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NI REVOCATORIAS, NI UNICAMERALISMO

Colombia debe tener confianza , respondió Alvaro Uribe Vélez momentos antes de asumir la Presidencia, cuando Sergio Fajardo le preguntó cómo quisiera ver al país en el 2006. Es la clave , asintió a renglón seguido el subdirector de El Colombiano. De acuerdo. Sin la recuperación de la confianza no hay porvenir. Y la confianza solo nos la puede devolver la conquista de la seguridad, ese valor fundamento del orden jurídico que el nuevo Presidente colocó en el centro de su programa de gobierno. Creo, sin embargo, que las anunciadas propuestas de abandonar nuestra tradición bicameral y de anticipar las elecciones del Congreso recién estrenado van en sentido contrario de tan justo anhelo.

09 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Colombia debe tener confianza , respondió Alvaro Uribe Vélez momentos antes de asumir la Presidencia, cuando Sergio Fajardo le preguntó cómo quisiera ver al país en el 2006. Es la clave , asintió a renglón seguido el subdirector de El Colombiano. De acuerdo. Sin la recuperación de la confianza no hay porvenir. Y la confianza solo nos la puede devolver la conquista de la seguridad, ese valor fundamento del orden jurídico que el nuevo Presidente colocó en el centro de su programa de gobierno. Creo, sin embargo, que las anunciadas propuestas de abandonar nuestra tradición bicameral y de anticipar las elecciones del Congreso recién estrenado van en sentido contrario de tan justo anhelo.

Ninguna de esas medidas aparece de manera explícita como compromiso de Uribe en su Manifiesto Democrático, una advertencia necesaria, ya que se ha sugerido que estaríamos aquí frente a promesas de campaña. En el punto 20 del Manifiesto, Uribe reiteró ser partidario de una sola Cámara, pero señaló que muchos de quienes lo acompañaban favorecían el bicameralismo.

Dejaba así el tema abierto en sus propias filas. El Manifiesto no contiene una sola referencia a la disolución anticipada del Congreso, aunque en varias entrevistas indicó que esa era su preferencia. Habría que advertir también que Uribe se opuso a las revocatorias del Congreso y del Ejecutivo, tras la crisis desatada por la propuesta del referendo del presidente Pastrana en el 2000 ( Uribe Vélez rechaza revocatorias , EL TIEMPO, 22/5/00).

Aun si se aceptara que estas fueron promesas de campaña en las que el Presidente se encuentra empeñado, ello no quiere decir que sean buenas ideas, ni que el Congreso esté obligado a aprobarlas, ni que los colombianos tengamos que refrendarlas.

Abundan las razones en defensa del bicameralismo tanto desde la perspectiva del constitucionalismo liberal, como desde nuestra propia historia , analizadas con anterioridad en estas columnas. Salomón Kalmanovitz ha subrayado, entre sus muchos beneficios, los de enfriar las pasiones políticas en los debates, favorecer la mejor calidad de las leyes, asegurar fuentes diversas de representación y evitar las dictaduras legislativas. La experiencia histórica de otros países latinoamericanos con el unicameralismo, recuerda Kalmanovitz, no es muy alentadora: en el Ecuador, el sistema unicameral tumbó dos presidentes, cambió a dos juntas directivas del Banco Central, sumió al país en el caos político, condujo a la hiperinflación, y hubo que renunciar a su moneda nacional .

Según el ex presidente Alfonso López Michelsen, adoptar el sistema unicameral sería mucho más traumático que la simple revocatoria . La revocatoria de suyo plantea un trauma institucional de muy serias dimensiones, quizá insospechadas. Tal medida, en el pasado, como lo recordó en reciente editorial EL TIEMPO, no fue ninguna panacea . Puede ser, en cambio, una receta desastrosa. Por su misma naturaleza, las elecciones introducen elementos de precariedad en el orden público. Otras elecciones anticipadas solo servirían entonces para debilitar aún más un orden ya frágil. Su solo anuncio envía señales equívocas a la comunidad internacional, alimenta climas de incertidumbre jurídica y puede contribuir a la desestabilización económica. El presidente Uribe tendría que recordar sus propios argumentos cuando se opuso a las revocatorias en mayo del 2000: se afectaría la gobernabilidad y habría mucha inestabilidad legislativa .

El debate sobre el Congreso tiende a estar particularmente dominado por ese lenguaje absolutista y deslegitimador con que se analiza nuestra política. Y por diagnósticos que solo aceptarían supuestas transformaciones estructurales, enemigas casi siempre del verdadero reformismo- menos pomposo pero más efectivo y duradero- . Con frecuencia, en el pasado se ha confundido así la tarea de gobernar con la de querer transformar las instituciones. Yo no creo en la constitucionalitis , le expresó Alvaro Uribe durante la campaña al periodista Oscar Collazos. La idea de que cada vez que hay un problema hay que reformar la Constitución es una idea equivocada... Eso hay que superarlo ( El poder para quién?, Aguilar, 2001, página 275). Se superará acaso con este otro revolcón institucional que se nos propone?.

Ni el unicameralismo, ni la revocatoria parecen medidas adecuadas para remediar los males del Congreso y la política. Estas propuestas desvían, en cambio, la atención del debate y provocan innecesarios conflictos en el seno del Estado, desgastadores del ejercicio de la autoridad. Y, por encima de todo, contradicen ese mensaje que el presidente Uribe ha sabido transmitirle a una nación esperanzada en su mandato y sobre el que es necesario insistir: Colombia debe tener confianza .