Archivo

QUERIDO JOE...

El 28 de junio pasado, Kenneth Rogoff, consejero económico y director de Investigación del Fondo Monetario Internacional se reunió con un grupo de personas en la sede del Banco Mundial para comentar el libro del premio Nobel de Economía 2001 y ex economista jefe del Banco Mundial (1997-2000), Joseph Stiglitz, El malestar en la globalización (Bogotá: Taurus. 2002; original en inglés, Globalization and Its Discontents, New York: W.W. Norton & Company, 2002). Cuatro días después, como nadie parecía poner cuidado a los argumentos del Fondo, expresados a juicio del semanario The Economist en tono moderado y cortés, Rogoff cambió el tono en esta carta abierta a Stiglitz.

12 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

El 28 de junio pasado, Kenneth Rogoff, consejero económico y director de Investigación del Fondo Monetario Internacional se reunió con un grupo de personas en la sede del Banco Mundial para comentar el libro del premio Nobel de Economía 2001 y ex economista jefe del Banco Mundial (1997-2000), Joseph Stiglitz, El malestar en la globalización (Bogotá: Taurus. 2002; original en inglés, Globalization and Its Discontents, New York: W.W. Norton & Company, 2002). Cuatro días después, como nadie parecía poner cuidado a los argumentos del Fondo, expresados a juicio del semanario The Economist en tono moderado y cortés, Rogoff cambió el tono en esta carta abierta a Stiglitz.

Te mirábamos con reverencia.

Querido Joe:.

Como tú, vine a mi posición en Washington de los claustros de una posición vitalicia en lo más alto de una universidad estadounidense. Como tú, vine por mi interés. Distinto a ti, me postro ante el personal del equipo del Banco Mundial y del FMI con el que me reúno cada día. Me reúno con personas que están profundamente comprometidas con llevar crecimiento al mundo en desarrollo y con mitigar la pobreza. Me reúno con magníficos profesionales que con frecuencia trabajan 80 horas a la semana, que padecen largas separaciones de sus familias. Personas del Fondo han recibido disparos en Bosnia, soportado durante semanas sin calefacción el brutal invierno de Tayikistán, y contraído mortales enfermedades tropicales en Africa. Esa gente es brillante, activa e imaginativa. Su dedicación me doblega, pero en tus discursos, en tu libro, te sientes libre de denigrar de ellos a la ligera.

Joe, quizá no te acuerdes de esto, pero a finales de los 80, una vez disfruté el privilegio de estar en la oficina junto a la tuya durante un semestre. Nosotros, todos los jóvenes economistas te mirábamos con reverencia. Una de mis anécdotas favoritas de esa época es un almuerzo contigo y nuestro antiguo compañero Carl Shapiro, en el cual ustedes dos comenzaron a discutir si Paul Volcker merecía tu voto para un nombramiento vitalicio en Princeton. En algún momento, volviste hacia mí y dijiste: "Ken, trabajaste para Volcker en la Fed. Dime, él es verdaderamente inteligente?" Respondí algo así como:"Bueno el podría ser el más grande jefe de la Reserva Federal en el siglo XX" a lo cual tu respondiste, es inteligente como nosotros?No estaba seguro de cómo tomar eso, porque al decirlo mirabas a Carl, no a mí.

Mi razón para contar esta historia es doble. Primero, posiblemente el personal del Fondo que tú una vez etiquetabas como detercera categoríai y supongo que también incluías al personal del Banco Mundial en ese juicio se sentirá mejor al saber que están en la misma categoría del gran Paul Volcker. Segundo, la historia es emblemática de la suma autoconfianza que trajiste contigo a Washington, donde fuiste confrontado con los problemas políticos con tan solo un poco más de dificultad que algo en nuestros modelos matemáticos. Esa confianza se rebosa en tu nuevo libro de 282 páginas. Por cierto, no pude detectar un solo ejemplo en el cual tú, Joe Stiglitz, admitas haber estado aunque sea ligeramente equivocado sobre un problema mundial real y mayor. Cuando la economía de Estados Unidos estuvo en auge en los 90 tú tomaste algún crédito. Pero cuando algo anda mal, es porque mortales menores como Greenspan, jefe de la Reserva Federal, o Rubin, entonces secretario del Tesoro, no escucharon tu consejo.

Cuentos viejos.

Permíteme tocar tres puntos. Primero, hay varias ideas y lecciones en tu libro con las cuales nosotros en el Fondo estamos generalmente de acuerdo, si bien la mayoría son cuento viejo . Por ejemplo, estamos completamente de acuerdo en que se necesita un dramático cambio en la manera como manejamos situaciones en las que hay países que van a la quiebra. La primera directora adjunta del FMI, Anne Krueger a quien pintas como una villana por sus esfuerzos en los 80 de promover la liberalización comercial en la política del Banco Mundial ha defendido vigorosamente una propuesta del FMI de largo alcance. En nuestro panel del Foro Económico Mundial en febrero, criticaste agudamente toda la idea. Aquí, sin embargo, ahora quieres tomarte el crédito de haber sido el primero en avanzar en ella. Tu libro es extenso en insinuaciones y corto en precisiones. Puedes probar esta pretensión en particular?.

