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NUEVA YORK CONTRA HOLLYWOOD

Aunque nadie cuestiona la importancia del Oscar para la industria del cine, sus organizadores buscan nuevas formas de ganarse a una audiencia en declive, mareando la estatuilla con cambios de fecha e incluso de ubicación.

13 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Aunque nadie cuestiona la importancia del Oscar para la industria del cine, sus organizadores buscan nuevas formas de ganarse a una audiencia en declive, mareando la estatuilla con cambios de fecha e incluso de ubicación.

Primero fue la decisión de cambiar la popular ceremonia de su fecha habitual, a finales de marzo, al 29 de febrero, una innovación experimental que tendrá lugar en el 2004.

Ahora le toca el turno a su sede. Un emblema tan popular de Los Angeles como es el Oscar, cuyo brillo resume el esplendor de Hollywood, puede estar haciendo las maletas para mudarse, en parte y de manera excepcional, a Nueva York.

La decisión de acortar el plazo entre el anuncio de las candidaturas y la entrega de los Oscar puede estar influenciada por las recientes críticas a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas ante la guerra sucia existente entre los estudios durante sus campañas para conseguir el preciado galardón.

Un recorte del plazo disminuirá, en teoría, el dinero invertido en la campaña, además de dejar menos tiempo para que otras entregas de premio roben el protagonismo a los Oscar. El tema de la sede, sobre el papel, está vinculado a los recientes atentados terroristas sufridos en Nueva York y el deseo de esa ciudad estadounidense de reconstruir su renombre y fama, especialmente en cuanto a turismo se refiere.

Estados Unidos no sería Estados Unidos sin Nueva York y la industria del cine no sería la misma sin Nueva York , reconoció Frank Pierson a la prensa tras ser recientemente reelegido como presidente de la Academia de Hollywood.

La idea, que fue sugerida inicialmente por el realizador Martin Scorsese y el presidente de Miramax, Harvey Weinstein, ha sido secundada ahora por figuras políticas como el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, y el gobernador del estado, George Pataki, además de otras estrellas neoyorquinas como Spike Lee y Robert DeNiro.

El deseo es relanzar Nueva York para convertirla en el centro de cualquier gran ceremonia, ya sea cultural- como la entrega de los Grammy musicales- o política, con la esperanza de convencer a demócratas o republicanos de que celebren allí York sus futuras convenciones electorales.

Sin embargo, para la Academia se trata de nuevas formas de relanzar la popularidad de esta entrega de premios, que es televisada a todo el mundo pero que, en su última edición, contó con los niveles más bajos de audiencia de los últimos años.

La larga duración de la entrega de los Oscar, la ausencia de frescura en su realización y la competencia con otros premios que han proliferado a su sombra son algunas de las razones que se han dado en los últimos años como explicación a una continua caída de la audiencia de esta ceremonia.

Por ello la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood parece dispuesta a considerar cambios en esta institución, que esta edición cumple 75 años, incluso si ello supone ceder una posesión tan preciada para Hollywood como el Oscar.

Como recordó el grupo neoyorquino en su propuesta, la celebración de al menos una parte de la ceremonia en Nueva York podría ayudar en los índices de audiencia, pues ofrecería al público el actor novedad .

De todos modos, no sería totalmente novedoso, dado que en la década de los 50 se celebraron diferentes ceremonias en las que incluso se llegaron a entregar algunos de los galardones en la Gran Manzana.

Lo que no se discute, en cualquier caso, es la mudanza de la totalidad de la ceremonia a Nueva York, como indicó Pierson, por razones económicas, por obligaciones contractuales y- sobre todo- porque esto es Hollywood .