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TERTULIAS, UNA TRADICIÓN

Los contertulios se volvieron a ver. Tras cuatro meses de ausencia las palabras retornaron para recordar al amigo. Hace ocho días, después del receso por la muerte del poeta José Manuel Arango, la tertulia del Jardín Botánico de Medellín se congregó de nuevo.

05 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Los contertulios se volvieron a ver. Tras cuatro meses de ausencia las palabras retornaron para recordar al amigo. Hace ocho días, después del receso por la muerte del poeta José Manuel Arango, la tertulia del Jardín Botánico de Medellín se congregó de nuevo.

A pesar del dolor por la partida de Arango, su gestor y guía, la tertulia integrada por poetas, periodistas y editores resurgió para continuar, como hace seis años, con su objetivo y su necesidad. Ser el punto de encuentro de compañeros de charla alrededor de un tema en especial.

Volvimos motivados por la defensa de la palabra. El amor por la poesía y la literatura pudo más que la pena por la muerte del amigo , afirma Gustavo Zuluaga, integrante de la tertulia del Jardín Botánico.

Esa necesidad es una tradición heredada de España. Esta costumbre en la historia del país generó grandes iniciativas y cambios, en todos los órdenes, y se convirtió en una importante institución.

En el Siglo XVIII grupos de estudio llamados tertulias dieron origen a la Expedición Botánica dirigida por José Celestino Mutis. A finales de la misma centuria la Tertulia Eutropélica, de la mano del cubano Manuel del Socorro Rodríguez, creó el Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá.

Ya en el Siglo XIX la independencia política no cambió las actividades culturales y literarias. Finalizando ese Siglo apareció La Gruta Simbólica, una tertulia de gran producción literaria y cultural en Bogotá.

El pasado antioqueño, rico en leyendas de mineros y arrieros, fomentó la creación de grupos que se sentaban alrededor de la mesa, en las noches, a escuchar historias. Años después muchas de estas conversaciones informales se especializaron y se centraron en reuniones con temas de intereses comunes.

En Antioquia, empezando el Siglo XX, los centros literarios y las tertulias se convirtieron en impulsoras de los cambios científicos, culturales y sociales que llegaban del extranjero , dice el linguista Juan Manuel Serna.

Fue en 1912 cuando en el café El Globo, y otros sitios que frecuentaban del centro de la ciudad, nació la famosa tertulia de Los Panidas . Durante tres años León De Greiff, Ricardo Rendón, Fernando González y Tartarín Moreira, entre otros, convulsionaron el ambiente de la ciudad. Después, algunos de ellos, empacaron maletas y enfilaron hacia la capital.

Con el crecimiento y la industrialización de la villa, la costumbre no desapareció. Se hicieron famosos los tertuliaderos en los cafés La Bastilla, Astor, Versalles y la heladería San Francisco en el Parque Bolívar, en el centro de Medellín. También en barrios propicios para la charla y la bohemia como Guayaquil, Boston y Sevilla.

Ya en los años setenta las tertulias se congregaron en los clubes sociales y en lugares que compartían diferentes grupos.

En esa época se hizo célebre el bar de Don Lao , que quedaba frente al teatro Sinfonía en la carrera Sucre. Allí nos congregábamos seguidores de la literatura y el tango como Manuel Mejía Vallejo, Carlos Gaviria Díaz, Jaime Jaramillo Panesso, Jaime El Pibe Henao y Félix de Bedout, entre otros , recuerda el poeta Juan Manuel Roca.

En los ochenta, con el auge del narcotráfico, los tertuliaderos del centro se desocuparon. La tertulia se atomizó y se desplazó a lugares más seguros . Así barrios como Carlos E. Restrepo, en el occidente de Medellín, se convirtieron en los sitios preferidos. Tuvimos que irnos. Cerca al Parque Bolívar casi nos dan bala dos veces , dice el escritor Darío Ruiz.

En la última década y los primeros años del nuevo siglo ese barrio, por su proximidad a la Biblioteca Pública Piloto (BPP), las universidades Nacional y de Antioquia y el Museo de Arte Moderno, concentra un buen número de tertulias. En sus zonas verdes y en las cafeterías se reúnen, para compartir la palabra artistas, estudiantes universitarios, ingenieros, geólogos y literatos.

En Medellín todavía sobreviven tertulias como la del Club Unión, que el próximo mes cumplirá 30 años, y otras como la de San Joaquín, que hace 12 días fue interrumpida por un explosivo lanzado en las afueras del sitio de encuentro.

También siguen algunas más recientes porque como dice uno de los integrantes de la tertulia del Jardín Botánico: que en un país tan agitado como Colombia se reúnan personas entorno a la palabra es muy bonito .