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LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

Aunque se anuncia con bombos y platillos la devaluación del precio del dólar como una medida favorable para los exportadores, es necesario que también se miren las otras consecuencias (la otra cara de la moneda) de este fenómeno.

09 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Aunque se anuncia con bombos y platillos la devaluación del precio del dólar como una medida favorable para los exportadores, es necesario que también se miren las otras consecuencias (la otra cara de la moneda) de este fenómeno.

Colombia en la actualidad destina cerca del 40 por ciento de su presupuesto general para servir la deuda, es decir, para pagar anualmente las erogaciones que la deuda requiere. Lógicamente, el nivel de deuda va a subir por la devaluación, lo que necesariamente, dentro del presupuesto austero propuesto por el Gobierno, va a tener mucho mayor peso porcentual. En términos prácticos, esto va a llevar a que los salarios de los funcionarios públicos suban sólo el 2.5 por ciento y a que la inversión disminuya.

Es cierto que las exportaciones colombianas y la balanza de pagos van a mejorar. Pero a muchos parece habérseles olvidado que el petróleo va a ser la joya de la corona en el tema exportador -tal y como ha venido sucediendo en los últimos años-. Ese argumento según el cual los exportadores se van a favorecer y eso jalonará la economía, es falso. Las exportaciones colombianas, además de representar una mínima parte de todo el PIB, sólo favorecen a unos pocos. Además, es un sector que no solo depende de nosotros, sino que también depende de cómo se encuentren económicamente nuestros socios comerciales. Y ya algunos, comienzan a reventarse.

Ahora bien, hace unos meses salió una estadística según la cual los dineros producto de giros y remesas de los colombianos en el exterior hacia sus familias en el país, son mayores a las exportaciones tradicionales. Eso, llevará a que entre dinero, se reactive la economía y se suba la inflación. Por consiguiente la meta planteada por el Gobierno para el próximo año- y que es la que determinó el anunciado incremento salarial- puede estar subvaluada.

Por todo esto, es que hago un llamado a la prudencia, para que no nos vendan la falsas y utópica idea de que dicha devaluación va a ser la salvación a nuestros problemas más inmediatos.

Manuel Felipe García Ospina