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LA MAGIA DE LAS MATEMÁTICAS

Piense en un número entre 1 y 10. Multiplíquelos por dos. Súmele 5. Multiplique ese resultado por 50. Si este año ya pasó su cumpleaños, agréguele 1752; si no, súmele 1751. Ahora réstele el año de su nacimiento. El número resultante, de tres dígitos, está encabezado por el número en el que pensó al comienzo de este ejercicio, y le siguen los números que reflejan su edad.

12 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Piense en un número entre 1 y 10. Multiplíquelos por dos. Súmele 5. Multiplique ese resultado por 50. Si este año ya pasó su cumpleaños, agréguele 1752; si no, súmele 1751. Ahora réstele el año de su nacimiento. El número resultante, de tres dígitos, está encabezado por el número en el que pensó al comienzo de este ejercicio, y le siguen los números que reflejan su edad.

Qué hace posible lograr este curioso cálculo? La respuesta es a la vez sencilla y compleja: la magia de las matemáticas. La explicación técnica de cómo se construye el anterior ejercicio es hoy en día una forma de pedagogía que se está empleando con éxito en las naciones más avanzadas. Partiendo de la infinita -literalmente- cantidad de combinaciones aritméticas que producen resultados interesantes y divertidos, los mejores maestros han logrado que muchos alumnos no vean más a las matemáticas como el "coco", y a sus enseñantes como las "cuchillas".

Así pues, aprender matemáticas es cuestión de método. Lo primero que los buenos profesores hacen es abrirle la mente a sus alumnos, ampliar su disposición a recibir y procesar los conceptos. Para eso nada mejor que un juego. En lugar de la tradicional cátedra magistral que lanza ideas y demanda repeticiones y operaciones mecánicas, se impone la seducción de la imaginación.

No hay alumnos malos (salvo muy contadas excepciones). Lo que hay son profesores que usan métodos poco apropiados. O malos profesores, a pesar de que usen buenas herramientas didácticas. Por las fallas de los docentes y/o sus metodologías, las matemáticas siguen siendo una pesadilla para la mayoría de los niños y jóvenes de nuestro país.

Hacemos esta reflexión sobre las matemáticas porque los resultados de las evaluaciones de los estudiantes colombianos, comparados en una amplia muestra internacional (Estudio TIMSS), son pésimos. Nuestro país necesita bachilleres, técnicos y profesionales con sólida formación en el manejo de números. Son muchos los campos del quehacer nacional que exigen personas con capacidad para las matemáticas. E incluso para aquellos que nos van a utilizar, su comprensión es una forma de desarrollo del pensamiento que les habrá de servir en sus áreas de interés.

Einstein afirmó que las matemáticas son el lenguaje de Dios. Su genial Teoría de la Relatividad es muy compleja, pero se fundamenta en una expresión sencilla (E = MC2). Ojalá más niños y adolescentes colombianos pudieran descubrir el elegante y fascinante universo de los números.