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ANOTACIONES SOBRE EL DISCURSO

Sin duda que el acto de posesión del Presidente de la República de Colombia es solemne y trascendental para el nuestro país, al igual que la intervención del mandatario luego del jurar cumplir la Constitución y la Ley. La ceremonia del miércoles que ungió a Alvaro Uribe Vélez como presidente de Colombia 2002-2006 no podía ser menos, pese a los actos terroristas que buscaban opcar una fecha de tanta importancia para los destinos nacionales. Esta es una muestra contundente de la solidez de nuestra democracia.

09 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Sin duda que el acto de posesión del Presidente de la República de Colombia es solemne y trascendental para el nuestro país, al igual que la intervención del mandatario luego del jurar cumplir la Constitución y la Ley. La ceremonia del miércoles que ungió a Alvaro Uribe Vélez como presidente de Colombia 2002-2006 no podía ser menos, pese a los actos terroristas que buscaban opcar una fecha de tanta importancia para los destinos nacionales. Esta es una muestra contundente de la solidez de nuestra democracia.

Los colombianos estamos acostumbrados a que el discurso del primer mandatario que inicia su gobierno sea una pieza inspiradora de la ruta y de la visión que nos guiará en el futuro. Y en el caso de Uribe Vélez, por los planteamientos de campaña y el triunfo obtenido, las expectativas eran especiales, a lo mejor sobredimensionadas, pues la realidad es que solo desde este 7 de agosto asumía la jefatura del Estado. Y a decir verdad, a los colombianos nos quedó la sensación de que faltó algo en el discurso que nos llenara el corazón de optimismo para recorrer ese camino que guiará el Presidente de la República.

A lo mejor el propósito del primer mandatario era el de bajar las expectativas generadas luego de su elección en mayo, dentro de su idea reiterada de que los colombianos no debemos esperar milagros durante su mandato, sino solo trabajo y más trabajo. O quizá, esta semana arrancó un gobierno que habla poco y hace mucho, parco en las palabras y abundante en realizaciones. Solo queremos que sea así y que Dios lo ayude, pues la consciencia es generalizada de que no hay escenario alguno en el que a Uribe le vaya mal y al país bien.

Nos gustó la referencia histórica que hizo de Bolívar y Santander para defender el imperio de la ley, el orden y la autoridad, sobre la esclavitud de la violencia. De esa manera despejó cualquier duda sobre la continuidad de nuestra democracia y la garantía de los derechos ciudadanos.

Desafortundamente no podemos decir lo mismo en las referencias que hizo a la economía, en las que dejó la sensación de la carencia de un discurso estructurado que vaya más allá de los meros sacrificios que deben asumir los colombianos para enfrentar las evidentes dificultades fiscales. Su consideración de que el crecimiento de la economía llegará en medio del ajuste es muy discutida y faltó contundente en la estrategia oficial para enfrentar el fragelo social del desempleo que ha alcanzado niveles intolerables y peligrosos.

Y talvez donde se evidenció el mayor vacío de la intervención presidencial fue en el tema internacional, en el que solo hizo una referencia general a la globalización y una mayor a la comunidad andina. Dadas las condiciones especiales que vive nuestro país, la crisis de Latinoamérica y los reclamos cada día más abiertos de los países emergentes frente a muchas actitudes de los países adelantados, no parece bien que el mandatario haya pasado por alto estos asuntos.