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UN MAL REMEDIO

Pensé que con la salida de Alvaro Fina descansaríamos el fútbol y yo, pero me equivoqué. Las cortas vacaciones, que aún no habían comenzado, murieron de un infarto cuando llamé al periódico y Gabriel Meluk me contó: Gabriel Camargo, propietario del Deportes Tolima, será el nuevo presidente de la Federación Colombiana de Fútbol .

15 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Pensé que con la salida de Alvaro Fina descansaríamos el fútbol y yo, pero me equivoqué. Las cortas vacaciones, que aún no habían comenzado, murieron de un infarto cuando llamé al periódico y Gabriel Meluk me contó: Gabriel Camargo, propietario del Deportes Tolima, será el nuevo presidente de la Federación Colombiana de Fútbol .

Aclaro, entonces, lo que significa para mí la llegada de Camargo a la Federación: nada bueno. Nada más allá de seguir por el mismo camino escaso de ideas, pobre en resultados y cargado de vicios. Y aclaro más: a Camargo lo eligieron Efraín Pachón, distinguido por su caballerosidad y ética, y los votos que iban para Fina. Es decir, Camargo es un Fina disfrazado.

Y sigo aclarando. A Camargo, aquel que no hace mucho amenazó con no dejar que el Tolima jugara el campeonato alegando descalabros y tragedias económicas, lo apoya incondicionalmente Alvaro González Alzate, presidente de la Difútbol, para nuestra mala suerte, uno de los hombres con más poder en nuestro fútbol.

Si son cinco votos, pues se necesitan tres para ser presidente de la Federación. Y Camargo, aquel que tiene fama de tratar a los jugadores como a peones, el mismo que no ha dado resultados ni económicos ni deportivos con el Tolima, los tiene: dos de la Difútbol y uno de él. Basta.

Mis breves vacaciones fallecieron. Todo por una noticia que no podría ser peor. Y no es para menos. Cuando pensaba que con la salida de Fina habíamos dado un paso hacia adelante sucedió todo lo contrario. En vez de ganar, el fútbol perdió. Eso si sube Camargo.