidos y acaba la contienda civil.

Reyes llega al poder por un escrutinio falso: el registro de Padilla del general Iguarán. Pero saca al país de las guerras con la tesis de menos política y más administración. Se hace reelegir por diez años. A los cinco pretende hacer aprobar el tratado con E.U. y los estudiantes, acaudillados por Olaya y Nicolás Esguerra, lo tumban. Deja encargado a Jorge Holguín y se embarca en Santa Marta. El vicepresidente, a quien Reyes sacó de su fórmula, lo sustituye por un año. Después Carlos E. Restrepo asume por cuatro años a nombre del Partido Republicano, que no tuvo muchos prosélitos y dejó tres presidentes: Restrepo, Olaya y Santos, los dos últimos buenos liberales pero amigos de la Unión Republicana. El Consejo de Estado, creado por el Libertador, revive entonces y la acción de inconstitucionalidad, hoy en cabeza de la Corte Constitucional, nos coloca a la cabeza latinoamericana en este tipo de controles jurídicos.

Las posesiones eran protocolarias. Sin embargo, se decían cosas duras: Abadía criticó a su antecesor y le llamó Régimen de la farándula y vil trapacería . Suárez nació en Bello en una choza, tenía la ilusión de llevar del brazo a su madre, Rosalía Suárez, lavandera de profesión, pero ya octogenaria murió ella poco antes de la posesión el 7 de agosto de 1918.

Silvio Villegas dice que entonces se escogían los candidatos así: Monseñor Perdomo dictó su arbitraje proclamando la candidatura Vásquez Cobo. Algún cura dijo a sus feligreses: No votéis por Valencia porque es ateo, masón, morfinómano y poeta . Cuál no sería la perplejidad del clérigo cuando, ocho días después, recibía un mensaje del primado apoyando la candidatura de Valencia para salvar al partido de gobierno, y ante el asombro de sus oyentes rectificó así: Me equivoqué de nombre: el que es ateo, morfinómano, masón y hasta poeta, es el tal Vásquez Cobo .

Olaya llega al poder por la crisis del 29, la agonía de la hegemonía conservadora, las bananeras y la lucha intensa del sindicalismo, las ligas campesinas y López Pumarejo para que el liberalismo se prepare para recibir el poder. El día de la llegada del nuevo partido al mando hay alegría. Olaya hace gabinete bipartidista y como si una oculta estrella hubiera conducido al hombre a su destino de la casa modesta de Guateque pasa al Palacio se posesiona. Expresa que han desaparecido paulatinamente las más ásperas divergencias que antes separaron los partidos. Defiende una relación intensa con E.U., para la que pide cooperación mutua, amplio y amistoso entendimiento. Su salud, precaria en esos días de la elección, es ahora buena como la salud de la República para enfrentar la crisis, abrir paso a los sindicatos antes perseguidos y las cooperativas antes desconocidas. La guerra con el Perú es ganada por Colombia, militarmente, y aun en las asambleas internacionales y en el gesto audaz de López, que viaja a Lima en medio del peligro.

El antecesor de López dedicó al tema internacional parte de su mensaje a la Nación al asumir el mando y también programó una facultad de economía no fundada entonces sino mucho después. López, lo que propone lo cumple. Cuando le llevan la banda presidencial y le explican que hay que ponérsela por debajo del sacoleva porque así la llevaba Olaya , López afirma que él se la pone por encima, es decir al contrario de su ilustre predecesor. El país entero está conmovido por una aspiración revolucionaria, que vuelve sus ojos hacia la República Liberal, anunciada por los directores de mi partido . Propone hacer revolución sin violencia. La inmensa obra de López afirma la validez de su programa. Laureano Gómez le da posesión cordialmente, pero poco después sale a pregonar la frase ritual: López me engañó . Con López entra el pueblo al poder, al sitio de las decisiones. Ser sindicalista, socialista, laico, ya no es delito. Colombia es una República de trabajadores. El sentido de patria y de pueblo en López no tiene igual. Dos veces es presidente.

La posesión de Santos es sobria. Preside el Senado Gabriel Turbay. Hay serenidad después de la revolución ya consolidada. Crea, de inmediato, el Ministerio de Trabajo (ley 96 de 1938) después de la inmensa obra de la oficina Nacional de Trabajo que, en manos de Francisco Posada, ha procesado la legislación que va de la OIT a los países signatarios de tratados para que conviertan la protección en leyes de las naciones. El discurso programa de Santos es amplio. Política vial, comunicaciones, industrialización, cooperativismo y carrera administrativa, son tratados a espacio. No ha de volver a existir entre nosotros ese tipo de semiprotectorado en que la fuerza de capitales o poderes extraños colocaba al país en posición subordinada más o menos precaria . Contra el armamentismo tiene frases de actualidad.

Lo sucede López, después de dura batalla contra el reeleccionismo librada por Arango Vélez, ave de tormenta aliado de Laureano. Los historiadores han sido injustos con la segunda administración López. No se ha hecho el inventario de obras inmensas, legislación moderna y enfrentamiento a las consecuencias de la guerra mundial. Tuvimos el hándicap de los neutrales. Carlos Lozano y Darío Echandía fueron designados y ocuparon el mando. Echandía, a raíz del 10 de julio, se encargó de la Presidencia en momentos difíciles y salvó a la República del golpe de Estado.