Segundo, adelantas unos apuntes de por qué crees que el FMI puede mejorar radicalmente sus sugerencias de política macroeconómica. Tus ideas son, en el mejor de los casos, altamente controversiales, en el peor,veneno de víborai . Esto lleva a mi tercer y más importante punto. En tu papel de economista jefe del Banco Mundial decidiste llegar a ser lo que tu vez como un heroico abucheador, vociferando contra las políticas macroeconómicas adoptadas durante la crisis asiática de los 90, que tú crees que fue mal dirigida. Estabas ciento por ciento seguro de ti mismo, ciento por ciento seguro de que tus políticas eran absolutamente las correctas. En medio de una ola global de ataques especulativos, que tu mismo calificaste dede confianzaatizaste el pánico al socavar la confianza en las instituciones para las cuales tú trabajabas. En algún momento se te ocurrió que tus acciones podrían perjudicar a la gente pobre y en la indigencia en Asia que tanto te preocupa? Te has desvelado alguna noche pensando que talvez Alan Greenspan, Larry Summers, Bob Rubin y Stan Fischer estaban en lo correcto y que tus acciones impulsivas pudieron haber profundizado la depresión o atrasado, así fuera por un día, la recuperación que ahora vemos en Asia?.

Miremos las recetasstiglitzianasi para ayudar a un angustiado deudor emergente; las ideas que planteas como superiores a la práctica existente. Los gobiernos típicamente vienen al FMI por asistencia financiera cuando están teniendo problemas para encontrar compradores para su deuda y cuando el valor de sus monedas está cayendo. La recetastiglitzianai es aumentar los déficit fiscales, que es emitir más deuda e imprimir más dinero. Parece que crees que si un gobierno afligido emite más circulante sus ciudadanos pensarán de repente que éste vale más. Parece que crees que cuando los inversionistas no quieren poseer más deuda de un gobierno, todo lo que se necesita hacer es aumentar la oferta y ésta se venderá como galletas calientes. Nosotros en el FMI o mejor, nosotros en el planeta Tierra tenemos considerable experiencia sugiriendo otra cosa. Nosotros los terrícolas hemos encontrado que cuando un país con angustia fiscal trata de escapar mediante la impresión de más plata la inflación crece, a menudo sin control. La inflación incontrolable estrangula el crecimiento, lastimando a toda la población, pero, especialmente, a los desposeídos. Las leyes de la economía pueden ser distintas en tu parte del cuadrante gamma, pero por aquí hemos encontrado que cuando un gobierno casi en bancarrota falla en constreñir creíblemente el perfil temporal de su déficit fiscal, las cosas generalmente empeoran en vez de mejorar.

Economia vudú.

Joe, a través de tu libro condenas al FMI porque dondequiera que está, los países están en problemas. No es esto como decir que dondequiera que hay epidemias uno tiende a encontrar más médicos?.

Te cubres a ti mismo bajo el manto de John Maynard Keynes, diciendo que la meta de tus políticas es mantener el pleno empleo. Nosotros en el FMI nos preocupamos mucho por el empleo. Pero si un gobierno tiene que venir a nosotros, a menudo es justamente porque está en una posición insostenible, y no solo tenemos que mirar hacia los dos semanas siguientes, sino los dos próximos años y más allá. Creemos, ciertamente, en las lecciones de Keynes, pero en una forma moderna y matizada. Por ejemplo, la literatura macroeconómica posterior a 1975 a la cual, dices, nosotros somos sordos enfatiza en la importancia de las restricciones presupuestales a lo largo del tiempo. No es bueno acumular deuda con el FMI como una situación de muy corto plazo si esto hace que el futuro no tan distante drásticamente peor. A propósito, en evidente contradicción con tu afirmación, los programas del FMI frecuentemente permiten déficit, por cierto así fue en la crisis asiática. Si su medicina inicial fue equivocada, el FMI reaccionó, aprendiendo de sus errores, revirtiendo el curso rápidamente.

