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LOS PRIMEROS TREINTA DÍAS

Desde el punto de vista administrativo, el Gobierno que se inicia ha ganado un tiempo valioso en su gestión. El empalme de sesenta días ha nivelado la información de los nuevos con los antiguos funcionarios; ha permitido evaluar la ejecución presupuestal a la altura de este año; y ha facilitado el establecimiento de las prioridades a la luz del programa de los cien puntos de Uribe Vélez, entre otras cosas.

08 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Desde el punto de vista administrativo, el Gobierno que se inicia ha ganado un tiempo valioso en su gestión. El empalme de sesenta días ha nivelado la información de los nuevos con los antiguos funcionarios; ha permitido evaluar la ejecución presupuestal a la altura de este año; y ha facilitado el establecimiento de las prioridades a la luz del programa de los cien puntos de Uribe Vélez, entre otras cosas.

Algo así se ensayó durante los primeros días del gobierno de Virgilio Barco, con la ventaja también de haberse conocido a derechas la situación de la administración Betancur desde los organismos centrales hasta los departamentos y municipios que en ese entonces se regentaban desde la capital. Por contraste con la situación actual, el partido liberal hizo todo el empalme solo y ello facilitó que las cosas fueran rápidas en los debates del Congreso.

Ahora los ministros designados tuvieron su tiempo. Pero no será igualmente fácil para los funcionarios que apenas llegan a las posiciones de segundo nivel (viceministros, secretarios generales, gerentes y directores), y de tercer nivel ejecutivo (subdirectores, subgerentes, jefes de división) quienes van a padecer el hecho de que sus jefes tienen más control de las situaciones en el momento de empezar a trabajar juntos. Cada aprendizaje en cada nivel, desemboca en una tardanza de las decisiones principales, o una improvisación sobre el camino de los problemas espinosos.

Hay aquí un desajuste que debe ser revisado: se hace necesario un breve pero intenso programa de inducción a todos los ejecutivos del piso de abajo. De lo contrario los primíparos van a quedar a merced de los veteranos de la carrera administrativa que trataran de establecer sus confines y sus ventajas procedimentales a espaldas de los verdaderos decididores. La gobernabilidad de una administración puede ganar aquí sus primeras batallas.

En un folleto que hace años editó la Función Pública, denominado Los Primeros Treinta Días , señalé algunas recetas para hacer más fácil el ingreso de un funcionario a sus nuevas responsabilidades. Todos los nuevos luchan contra la exigencia de resultados al otro día y sufren angustiosamente por ese examen que deben cumplir con afán. Como la llegada a las más altas posiciones de poder es una exigencia de logros, cumplir con prisa y con eficiencia las demandas del puesto es una brava tarea que se hace con el mínimo de información necesaria para las decisiones trascendentales. Las tensiones derivadas de este proceso suelen crear complicaciones desde la oficina hasta la familia.

En el mismo folleto sugerí el experimento realizado por el gobierno de Samper, cuando reunió a los miembros principales y suplentes de todas las juntas directivas de las empresas del sector eléctrico: este fue un paso adelante en la comprensión y fortalecimiento de las políticas del gobierno central y ahorró muchas interpretaciones diferentes en los procedimientos de control.

Ahí, en la designación, inducción y manejo de las juntas directivas del Gobierno, radica una de las mejores oportunidades para iniciar el cumplimiento de los mecanismos de anticorrupción. Y debe empezar ya.