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DEL TRES PATADAS A LOS AMARILLOS

Dicen las buenas y las malas lenguas que en Bogotá hay unos 70 mil taxis. Ambas pueden tener razón porque las estadísticas, aunque parezca mentira, no son confiables y porque en el meollo del asunto del servicio público circulan millares de vehículos piratas. Y para completar el desorden, ahora aparecieron los taxis blancos, una nueva modalidad de meterle más carros a un servicio que no los necesita y en calles donde no caben.

20 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Dicen las buenas y las malas lenguas que en Bogotá hay unos 70 mil taxis. Ambas pueden tener razón porque las estadísticas, aunque parezca mentira, no son confiables y porque en el meollo del asunto del servicio público circulan millares de vehículos piratas. Y para completar el desorden, ahora aparecieron los taxis blancos, una nueva modalidad de meterle más carros a un servicio que no los necesita y en calles donde no caben.

En cambio, en 1929, cuando salieron a trabajar los primeros 20 taxis, fueron saludados con bombos y platillos y calificados como un gran avance en la modernización de Bogotá. Pero detrás del nacimiento del servicio de transporte público motorizado formal, hubo dos simpáticas y curiosas historias que no solamente reseñan los anales de los taxis, sino también de las zorras modernas .

En 1916, Gustavo Pradilla Herrera, reputado comerciante de Bogotá, obtuvo para su negocio, G. Pradilla y Cía., la representación de Ford para la capital, Cundinamarca, Boyacá, Tolima y Antioquia. También comerciaba con los camiones Mack, cuyo concesionario Praco, que aún existe, es el distribuidor más antiguo de esa marca en el mundo, desde 1923.

Pradilla vendía unos 20 Ford mensuales en todo el país, del modelo conocido como el Tres Patadas o Ford T, que Henry Ford hizo famoso pues comenzó vendiéndolos a 850 dólares en 1909 y terminó ofreciendo un modelo idéntico, en 1928, a 290 dólares, en un buen ejemplo de economía de escala y eficiencia de la fabricación. Ford hizo más de 8 millones de Tres Patadas en esa época, una cifra inverosímil aún en estos días. Estos logros lo colocan como el gran adalid de la industria mundial del automóvil.

En el año 26, Colombia despertaba a los avances del mundo industrializado y sus venas respiraban dinámica, menos la arteria del río Magdalena, que tuvo una tremenda sequía que paralizó el tráfico fluvial. Esta era la única comunicación de la costa con el interior y, por lo tanto, toda la mercancía pesada se quedó varada en Barranquilla y estaciones de carga vecinas.

Las aguas se demoraron seis meses en recuperar el calado para el paso de vapores y los envíos de los Ford se represaron. Fueron unos 120 carros acumulados que el mercado no pudo absorber cuando llegaron en masa, pues ya se sentían síntomas de la recesión mundial vecina.

Antonio María Pradilla, hijo del fundador de Praco, en una inteligente jugada, se ingenió el negocio del servicio público y tomó 20 de esos carros para poner en marcha la primera flota de taxis. El servicio fue tan exitoso que en cuatro meses, los 120 Ford estaban trabajando en la plaza, según relata Oswaldo Duperly, en su libro Lo que se hereda no se hurta. Vistas las cosas retrospectivamente, es probable que en ese mismo momento se hubiera creado la sobreoferta de taxis.

Zorras último modelo.

En 1929 ya la crisis era inminente y la recesión que estalló en 1930 en el mundo tuvo hondas repercusiones en el país por lo cual Pradilla resolvió entregar la concesión de Ford. Pero para poder liquidar los inventarios de repuestos que tenía y que resultaban indispensables para que funcionaran los taxis, porque los carros eran muy frágiles y acá no había ningún tipo de soporte, usó todos los ejes y ruedas disponibles para otros vehículos, las famosas zorras Pitts .

En Bogotá había muchas zorras y hasta el tranvía era halado por mulas, pero éstas tenían ruedas de hierro que rompían las calles y dañaban los pocos metros de pavimento y adoquines que existían. Las nuevas zorras, cuyas ruedas eran de caucho e inflables, iban montadas en balineras y usaban resortes muy modernos, fueron vistas también como una gran evolución tecnológica para los acarreos y para mover gente.

Posteriormente, cuando se repusieron la economía y los negocios, muchas zorras se desarmaron y las piezas volvieron a los autos. Pero ya existía el siguiente modelo de Ford, el A , que representaba un gran avance con respecto al Tres Patadas y obtuvo las preferencias de los clientes.

La historia reciente.

Desde ese momento hasta hoy, la flota de taxis no ha parado de crecer, aunque su fisonomía es muy diferente. Hasta los años 70, los taxis siempre fueron pesados carros americanos y hubo una invasión muy comentada en 1960, cuando llegaron Dodge, Plymouth, Ford, Chevrolet y otras marcas de Estados Unidos. Todavía se ven algunos sobrevivientes. Para que no los usaran como particulares, en el tablero metálico iba taladrada la palabra taxi .

Luego hubo algunos taxis europeos que hicieron historia porque eran pequeños y económicos, pero también porque nunca dieron la talla. Tampoco sobreaguó el Checker, que fue concebido como el taxi ideal para Nueva York, pues lo armaron poniendo lo mejor de cada marca americana.

Poco a poco, el taxi bogotano - como el automóvil- se plastificó pero así mismo, se masificó como herramienta de subsistencia, a tal punto que el Chevette fue escogido como el carro colombiano del siglo por los lectores de MOTOR.

Hoy, los coreanos dominan las cifras de ese mercado en el cual - por fin- se está gestando la primera revolución tecnológica y futurista con la llegada de los motores Diesel pequeños y la preparación técnica de carros que tengan para el servicio de taxi, algo más que el color amarillo o blanco o menos improvisación que los célebres Tres Patadas .

FOTO.

ESTE ES EL Tres Patadas , el primer automóvil que se utilizó en el servicio de taxi en Bogotá.

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