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EXPERIENCIA ENRIQUECEDORA

A Glenda Ramírez aun se le eriza la piel al recordar el momento en que conoció al Papa.

09 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

A Glenda Ramírez aun se le eriza la piel al recordar el momento en que conoció al Papa.

Fue el 28 de julio pasado cuando un torrencial aguacero azotaba la ciudad canadiense de Toronto. Junto a Glenda, más de medio millón de jóvenes celebraba la vigilia de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud.

"El agua que los bañó es como un nuevo bautismo", les dijo el Papa a los cerca de 600 mil jóvenes que unidos en una sola voz gritaban de alegría bajo la lluvia.

Con Glenda estaban Liliana García y Mauricio Moreno. También peregrinos antioqueños que hicieron parte de la delegación colombiana en Toronto. Los tres llegaron a la conclusión de que esta experiencia es la más enriquecedora que han tenido en sus vidas.

En total, la delegación de Colombia la integraron 200 jóvenes, entre los que se encontraban muchachos de Medellín, Bogotá, Cali y el Chocó. Ellos compartieron alojamiento en el coliseo de un colegio de la ciudad canadiense con 400 personas más de México, Ecuador, Africa y España.

El encuentro comenzó el 18 de julio con una prejornada en la que fueron recibidos por familias canadienses. "Nosotros estuvimos en un pueblito en el campo que se llamaba Hainton. Ibamos prevenidos porque pensábamos que la gente de allá iba a ser muy fría, pero fue todo lo contrario. Nos llevaron a conocer lugares turísticos e íbamos a misa juntos, nos hicieron parte de sus familias", cuenta Liliana, mientras trata de recordar el apellido de su familia adoptiva.

Cinco días después se dio el inicio oficial del encuentro, con la llegada del Papa a Toronto.

Las jornadas diarias eran repartidas entre las catequesis, realizadas en la mañana en diferentes parroquias dependiendo del idioma. En las tardes, los jóvenes se reunían con las demás delegaciones del resto del mundo en actividades recreativas, lúdicas, artísticas y deportivas.

"Cuando nos encontrábamos con los muchachos de países muy lejanos, como los asiáticos, lo único que alcanzábamos a decir era hello y change, pues llevábamos cosas típicas de nuestro país que intercambiamos por artesanías de otros lugares del mundo. Yo me traje una gorra de un grupo juvenil japonés y escudos de Estados Unidos y Canadá, que cambié por unos llaveros de Medellín que llevaba", dice Glenda.

Ella trabaja en la parroquia San Luis Gonzaga de Bello y se ganó el viaje en una rifa que hizo su parroquia entre los integrantes del comité juvenil.

Aunque las jornadas para los miles de jóvenes fueron largas y extenuantes, no había espacio para el cansancio. "Hubo un momento en el que el Papa, en medio de un discurso en Francés dijoEl papa los quierei , y a nosotros se nos olvido si estaba haciendo frío o calor. Nada nos importaba cuando estabamos con él", comenta Mauricio, quien en la actualidad está por graduarse de odontólogo en la Universidad de Antioquia.

En la Eucaristía de clausura del encuentro, el Papa Juan Pablo II invitó a los 600 mil jóvenes a construir ladrillo a ladrillo la ciudad de Dios en medio de los hombres, llevando como consigna el lema de la jornada Jóvenes, sal y luz para el mundo .

"Jóvenes de sal, porque somos los encargados de darle a este mundo insípido, un poquito de gusto y de luz, porque tenemos la misión de iluminar el camino de los que vienen detrás de nosotros", explica Glenda.

FOTO.

Glenda Ramírez y Mauricio Molina hicieron parte del grupo de jóvenes que estuvo en Canadá.

Javier Agudelo / EL TIEMPO