López renuncia irrevocablemente y no hay designado. Gabriel Turbay, quien maneja las mayorías parlamentarias, señala a Alberto Lleras. Es elegido. Su discurso es conciliador, pero critica duramente las costumbres políticas. Su discurso y los que siguieron señalan deslinde con el mandatario a quien sucede. La división liberal sigue su marcha: Gaitán y Turbay canalizan las fuerzas del partido de gobierno. Cerca a la elección, Laureano recibe el ofrecimiento de la candidatura conservadora. La rechaza y propone la de Ospina. El conservatismo, que venía acompañando a Gaitán en las plazas, se une en torno a él. Los ministros conservadores nombrados por Lleras hacen el empalme con la administración venidera. Durante ese gobierno hay dos decisiones fundamentales: la presencia de Colombia, como protagonista, en la fecha inicial de la ONU y la creación de la Flota Mercante Grancolombiana. A pesar de la presión sobre Lleras para que busque la unidad del liberalismo, el gobierno es neutral y el liberalismo se cae.

De Ospina al Frente Nacional.

El discurso de posesión de Ospina es de convivencia. José Jaramillo Giraldo le toma el juramento en larga intervención que dura de cinco a seis horas. Dos diplomáticos y el poeta Marquina, venido de España, caen moribundos ante la espera. José quiso ampliar la intervención para alargar las horas del liberalismo en el poder. El 9 de abril es asesinado Gaitán. El liberalismo escoge a Echandía como candidato y, en una manifestación pacífica, su hermano Vicente es asesinado en balacera que iba contra el maestro de Chaparral.

Como el Congreso está cerrado en 1950, Laureano se posesiona ante la Corte y escoge a su dignatario Domingo Sarasty como Ministro de Gobierno; pregona el nuevo estilo y prefiere la ley moral a la ley positiva. Veinte meses después se enferma el presidente. Alzate tiene mayoría para hacerse elegir designado, pero prefiere un período de cuatro años. Empero, el mandatario se repone de su fatal dolencia. Urdaneta es elegido designado por petición del jefe moribundo. Alzate se equivoca y sostiene que no es un error político sino un error de diagnóstico. El 13 de junio de 1953 se prepara la inauguración de la Asamblea Constituyente. Laureano se posesiona y desplaza a Urdaneta.

Rojas Pinilla, jefe del Ejército, es destituido pero retorna a Bogotá y da un golpe de Estado que Echandía califica como de opinión. Rojas se posesiona ante el micrófono de la Radio Nacional, en presencia de los jefes conservadores que desplazan a Laureano del Estado Mayor. Rojas presenta su programa: No más sangre, no más depredaciones a nombre de un partido político . El 10 de mayo de 1957, Rojas, ante un movimiento estudiantil y empresarial adverso, nombra una Junta Militar. El contraalmirante Piedrahíta lee los nombres en la Plaza de Bolívar. Un plebiscito legaliza el insólito sistema.

En 1962, Valencia hijo del poeta que aspiró siempre al mando supremo sin éxito llega a Palacio; a su lado, el carro de su esposa minusválida, el cual empuja con gesto conmovedor. El discurso del payanés es florido como todo lo que viene de la ciudad letrada. Le responde Víctor Mosquera, futuro presidente. En 1966, Lleras Restrepo es elegido presidente liberal, dentro de la alternación entre los dos partidos. Promete grandes cambios. Es administrador y ha ocupado todas las posiciones de la República. Hace una reforma constitucional y otra de la administración. Su posesión está enmarcada por la presencia de varios mandatarios de América.

En 1970, Pastrana Borrero es elegido por estrecho margen. En su posesión hay bochinche, como decía el general Miranda. El discurso corresponde a Abuchaibe, quien, por orden alfabético, tiene siempre la palabra en varios años por esas ceremonias.

En 1974 asume Alfonso López Michelsen. Viene de la oposición y de la llanura. Su programa se llama el Mandato Claro. Por vez primera se anuncia el listado de proyectos de la administración que comienza. Se llama Coquivacoa al Golfo y se enfrenta el diferendo con Venezuela en el discurso de posesión. Turbay Ayala le da respuesta y recuerda la frase del ilustre francés: Nunca ha sido fácil gobernar .

Turbay se posesiona y ya había sido Designado y encargado durante los gobiernos de Lleras Restrepo y de López. Enfrenta la toma de la Embajada Dominicana. Su plan de Integración Nacional es desarrollado por Enrique Vargas y su política exterior por Diego Uribe y Carlos Lemos.

A Belisario Betancur le da posesión Bernardo Guerra, su coterráneo de la montaña. Intenta una política de paz con una tregua ilímite y un prestigio hasta el día de la toma y del incendio del Palacio de Justicia, momento en que concluye para siempre su popularidad.

En 1986 se posesiona Virgilio Barco. Es más administrador que político.

En 1986 el candidato liberal debía ser Luis Carlos Galán. Es asesinado, lo mismo que otros aspirantes. El hijo de Galán pide a César Gaviria, jefe de debate, que asuma las banderas de su padre. Con ellas gana el debate. Se posesiona en las gradas del Capitolio. Su discurso recuerda a los heterodoxos liberales.

Le sucede Ernesto Samper, ex ministro de Estado y jefe del Poder Popular. Samper ratifica el compromiso del partido con programa de énfasis social. Después de un debate áspero, con la participación de los insurgentes como apoyo electoral, es elegido Andrés Pastrana en 1998. El juicio crítico sobre su administración apenas empieza y no falta quien lo considere el más discutido de los presidentes desde Venero de Leiva.

Terminamos con la elección de Alvaro Uribe, quien asume el mando supremo de la Nación esperanzada ante un Congreso presidido por Luis Alfredo Ramos y William Vélez, sus paisanos y compañeros de batalla.