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FMI ACUERDA RESCATE A BRASIL

El Fondo Monetario Internacional (FMI) acordó entregar un paquete de rescate financiero por US$30.000 millones a Brasil, destinado a restaurar la confianza de los inversionistas en esta atribulada nación.

08 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) acordó entregar un paquete de rescate financiero por US$30.000 millones a Brasil, destinado a restaurar la confianza de los inversionistas en esta atribulada nación.

El préstamo tiene la intención de aislar las vulnerables finanzas brasileñas de la incertidumbre que rodea a las próximas elecciones presidenciales de octubre, en donde dos candidatos del ala izquierda están a la cabeza de las encuestas, lo que ha conmovido a los mercados financieros.

Pero también representa un importante giro en el gobierno de George W. Bush, que antes había promovido una actitud de amor severo hacia los países deudores, y había rehusado apoyar cualquier paquete de ayuda del FMI, después del desplome de Argentina de fines del año pasado.

El punto de vista del gobierno estadounidense ha cambiado significativamente en las últimas semanas, culminando con el apoyo al rescate de ayer.

Algunos analistas especulan que el gobierno de Bush finalmente cedió a la creciente presión de los banqueros estadounidenses, que argumentaban que una cesación de pagos de Brasil podría resultar devastadora para las economías de Latinoamérica, y desataría más problemas en la región.

En un tiempo en que la conmoción en los mercados bursátiles estadounidenses está amenazando la recuperación económica que Bush tanto ansía, la Casa Blanca parece menos proclive a asumir el riesgo de un colapso en Latinoamérica que se repetiría a lo largo de la región alcanzando al propio Estados Unidos.

De hecho, el acuerdo de Brasil es la evidencia más significativa hasta la fecha de que el gobierno de Bush, que llegó al poder insistiendo en que los grandes rescates financieros estimularían gobiernos irresponsables, está ahora dando la bienvenida a ese tipo de préstamos de emergencia como una de las pocas herramientas con que cuenta para lidiar con los problemas en los países emergentes.

Esta semana, el gobierno de Bush se ha movido en varios frentes para tranquilizar a los latinoamericanos diciéndoles que de hecho son una prioridad de su política exterior.

Hace dos días, Bush firmó una importante ley de comercio que los funcionarios de su administración planean usar para negociar el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas. El fast-track extiende beneficios comerciales a las naciones de la región andina y facilita las negociaciones para un acuerdo de libre comercio con Chile.

Y, la semana pasada, el Departamento del Tesoro anunció de manera notoria su apoyo entusiasta para un nueva ayuda financiera del FMI para Uruguay.

EE.UU. ha sido más duro con Argentina, que está inmersa en una terrible crisis económica y en medio de difíciles negociaciones con el FMI para refinanciar alrededor de US$10.000 millones de su deuda. Debido al fracaso de otros planes económicos en ese país, el FMI y los funcionarios estadounidenses toman con reparos las promesas del gobierno argentino de disciplina fiscal. Pero aun en Argentina, el secretario del Tesoro, Paul Oi Neill, en un visita que terminó ayer, dio algunas palabras de aliento sobre el futuro del paquete de ayuda del FMI.

Según el nuevo acuerdo del FMI con Brasil, los brasileños podrían tomar US$6.000 millones cuando el directorio de la entidad apruebe el crédito, probablemente antes a las elecciones de octubre. El resto del dinero estaría disponible cuando el próximo presidente asuma, en enero, si asegura seguir con la política económica trazada por el presidente Fernando Henrique Cardoso, que es apoyada por el FMI.

El paquete daría tranquilidad a los mercados financieros sin importar los compromisos que asuman los candidatos , dijo un funcionario involucrado en las negociaciones.

Los funcionarios del FMI esperan que el anuncio estabilice el real, que ha sido golpeado por las preocupaciones por las elecciones así como por las dudas de que Brasil pueda pagar su deuda pública de US$256.000 millones.