No, en vez de Keynes, cubriría tus teorías bajo el manto de Arthur Laffer y otros exponentes extremos de la economía del lado de la oferta, del estilo Reagan de los 80. Laffer creía que si el gobierno tan sólo bajaba de los impuestos, la gente trabajaría más duro y los ingresos totales del gobierno aumentarían. La teoría Stiglitz-Laffer para el manejo de crisis mantiene que los países no se tienen que preocupar por la expansión de los déficit, y en consecuencia aumentarán la capacidad del servicio de su deuda más que proporcionalmente. Alguna vez George Bush padre llamó a estas ideas economía vudú . Estaba en lo correcto. Aceptaré, Joe, que la política económica para el mundo real es complicada, y sólo quizá la investigación futura probará que acertaste en algo. Pero lo que realmente me confunde es cómo puedes estar tan seguro de que están ciento por ciento en lo correcto, tan seguro que fuiste capaz de abuchear en medio de la crisis, burlándose de los socorristas mientras ellos atendían los heridos. Joe, los artículos académicos que están publicando las principales revistas apoyan crecientemente las políticas del ex primer director adjunto Stan Fischer y del FMI que tú saboteaste ignominiosamente desde tu posición del Banco Mundial. Alguna vez pensante que sólo tal vez Joe Stiglitz podía haber cometido un error? Que, sólo tal vez, tú fueras parte del problema y no parte de la solución?.

La sordera del FMI.

Dijiste que el FMI es sordo y nunca escucha a sus críticos. Sé que eso no es cierto, porque en mis años académicos fui uno de docenas de críticos que el FMI se doblaba al revés para escucharlos. Por ejemplo, durante los 80 yo estaba escribiendo artículos entonces heréticos sobre el problema moral del azar en los préstamos del FMI y el Banco Mundial, un asunto que tuvo eco una década después en el informe Meltzer. Acalló el FMI mis visiones como potencialmente subversivas para sus intereses? No, el FMI insistió en publicar mi trabajo en su publicación bandera de investigación Staff Papers. Más tarde, en los 90, Stan Fischer me invitó dos veces a discutir mis puntos de vista sobre tasas de cambio fijas y mercados abiertos de capital (yo advertí sobre riesgos severos). Al final Stan y yo no nos pusimos de acuerdo en todo, pero diré que habiendo entrado a su oficina 99 por ciento seguro de que estaba en lo correcto, quedé un poco vencido por lo complejo de la estabilización de precios en países con alta inflación. Si tú sólo hubieras cruzado la Calle 19 del Banco al Fondo con un poco de más frecuencia, Joe, tal vez las cosas hubieran sido distintas.

No tengo tiempo aquí para hacer justicia con algunas de tus otras excéntricas recetas de política, pero déjame decir esto sobre los países en transición. Acusas al FMI de haber perdido a Rusia . Tu análisis de la transición en Rusia se lee como un artículo en el cual un teórico se abstrae de todos los problemas más grandes y se enfoca sólo en un par que puede manejar. Descuidas por completo el hecho de que cuando el FMI entró a Rusia, el país no solo estaba en el medio de una crisis económica sino en el medio de una crisis social y política.

Fundamentalista del Estado.

A lo largo de tu libro, trasluces una creencia imparable en la penetrabilidad de las fallas del mercado, y una convicción inquebrantable de que los gobiernos pueden y harán las cosas mejor. Nos llamas"fundamentalistas del mercado" No creemos que los mercados son siempre perfectos, como tú acusas. Pero creemos que hay muchos ejemplos de fallas del gobierno y que en el mundo en desarrollo, la falla del gobierno es un problema mucho mayor que las fallas del mercado.

Tanto el presidente del Banco Mundial, Jim Wolfensohn, como el director gerente del FMI, Horst Khan apuntado frecuentemente la importancia fundamental de la gobernabilidad y las instituciones en el desarrollo. De nuevo tus medicinas alternativas involucrar más que nunca la intervención del gobierno son altamente dudosas en muchos de los parajes del mundo real.

No tengo tiempo, Joe, de revisar todos los hechos de tu libro, pero tengo algunas dudas. En la página 112 muestras a Larry Summers (entonces secretario del Tesoro adjunto de Estados Unidos) pegándole una vaciada al ex vicepresidente del Banco Mundial Jean-Michel Severino. Pero, Joe, esos dos nunca se reunieron. Cuántas conversaciones de las que informas nunca sucedieron? Das un ejemplo en el que un informe del FMI fue divulgado antes de la visita al país. Joe, esto no sucedió. Me gustaría ver las pruebas.

En la página 208 calumnias al ex número dos del FMI Stan Fischer dando a entender que el Citibank le hizo una oferta de trabajo en retribución a su cooperación en renegociaciones de deuda. Joe, Stan Fischer es bien conocido como una persona de impecable integridad. De todas estas inferencias e insinuaciones falsas, esta es la más ultrajante. Te sugiero sacar este libro de los estantes hasta que esta injuria sea corregida.

Joe, como académico eres un genio encumbrado. Como tu compañero ganador del Premio Nobel John Nash tienes una mente bella . Como hacedor de políticas, sin embargo, fuiste sólo un poco menos impresionante.

Con excepción de lo comentado, pensaría que es un libro bastante bueno.

Sinceramente,